| Fidelísimamente editado |
| Escrito por Ox Armand |
| Martes, 02 de Julio de 2013 06:13 |
Entre los ajetreos de los días recientes, pedí a la amiga vecina que me permitiera ver el grueso tomo que tenía en sus manos. Más de ochocientas páginas de una muy cuidadosa edición,
incluyendo alrededor de cien en papel más noble con infografías a todo color, daba cuenta de la gesta guerrillera que llevó a Fidel Castro a su primera y contundente victoria, pues la segunda y realmente decisiva fue arrasar literalmente con los aliados antibatisteros, monopolizando cruelmente el poder por más de medio siglo. Por lo demás, tan voluminoso y pesado ejemplar de difícil manejo, parece lógico en la vasta empresa de reescritura de la historia cubana, pero nos sorprendían algunas cosas: la calidad de la edición, contrastante con la quebrada industria editorial cubana que no atina en exportar siquiera obras de divulgación ideológica como todo país del llamado socialismo real que se preciara; que no la hubiésemos visto, obviamente, en las Librerías del Sur, quizá porque el precio sería astronómico; o que, imaginándola como un libro de mesa, fuese quizás una señal de distinción y confiabilidad del burócrata venezolano que aceptara y obsequiara compartir a ratos su oficina. No obstante, el mayor de los asombros fue constatar que la edición es venezolana. Así mismo.Los talleres de la Fundación Imprenta de la Cultura, ubicados en Guarenas, parieron más de cien mil ejemplares – nada más y nada menos – de la obra autografiada por Fidel Castro. Para los efectos del mercado venezolano, cualquier autor brincaría de alegría al verse tan reconocido por lo que parece un gesto excesivamente amistoso con el gobierno caribeño, con más de dos años en la calle. O supuestamente en la calle, porque no se le ha visto y no es difícil ocultar una cifra tan generosa. De modo tal que valen varias hipótesis: un elevado porcentaje de la publicación estuvo destinada al departamento de relaciones públicas de la cancillería isleña, subsidiándola amablemente; como suele pasar con esta y otras ediciones por modestas que sean, la incompetencia las lleva a penar por largos meses en los almacenes; tiene por propósito distribuir una cuota importante entre los más altos funcionarios públicos para dejar testimonio de una espléndidez de vista, trato y comunicación; formará parte de una campaña de promoción de la hazaña de Sierra Maestra, irrepetible por definición, que incluirá sendos eventos académicos; o el sempiterno no sabe/no contesta. Lo cierto es, por una parte, que Monte Ávila no está en capacidad de imprimir tal cantidad de libros, celoso de los requisitos que hicieron famoso aquel registro y marca Norven. Al gobierno venezolano le urge un literato para convertirlo en emblema, como lo fue Rómulo Gallegos para el adecaje que afortunadamente trascendió, o por momentos Alejo Carpentier para los cubanos que lo tienen prisionero aún después de muerto. Cuánta distancia hay entre Luis Britto García y este afán emblematizador que no pone de acuerdo a la secta de Farruco Sesto. En verdad, por otra parte, Fidel Castro se encontró con este amasijo de morocotas que no tenía en el libreto. Ya se trata de la edición limitadísima de su discurso en la UCV por enero de 1959 o de otros que, con sobrados sacrificios, comentaba y publicaba Aquiles Nazoa sobre el Movimiento del 26 de Julio. Son todas las gandolas petroleras llenas de morocotas que publicitan un modelo que caerá con su muerte, porque no aguanta más. Los creadores más pendejos de esta tierra, hace cola con la esperanza de ser publicados así sea por un módico tiraje. Lo único que puede salvarlos del anonimato es escribr una biografía laudatoria de Chávez Frías o de atreverse a un himno floral para Maduro. Nada más. Y, sin embargo, la cola es kilométrica. |
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