| El niño de Guanare |
| Escrito por Lolita Aniyar de Castro |
| Jueves, 15 de Diciembre de 2011 04:00 |
El niño de Guanare es un desgarrado símbolo de desconcierto y horror. No puedo imaginar su carita sorprendida, su dolor. Su cuerpo de cinco tiernos, graciosos y puros añitos
de vida nueva, ferozmente desmembrado, sus genitales arrancados, violado y torturado durante días, por seres que perdieron su calificación de humanos. Comienzo a leer la noticia y cierro los ojos y el corazón. No quiero enterarme. Es demasiado doloroso. Durante años discutí en clases el fenómeno del crimen, traté de interpretarlo con el apoyo de teorías, investigaciones y análisis propios y ajenos. He recorrido el mundo escuchando casos y especialistas. He hablado de aprendizajes, de selectividades, de solidaridades, desajustes, deuda social y de egoísmos. Y al final, de derechos humanos. Pero esto se eleva por encima de lo visto y lo vivido. No lo hizo un individuo profundamente perturbado. Es todo un grupo: uno es enfermero (dador de vida y salud); también hay mujeres. Gente que tuvo acceso a la educación y a una moral básica. Las preguntas ¿por qué?, ¿contra quién?, ¿para qué? asoman solo respuestas bestiales. No están los seres humanos en la Tierra para hacer y ver esto. Y sin embargo, en estos 12 años (la línea estadística de los homicidios en Venezuela se dispara hacia el techo a partir de 1999) hemos visto miles de seres morir por la rabia y el odio de los otros. Este ambiente de guerra y de muerte y el discurso lleno de enemigos, aplastamientos y pulverizaciones; de majunchadas y patanerías, de despojos y desvalorización del otro, está en el corazón de este exterminio. El hombre se muere y Venezuela también. Zaffaroni acaba de publicar un libro descarnado: Las palabras de los muertos. Oigamos también nosotros las palabras de los nuestros. Veamos la impunidad creada por un sistema penal ineficiente, vendido o timorato, que desata pobladas y ejerce la sanción que ya no esperan. Demasiado dolida para ser discreta, como mujer, como criminóloga, como venezolana, lleno, aún más, mi morral de agravios contra quienes han seguido la ruta, señalada desde arriba, de la destrucción y el odio. ¡Que el ángel de Guanare nos proteja y nos guíe! (*): Criminóloga y ex gobernadora del estado Zulia laverdad.com |
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