| No hay mal que por bien no venga |
| Escrito por Omar Pérez |
| Miércoles, 30 de Noviembre de 2011 06:48 |
Ha sido deprimente, por decir lo menos, la escena del mandatario nacional abrazado a un joven a quien las autoridades universitarias
aplicaron una sanción por violar expresas disposiciones de su reglamento interno.Se trata de una intromisión insólita del Poder Ejecutivo contra normas de una institución autónoma, forjadora de juventudes, respetada nacional e internacionalmente por su tradición de lucha en la defensa de los valores fundamentales de la humanidad. La Universidad Central de Venezuela ha sido una casa de estudios, pero también una forja de científicos eminentes, juristas notables, políticos continentales. En ocasiones, como en el año 1928, los jóvenes de esa formidable generación dieron un ejemplo único de compañerismo y sacrificio al entregarse voluntariamente a las fuerzas policiales de la dictadura gomecista -más de 150- en solidaridad con tres de ellos y un poeta que participaron en una protesta contra aquel gobierno arbitrario y felón. Fueron sometidos a las más crueles torturas. Pero este hecho los consagró. La UCV ha sido siempre el gran termómetro de la vida democrática. Las luchas de los jóvenes universitarios han tenido siempre como norte reivindicar aspiraciones de la colectividad. Ellos han estado siempre a la cabeza de todas las manifestaciones por los derechos de la ciudadanía, la libertad, la justicia; de allí que al ver el ordinario procedimiento empleado por el gobernante para desacreditar a la institución en cadena nacional de televisión, un sentimiento de rabia contenida ha debido estremecer al país de uno a otro extremo. No es una forma idónea de gobernar y mucho menos de hacer proselitismo. Desconocer la sanción a un joven irrespetuoso y grosero por parte de las autoridades ucevistas no creo que le haya aportado más votos a su causa reeleccionista, sino avivado la hoguera de los sometidos a sus arbitrariedades y los desencantados para sacarlo a voto limpio del poder. Porque eso tiene la democracia: se equivoca, pero tiene la amplísima posibilidad de rescatar y remover la mala hierba. Cecilia García Arocha y su equipo rectoral, son un nuevo ejemplo para la historia venezolana. El odio y la maldad son malos consejeros. |
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