| Primarias, encuestas y libertad del voto |
| Escrito por Antonio Sánchez García | @sangarccs |
| Miércoles, 11 de Enero de 2012 08:02 |
Junto con experimentar el extraño giro de opinión en quienes vivieron hasta ayer asumiendo sus decisiones según dictaban las encuestas y hoy, dado que les son adversas,
les restan toda credibilidad, experimento la sorprendente constatación de que muchos no votarán en estas Primarias por quien consideran el mejor, sino por quien o quienes, según las encuestas, las encabezan. El desconcierto que dejan entrever me traen a la memoria el viejo refrán castellano, de extenso uso en Latinoamérica: palos porque bogas, palos porque no bogas.Que un partido haya decidido dejar la elección de su abanderado en manos de las encuestas, y pueda salir con las tablas en la cabeza según permiten colegir esas mismas encuestas, o quien quisiera votar por Diego Arria, por María Corina Machado, por Leopoldo López o por Pablo Medina desista de hacerlo, aunque sus discursos les parezcan los más coherentes, sólidos y cónsonos con lo que demanda la circunstancia histórica que vivimos, porque según las encuestas ganarán Henrique Capriles o Pablo Pérez, es, por decir lo menos, cuestión muy lamentable. El sentido de las Primarias radica precisamente en la sana y muy razonable voluntad de escapar al influjo extra político, mercantilista y manipulador de los mecanismos de marketing comercial. Y permitir que la voluntad del elector fluya y se exprese de la manera más diáfana posible, según permita su propia experiencia y reflexión. Sin secuestros mediatizadores. Me he negado a aceptar desde siempre la voluntad distorsionadora, manipuladora, interesada y mercantil de las encuestas porque se anteponen y tuercen la libre voluntad del elector. Y lo inducen tanto en el muestreo como en la respuesta según los intereses de quien la encarga, diseña y financia. Dicho en criollo: le aseguran al cliente que pague y se dé el vuelto. Con la perversidad adicional de que algunos inescrupulosos trabajan tanto para la izquierda, como para la derecha, o siguiendo la consigna de El Camaleón: un poco con el gobierno, otro poco con la oposición. La irrupción del marketing político ha ido acompañado, para mayor desgracia, por el más nefasto de los fenómenos de la modernidad: la conversión de la política en espectáculo. Una realidad entrevista en los albores de los grandes fenómenos políticos propiamente masivos: el fascismo y el nazismo, asumida a plenitud por sus contrapartes, el estalinismo, el maoísmo, el castrismo. Y hecho norma del debate en las sociedades capitalistas mediante la industria cultural, los medios masivos de comunicación y su pavoroso resultado: el estrangulamiento del metabolismo político y la entrega de las grandes decisiones de control político a la veleidad y capricho del inmediatismo. Una sola aparición pública de algunos segundos en la pequeña pantalla puede montar un mito o derrumbar una leyenda. Sin la televisión, ni Obama sería presidente de los Estados Unidos ni Chávez autócrata de Venezuela. Pienso por ello, en este sentido, que la oposición venezolana ha incurrido en un error de lesa política al permitir que el proceso de Primarias, que debió constituir un acto de alta pedagogía política y un adelanto en la práctica real de la sociedad del futuro a que aspiramos, se vea distorsionado por el influjo de las encuestas. Y creo, en consecuencia, que la sagrada libertad del acto comicial –una papeleta en una urna – no debiera verse empañada por ninguno de aquellos vicios del pasado, como “el voto castigo”, “la economía del voto” y otras taras de una democracia que se extravió antes de alcanzar su plena madurez. ¿A quién se castigará en las Primarias? ¿Economía de qué voto y de acuerdo a qué criterios, si la verdadera justa recién comienza el 13 y el adversario, por ahora, se llama Hugo Chávez? Por lo mismo aconsejo al ciudadano que ejerza su sagrado derecho a elegir el 12 F votando, masiva, entusiasta, multitudinariamente por quien crea corresponde hacerlo de la manera más fiel y fidedigna según sus propios criterios. Si así hiciéramos, quien gane estará seguro de que lo hizo en buena lid. Y quienes pierdan, podrán sumarse sin rencores ni mezquindades a la cruzada del vencedor. De la generosidad y grandeza de unos y otros depende nuestro futuro. La victoria del 7 de octubre de 2012. |
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