Censura, delación,adulancia o muerte
Escrito por Antonio Ecarri   
Viernes, 07 de Agosto de 2009 08:29

altLa censura, la delación, la adulancia y la muerte son actitudes y hechos consustanciales e inherentes al comunismo. En el año 1977 se publicó en Francia “El Libro Negro del Comunismo” editado por el centro de investigaciones más prestigioso de ese país, el “Centre Nationale de la Recherche Scientifique” bajo la dirección de Stéphane Courtois. En este estudio los investigadores, casi todos militantes de la izquierda francesa, argumentaron que hacían este trabajo y lo publicaban para no dejarle a la derecha el monopolio de la verdad. Pues bien, el Libro Negro da cuenta que durante los mandatos de gobiernos comunistas como los de Stalin, Mao, Pol Pot, Kim Il Sung, Ho Chi Ming, Fidel y demás partidos rojos en el gobierno o en la oposición, se han asesinado más de cien millones de seres humanos.

El análisis detallado del total es el siguiente: 20 millones en la Unión Soviética, 65 millones en la República Popular China, 1 millón en Vietnam, 2 millones en Corea del Norte, 2 millones en Camboya, 1 millón en los regímenes comunistas de Europa oriental, 150.000 en Latinoamérica, 1,7 millones en Africa, 1,5 millones en Afganistán y unas 10.000 muertes provocadas por “[el] movimiento comunista internacional y partidos comunistas no situados en el poder”.

Las atrocidades cometidas en todos estos regímenes comenzaron con la censura para poder ocultarlos, al extremo que en Corea del Norte no existen medios de comunicación de masas; en China, la URSS y Vietnam existían sólo las publicaciones oficiales del Partido Comunista.

En Cuba, aún hoy, el hermano pueblo caribeño tiene que soportar la lectura de un solo periódico “El Granma”, un solo canal de televisión y una sola revista. El método que todos han utilizado es, en primer lugar, presionar para la autocensura, pero si no logran acobardar a quienes los dirigen van directamente al cierre de todos aquellos medios de comunicación independientes, para que las grandes masas no se enteren de lo que viene a continuación: las delaciones que recaerán sobre todos aquellos que no le adulen al tirano de turno, a quienes no declaren su fidelidad perruna al “gran timonel”.

Acabada la ratia contra quienes se oponen a esos regímenes de terror, les corresponde el turno a los mismísimos militantes que se coloquen en posición distinta a la camarilla gobernante, o aquellos dirigentes que pierdan el favor de quienes integren, en algún momento, la mayoría en los organismos de dirección.

El régimen de Chávez ha comenzado con la censura de los medios, obliga a la delación de sus contrarios a través de la tristemente famosa “Ley Sapo”, exige adulancia hasta el paroxismo -sólo basta sintonizar los programas Aló Presidente, para ver aplaudiendo como focas a ministros y demás funcionarios serviles- después vendrán las autoinculpaciones de sus propios militantes, como ocurría bajo el régimen de terror de todos los gobiernos comunistas que le han precedido. Si no lo cree, amable lector, pregunte por el destino actual del héroe de la revolución: el General en Jefe Raúl Isaías Baduel.

Por todo ello, no podemos hacernos los locos ni los desentendidos frente a este régimen, tarde o temprano nos agredirá a todos. Recordemos al famoso ex combatiente comunista húngaro Arthur Koestler, quien en su famosa obra “Oscuridad a Mediodía” narra los últimos días de Rubashov, un bolchevique que fue ejecutado por sus camaradas por un crimen que no ha cometido y que, sin embargo, Rubashov confiesa con plena conciencia de la consecuencia de tal confesión incierta. La razón última por la que Rubashov confiesa es, sencillamente, que para un fiel seguidor del Partido la verdad objetiva ha dejado de existir. Poco importa lo que en realidad sucediera sino tan sólo lo que al Partido convenga.

No es que alguien de este gobierno tenga la grandeza del personaje de Koestler pero todos comparten, con el personaje de ficción, la tragedia de la obediencia perruna al régimen y, tarde o temprano, sufrirán los mismos rigores por alentar la megalomanía de un tirano.

Rubashov miente para morir, pero Chávez vive para mentir y gobernar el tiempo que se lo permita una oposición que vea para otro lado, creyendo que será exonerada del cadalso que construye, paso a paso, este régimen desde la oscuridad de este mediodía que parece eterno. ¡Unidad democrática! es la única consigna justa de este momento aciago, para poder superarlo y extirparlo de nuestra sociedad, antes de que sea demasiado tarde.


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