| Por un año nuevo 2026 más vivible |
| Escrito por Dr. Abraham Gómez | X: @fabrahamgr |
| Miércoles, 31 de Diciembre de 2025 00:00 |
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no obstante, tenemos que reconocer -con profunda tristeza- que una amplia proporción de la humanidad sigue inmersa en catástrofes y sufrimientos. Naturales o provocadas. El complejo transcurrir del 2025 ha sido de calamidades de todo tipo, hasta de las más inimaginables, en casi todas las regiones del mundo. En honor a la verdad, muchos países han salido airosos en las circunstancias difíciles o escabrosas que les tocó atravesar; paralelo a tal descripción muchas naciones han visto resquebrajadas sus respectivas economías, con las caóticas consecuencias que tales hechos conllevan. Se devela, también, las inocultables inequidades sociales; con lo cual se registra un índice desproporcionado de resultados adversos en comunidades empobrecidas, de bajos ingresos y minorías étnicas. Aunque hemos apreciado que algunos países - tenidos por desarrollados y con sistemas de salud, educación, servicios públicos en general y calidad de vida a toda prueba - han sufrido serios embates; porque, las crisis- cuando irrumpen- no hacen diferenciaciones de ningún tipo. El 31 de diciembre es una fecha simbólica, tal vez, que nos llena de sentimientos, recordatorios y bastantes nostalgias por la cantidad de eventos, vivencias y momentos. Seguramente usted comparte conmigo el hecho de que estamos obligados a metabolizar emocionalmente lo que nos sucede, para no arrastrar algún fatídico fardo en nuestros bagajes existenciales; para no llevarlo más allá; y mucho menos cuando nos preparamos, en sentido global, a recomponer nuestras vidas, a partir de una Oración elevada con fe ante el Padre celestial y a la Santísima Trinidad. Dispongámonos, para este nuevo año, a alzar la mirada y hacer resiliencia --sacar la mejor experiencia de lo acaecido-- con lo que nos perturbó. Estamos obligados, moralmente, a seguir adelante con paso firme y decidido. Reciban mi invitación para reflexionar sobre lo que ha sido este tiempo transcurrido para nosotros, sin quedar enganchados en sus zarzas. Hay que expurgar las espinas. Entresaquemos lo sobrante, lo inútil e inconveniente. Te convido a meditar, grandemente, cómo deseamos que sea el año entrante. En unos versos del poema Memoria y Olvido, de mi autoría, lo digo de esta manera:
“La vida tiene mucho de despedida, de alejamiento. Por eso cada instante hermoso, yo lo percibo como un eterno momento. Yo sigo pensando que la vida permanece por ahí… un poco escondida y a la deriva, un poco loca y un poco niña, pero siempre viva, aunque con el corazón deshecho, para algunos, y para otros la razón vacía”.
La condición humana no es un adminículo de moda para uso eventual y luego desechar a capricho. La voluntad de tejernos a la piel social y empatizar con el prójimo hay que estarlas haciendo a cada instante y por más que ejerzamos tales manifestaciones no se agotan; al contrario, se ensanchan. La práctica de la caridad “vive” en un constante devenir: siendo y haciéndose. Dónde encontrar, aunque sea un pedazo aprovechable de condición humana, puede llegar a preguntarse alguien. Diremos que ella aflora en múltiples ámbitos, responderemos. Allí, exactamente donde los seres humanos hacemos factibles nuestras existencias: la familia en su más amplia acepción, la escuela, la comunidad, las iglesias en sus distintas confesiones, en los espacios laborales. Además, a través de los medios de comunicación, las redes sociales y en la espontánea socialidad que nace en el transporte público; en fin, en la agregación vivencial. Si sabemos, que para el próximo año -como siempre- contaremos con la protección Divina y nos sentiremos amparados, de modo permanente, bajo el manto Sagrado de la Virgen, la determinación de nuestro futuro nos corresponde a nosotros inevitablemente. Un abrazo afectuoso de hermandad cristiana. Paz y Bien.
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