| Cinco estrellas para unos pocos |
| Escrito por Milagros Socorro (periodista) |
| Domingo, 04 de Septiembre de 2011 09:41 |
Las filas de niños en el aeropuerto Santiago Mariño, de Margarita, dan la impresión de que se ha producido una movilización nacional de jóvenes turistas. Llegan por centenares.
Van acompañados por guías no mucho mayores que los veraneantes. Todos llevan franelas que los identifican con organismos del Estado. El efecto es el de un país de menores que ha sido invitado por la república a dar un paseo por el hermoso territorio de Venezuela.Los visitantes extranjeros que son testigos del multitudinario arribo podrían pensar que han llegado a un país donde todos los escolares y liceístas pueden disfrutar de unos días de vacaciones en un balneario, a cuenta de los contribuyentes y por vía de un formidable sistema de seguridad social. Las risas y gorjeos de los viajeros llaman la atención de los usuarios del terminal, como no pueden estarse quietos el conjunto que componen se bambolea y parece que fueran miles. Formados en filas y con sus equipajes en el piso llenan las instalaciones. La realidad es que los convidados no pasan de ser un puñado de escogidos. No son todos los niños y adolescentes de Venezuela. Ni siquiera son la totalidad de los alumnos de la educación pública. Son, apenas, los hijos de los empleados de los organismos del Estado que cuentan con grandes presupuestos y contratos colectivos entre cuyas cláusulas se contempla esta ventaja. Gozan, pues, de este privilegio los trabajadores de Petróleos de Venezuela, Consejo Nacional Electoral y el Invavi, por mencionar aquellos de los que tengo constancia por haberlos visto en la isla. Esta es una muestra de lo que en Venezuela se llama "hacer algo a realazos"; y podría agregarse, "a los carajazos". Las vacaciones de los niños las pagan los padres con su trabajo, incluso cuando la actividad no se hace con la familia sino en un grupo organizado por el centro de trabajo. Eso estaría muy bien si no quedara un solo muchachito sin participar de esta iniciativa, que entonces tendría que ser nacional. Para todos. Sin exclusiones. Sin castas demarcadas por los ingresos que manejan ciertas instituciones. Es un hecho que, por ejemplo, los hijos de los efectivos de las Fuerzas Armadas o de los empleados del Ministerio de Educación no tienen ese derecho. Por lo menos, no el de viajar en avión hasta nuestro bastión insular caribeño y alojarse en hoteles de lujo. Los contingentes vacacionales de Pdvsa y el CNE no se hospedan en hoteles modestos. Qué va. Puedo dar fe de que, por lo menos durante la semana del 29 de agosto al 2 de septiembre, hubo en el hotel Hesperia Isla Margarita sendos grupos de las instituciones mencionadas. Estamos hablando de casi 700 muchachos, acomodados de a tres en habitaciones que cuestan más de mil bolívares cada una. Se trata de un hotel de 5 estrellas, propiedad de una cadena española. Saquemos una cuenta rápida, partiendo de que entre Pdvsa y el CNE contrataron 250 habitaciones, por 1.000 bolívares cada noche, incluida la comida (no hubo precio especial por paquete, dado que se trataba de temporada alta) y por 5 noches. Estamos hablando de Bs. (F) 250.000 diarios. Eso hace un total de alrededor de Bs. (F) 1.250.000. Atención: es más de un millardo por 5 días de vacaciones para un porcentaje ínfimo de niños y adolescentes. Si por lo menos ese dinero hubiera ido a parar a hoteleros venezolanos... Es mucho pedir para un régimen que ha hecho grandes aportes a la destrucción del aparato productivo nacional y ha contribuido en todo lo posible al fortalecimiento de otras economías. Este pequeño ejemplo es representación cabal de ese incansable trabajo de traición a la patria. Si alguien tiene otra forma de aludir a esta práctica, por favor, hágamelo saber. El trasfondo de todo esto es procedimiento habitual de un gobierno que, por falta de pericias y de probidad, va siempre por el camino corto, el de las soluciones impulsivas, la propaganda, el dispendio. El camino largo supondría fomentar las condiciones para la prosperidad general y no de unos pocos. Desde luego, eso pasaría por la transparencia y la contraloría: el país estaría debidamente informado de cuánto cuesta el veraneo de los favorecidos del régimen. Y la infraestructura hotelera nacional se habría apuntado a una licitación. Hasta en vacaciones la revolución da lecciones de lo que no debe hacerse. Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla EN |
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