| Los mapas y la geopolítica del poder |
| Escrito por Claudio Briceño Monzón | @CabmClaudio |
| Miércoles, 11 de Marzo de 2026 05:13 |
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y hallan un complemento en los mapas o representaciones esquemáticas que desarrollan temas de geología, de climatología, de estadística… En efecto, la explicación geográfica de un ámbito se halla precisamente en esa relación. Aisladamente, los rasgos que componen la fisonomía de un país tienen el valor de un hecho; sólo adquieren el valor de noción científica si se los reinstala en el encadenamiento del que forman parte, único capaz de darles su significación. Para que ese encadenamiento se vuelva sensible es preciso esforzarse por reconstruir todos los eslabones de la cadena en la medida en que el estado de los conocimientos lo permita. Buscar en la geología y en el clima las claves del relieve y de la hidrografía, y en las condiciones físicas las razones de la repartición de los habitantes y de la posición de las ciudades no es una tarea superflua sino, por el contrario, una condición de claridad.”[1] Paul Vidal de La Blache
El posibilismo geográfico francés, cuya figura emblemática es Paul Vidal de La Blache, postula que un mapa político de un país es insuficiente por sí solo para su comprensión integral. Según esta corriente, es crucial complementarlo con mapas físicos y cartografía temáticas de otras disciplinas, que son esenciales para revelar las causas y las interconexiones que dan forma al territorio. Un mapa político, que muestra fronteras, divisiones administrativas, capitales; es útil, pero cobra más sentido cuando se mira junto a un mapa físico, que muestra relieve, ríos, costas; además ayuda a entender por qué las fronteras políticas están donde están, por ejemplo, un río puede ser una frontera natural. La verdadera comprensión de un área, su "explicación geográfica", no se encuentra en un solo mapa, sino en la interrelación entre todos estos diferentes tipos de cartas sobre los espacios. Es la combinación de la información lo que nos permite entender "por qué" las cosas son como son. Un rasgo geográfico aislado, como la presencia de una montaña o un río, es simplemente un "hecho". Sin embargo, para que ese hecho se convierta en una "noción científica" es decir, para que podamos entenderlo y explicarlo, debemos verlo como parte de un espacio mayor. Los mapas temáticos y físicos nos ayudan a ver cómo los hechos geográficos están conectados entre sí, por ejemplo, cómo influyen: la geología influye en el relieve, está en el clima y este en la hidrografía, etc. Solo al entender estas correlaciones podemos darle un verdadero significado a cada característica geográfica. Para explicar un territorio, debemos intentar cartografiar todas estas interconexiones "cadena". Esto implica usar la geología para entender el relieve, el clima para comprender la hidrografía, y las condiciones físicas generales, para concebir por qué la gente vive donde vive y por qué las ciudades se fundaron en ciertos lugares. Esta interconexión, es esencial para lograr claridad y una comprensión profunda de la geografía de un lugar. La importancia de la cartografía temática y la interconexión de datos para un razonamiento geopolítico consumado. Un mapa político es solo el punto de partida, para entender realmente un país, necesitamos integrar información de mapas físicos (orografía, hidrografía) y temáticos (geología, clima, población, economía). Solo al visualizar y analizar cómo estas diferentes capas de información se relacionan entre sí, el "encadenamiento" podemos pasar de ver simples "hechos" a construir "nociones científicas" y, en última instancia, lograr una claridad explicativa sobre por qué un territorio se comunica y cómo funciona. La cartografía, en este sentido, es una herramienta para desentrañar las complejas relaciones que dan forma a nuestro mundo. Un acercamiento a la historia de la cartografía sirve como dispositivo detonante de la reflexión, es un buen punto de partida para estudiar los planteamientos de los mapas y bosquejar las posibilidades de los «atlas cognitivos» para la confección de una geografía con las comunidades locales. En esa mirada, la cartografía se proyecta en la disertación geográfica y ocasiona un paisaje territorial que proyecta las visiones de orden, poder y dominio del espacio. Los mapas muestran nociones de dominio del territorio. La relevancia del mapa en cuanto discurso busca la conexión de la cartografía con los elementos del hombre en los espacios geopolíticos. La cartografía se proyecta en la disertación geográfica y ocasiona un paisaje territorial que proyecta las visiones de orden, poder y dominio del espacio. Los mapas son una forma de traducir la realidad geográfica en una representación, una proyección que no es inocente. Lo que un mapa muestra o no muestra, crea una imagen del territorio. Esta imagen no es objetiva, sino que está cargada de las intenciones de quien la crea. Por ejemplo, un mapa puede enfatizar fronteras, divisiones políticas, o la distribución de recursos de una manera que favorece una determinada visión de orden (cómo deben organizarse las cosas), de poder (quién tiene la autoridad) y de dominio (quién controla qué áreas). Los mapas proyectan nociones de dominio del territorio. Esta es la idea central y más directa. Son instrumentos que, al delimitar, nombrar y organizar el espacio, comunican quién tiene la autoridad sobre ese espacio. Cuando muestran una frontera clara y definida, están afirmando la soberanía de un estado sobre ese territorio. Al evidenciar ciertos lugares como deshabitados o peligrosos, puede justificar la falta de presencia o el control externo. La relevancia del mapa, en cuanto discurso, busca la conexión de la cartografía con los endógenos comportamientos del hombre en los espacios geopolíticos. El mismo, no solo es una imagen, es un discurso, es decir, una forma de comunicación que transmite ideas y significados, por eso influyen en cómo los seres humanos se comportan dentro de los espacios geopolíticos que son las áreas geográficas de interés político y estratégico. La cartografía, al moldear nuestra percepción del espacio, incide cómo actuamos dentro de él. Así, los mapas dedicados a situaciones geopolíticas pueden, conllevar acciones de defensa en determinadas áreas; los que muestran las distribuciones de la población suelen invitar a gestiones de control internas de migración. De manera que terminan convirtiéndose en instrumentos de poder y afirmadores de las ideas de quién controla y organiza el espacio. Entonces, los mapas en su diseño están en estrecha filiación con el poder, las políticas estatales y las realidades de dominio espacial. Notas |*|: Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela por el Estado Mérida. Investigador y Docente del Instituto de Investigaciones Históricas «P. Hermann González Oropeza, S. J» de la Universidad Católica Andrés Bello. Magister en Historia de Venezuela por la Universidad Católica Andrés Bello. Doctor en Historia por la Universidad Nacional de La Plata–Argentina. [1] Paul Vidal de La Blache. “Cartografía y geografía.” En: Ricardo Figueira (Introducción, notas y selección de textos). Geografía, ciencia humana: Humboldt, Ritter, Vidal de La Blache y otros. Buenos Aires: Centro Editor de América Latina, 1987, p.135
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