| Las guacamayas |
| Escrito por Rodolfo Izaguirre |
| Domingo, 04 de Enero de 2026 00:00 |
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Entonces me acaricia el aire frío, agradezco la azul intensidad del cielo y disfruto la fascinante luz de Caracas que me permite ver enfrente, relativamente cerca, el hermoso chaguaramo de cuarenta metros de altura y larga edad que muestra su espléndida corona de verdes hojas curvadas moviéndose al viento, y descubro que semi ocultas en el ramaje comienzan a despertar las guacamayas que allí duermen. Algunas se disparan expulsadas desde el árbol como si las impulsara la fuerza interna del corazón de la Palma Real, porque el chaguaramo también disfruta ese bello nombre colonial. Y las guacamayas sobrevuelan alrededor, van de rama en rama, jugeteando y vuelven a esconderse y desaparecen en el ramaje como si se dispusieran a despertar y a levantar a las que aun duermen. De pronto, a un lado del trozo de cielo que cabe en mi ventana aparece un par de guacamayas venidas de otro lugar del espacio, se posan en una rama y esta se remueve y parece desplomarse por el peso. Se me antoja que controlan a las que duermen. Pero de inmediato me desagrada suponerlo y me arrepiento enseguida; me explico y justifico: es porque llevo años soportando una insensata férula política y el pensamiento me traiciona. Pero reconozco que las guacamayas, igual que yo mismo, no son libres, Son bellas porque viven adornadas con inventados colores amazónicos, cruzan los cielos y sus chillidos son decididamente repudiables, pero no son libres porque están obligadas a cumplir definidas normas de vida. Son monógamas, andan en pareja y en cierta medida son mejores que nosotros y nos llevan una morena porque pueden volar valiéndose de sus propios medios. Además, son tan americanas como el co pretérito de Bello. Aquí se asoma una relación inesperada y desconcertante entre la gramática y las guacamayas porque el co pretérito es mas que una referencia gramatical creada por Andrés Bello para dar autonomía entre nosotros, americanos, al idioma español. Es una manera de decir “América” en una época en que ese término geográfico y continental evidenciaba políticos anhelos independentistas que de alguna manera están presentes en el esplendor del plumaje de las guacamayas venezolanas que despiertan cada mañana en el majestuoso chaguaramo que admiro desde mi ventana, sin mencionar que mi conocimiento del co pretérito esta vinculado a la tristeza de mi infancia y a la sustitución de mi áspero e impresentable padre por la inmortal figura humanística de Andrés Bello, mi verdadero padre. Cuando el sol, declina y las blancas nubes se vuelven oro, naranja y malva con matices rosados y toques grises y azulados, escapa de la casa vecina un fuerte olor a tabaco, comienza a escucharse en la mata de mango de mi patio el estruendo de unos graznidos porque alguna se encuentra allí esperando seguramente a las que están por regresar al chaguaramo y lentamente la noche convierte la elegancia de aquellos cuarenta metros de altura en sagrado refugio. No puedo decir lo mismo cuando abro la puerta de mi casa, salgo a la calle, recorro la ciudad maquillada para ocular sus estropicios y veo y hablo con la gente porque en lugar de vuelos y aleteos de vida y bienestar encuentro pesadumbre y carencias, aguas estancadas, existencias enflaquecidas y una total atmósfera de incertidumbre. Un país que se esfuerza por no sucumbir al hambre, al letargo y a la mediocridad; que se desvive por superar la ausencia de alegría y pensamiento propio y de libertad de expresión, por recobrar las fuerzas físicas y mentales lastimadas por prolongados maltratos.!Que trata de entender el porqué de las torturas! Es como si el Tiempo, la Historia y hasta Dios mismo se hubieran detenido o marchado a otro lugar y con ellos, jóvenes y familias enteras que hacen esfuerzos por sobrevivir en países ajenos con la desgraciada circunstancia de no ser bien vistos o recibidos porque no solo alteran la precaria o fortalecida economía del lugar donde ahora viven sino que arrastran consigo, sin culpa alguna, el corrupto comportamiento del régimen militar del que huyen mientras las guacamayas que veo desde mi ventana revolotean alrededor del chaguaramo que las protege, bañadas cada mañana por la luz de la ciudad que me vio nacer y por la que anhelo encontrar a la democracia que un día, como si fuese una de las guacamayas que desertó del chaguaramo fue expulsada del país y desde entonces no ha vuelto. Pero tengo la certeza de que en medio de los aleteos de las guacamayas y de sus bochornosos graznidos nosotros y la democracia regresaremos pronto al país que siempre hemos sido.
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