2022: Otro año de prehistoria política
Escrito por Antonio José Monagas | TW: @ajmonagas   
Sábado, 15 de Enero de 2022 07:33

altLa política tiene su propio lenguaje, su propia disposición y composición, sus propias limitaciones y hasta su propia indumentaria.

Razón de la cual se vale esta disertación para intentar una proyección del horizonte político que podría perfilar el comportamiento de Venezuela en el contexto de la crisis política, social y económica que viene padeciendo. Más, de cara al año que ahora ha comenzado. 

Aunque la arqueología se dedica al estudio de los rastros de vida a partir de los cuales es posible reconstruir estructuras que caracterizaron organizaciones y culturas sociales y políticas. Sin embargo, la arqueología política, se aventura más al contar con criterios de fecunda categorización que permite no sólo reconoces hechos que podrían determinar trazos de desarrollo incapaces de comprometer tendencias y manifestaciones del accionar político. 

Es un poco atreverse a distinguir problemas no bien estructurados al lidiar con la incertidumbre mal definida que, por múltiples causas, siempre es objeto de desvergonzadas manipulaciones. Es rasgar los hechos retrógrados que sucumben toda realidad enquistada en la época prehistórica. Pero lo interesante es que la arqueología política, permite rebasar lo que empíricas conjeturas tienden a informar sin soporte de argumentos. Ni de lo que compromete cuando se miden consecuencias.

En principio, debe tenerse claro que el ejercicio de la política, está acompañado de distintas variables que oscurecen cualquier atisbo o señal de posible y plausible salida. Eso, visto como problema, complica toda pretensión de antelarse a realidades que delinean una situación cualquiera. No tanto por lo que significa enfrentar la incertidumbre sin una sólida base de referentes como soportes. Además, por las distintas implicaciones de un problema político sin la suficiente evaluación de sus contenidos. 

De manera que con este arsenal de conceptos podría decirse que uno de los problema que en 2022 seguirá buscando resolverse mediante una negociación a la cual le arriman el mote de “diálogo”, no funcionará. Menos, como garantía dentro del espacio político en pugna. Pues si el régimen es un actor, el otro, no está exactamente representado. Cualquier  pronunciamiento suyo, caerá en un mero vacío. Sería “carnada para carroñero”. 

Pensar qué vuelva a darse la oportunidad de retomar el susodicho encuentro, cimentado en la aspiración de equilibrar propuestas, es cuestión de imposibles. El papel de "carroñero" podría ser actuado por cualquiera que se sienta con el poder que la coyuntura le permita. 

Total, nada acá es de fácil antelación. No obstante, algunos anuncios sólo podrán otearse en el plano de la presunción o de la conjetura. De manera deberá esperarse que algún actor realice su jugada para intentar otra proyección que se aventuré a trazar la curva que define la inecuación que mejor corresponde al momento. Habida cuenta que una inecuación es una operación diferente a lo que es una ecuación. En su resolución, la igualdad es un símbolo de relativa significación.

Por otra parte, debe tenerse claro que el régimen buscará nuevas excusas que justifiquen el arrecio de la represión. Sobre todo, al momento que las realidades sigan dejando ver manifestaciones que revelen el desprecio popular que ha continuado advirtiéndose en la sociedad venezolana. Pero asimismo, en la actitud de tantas personas, gremios, movimientos políticos, instituciones  foráneas. Igualmente, de gobiernos democráticos. 

 

Variaciones del mismo problema

En el terreno político, la oposición podría razonar y aceptar sus desviadas jugarretas. Por consiguiente, estaría pronunciándose un reacomodo de sus fuerzas. Así apostaría al posicionamiento de un nuevo liderazgo encarnado no necesariamente por alguien desconocido. Aunque las tendencias comienzan a valorar el papel de la Asamblea Nacional electa en 2015-D y a sus dirigentes más entregados a recuperar la democracia azotada.

Las situaciones expuestas por presos políticos, violaciones de derechos humanos, escamoteo de la Hacienda Pública, nula transparencia del hecho administrativo y financiero del patrimonio nacional, seguirán trazando el perfil inhumano y egoísta de la tiranía venezolana. Por desgracia, la corrupción en curso no dejará de afectar la imagen del país. 

La distribución del presupuesto nacional será más desigual. Ello en el entendido que los correspondientes procesos, tenderán a favorecer instituciones que declaren -adulonamente- su hipócrita adhesión o desvergonzada lealtad al régimen militar. Un régimen que sólo sabe “repartir miseria” a fin de asegurar forzadas subordinaciones y buenas cuotas de poder.

El ámbito monetario profundizará la ambigüedad impúdica que mejor coincide con la imprecisión con la que el Banco Central de Venezuela presume ordenar sus arruinadas cuentas. Razón ésta que induce el manoseado balance de la economía nacional.

2022 volverá a ser un tiempo de derrochadas oportunidades para un régimen que se ha dedicado a vanagloriarse de una revolución sin sentido. De un ejercicio político consagrado a la práctica del resentimiento, del odio y la revancha, prácticas estas dirigidas a no dejar “títere” con cabeza. Es decir. un régimen que desde la opresión ejercida, encarece por cualquier vía política el destino que le endilga a alguien indiscriminada y perversamente.

En consecuencia, no habrá duda de proseguir padeciendo todo lo que deriva del comportamiento de todo lo que obstaculiza o complica el desarrollo nacional ante algún propósito pertinente. Para así decir finalmente que en 2022, el régimen no dejará de ser una rémora. Por esta razón, la presente disertación se ha supeditado a todo lo que muchos temen. Más aún, luego de vivir los enredos que nunca han faltado al ejercicio de un régimen dado a causar trastornos de todo tamaño y estilo. 

De ahí que 2022 no será diferente de lo que se ha vivido. Más. Por causa de un régimen  oscurecido por la saña que le ha sobrado al momento de ordenar cualquier decisión. Todo parece ser el camino por el cual transitaría el país. A menos que el caso electoral barinense, sirva de contundente motivación al cambio necesario para revertir el caos que arreciaría de continuar el régimen traficando con su malignidad. De lo contrario podría pensarse que, tristemente, sería 2022: otro año de prehistoria política.

 


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