Propiedad privada y libertad personal
Escrito por Gustavo Roosen   
Jueves, 30 de Julio de 2009 08:24

altDesde el muy especial concepto de valores que maneja el discurso oficial, ser rico es malo, tener es malo. Se afirma demagógicamente el igualitarismo, se pide a los trabajadores renunciar a sus reivindicaciones, se establece un único rasero para la remuneración de los funcionarios, se pone en duda la legitimidad de la propiedad privada, se predica una propiedad social o comunitaria que termina siendo propiedad del Estado. La lectura de un discurso así lleva a formularse preguntas difíciles de responder: ¿De qué sirve el esfuerzo personal?, ¿de qué sirven las competencias, la formación, la preparación de cada uno?, ¿de qué el compromiso con el trabajo, el nivel de responsabilidad?, ¿de qué la iniciativa, la capacidad de riesgo, la acción creadora?

Se quiere hacer ver la defensa de la propiedad privada como una demostración de egoísmo. La propiedad privada, sin embargo, no es sino la aspiración legítima de cada individuo como compensación a su trabajo y a su talento. Cada persona aspira a crecer con su trabajo, a cubrir las necesidades de su familia, a asegurarse para sí mismo y para sus hijos una mejor calidad de vida. ¿Podrá hacerlo si no es dueño de los bienes producidos por su trabajo? ¿Podrá hacerlo si está condenado a un igualitarismo impuesto desde el Estado.

Atentar contra la propiedad privada, tanto sobre los bienes de uso como sobre los medios de producción legítimamente adquiridos, es castigar el esfuerzo personal, penalizar los deseos de superación, negar la posibilidad de construir un patrimonio para los hijos, desalentar el esfuerzo y la creatividad. Es, incluso, atentar contra la libertad.

La posibilidad de disponer de los bienes obtenidos por el esfuerzo afirma la libertad, no sólo sobre esos bienes, sino incluso la libertad personal, la política, la económica. No se puede hablar de libertad cuando se niega el derecho a crecer y a tener. No mientras se fomenta la dependencia o se predica una ilusoria igualdad con el Estado como gran repartidor, empleador y benefactor. La carencia de propiedad conduce a la dependencia. "Allí donde el Estado reclama la propiedad de todos los recursos productivos, los individuos o las familias no tienen forma de hacer valer su libertad porque económicamente dependen totalmente del poder soberano", dice Richard Pipes, profesor e investigador de historia en la Universidad de Harvard.

El desarrollo personal es una garantía constitucional vinculada a la igualdad de oportunidades, pero también a la generación y disfrute de los bienes, es decir a la propiedad privada. La negación de la propiedad o la imposición de limitaciones más allá de las legítimas consideraciones del bien público no son sino formas de apropiación por parte del Estado del trabajo de los ciudadanos. El debilitamiento de los derechos de propiedad, incluso bajo el pretexto de bienestar social, termina socavando la libertad.

Más allá, incluso, de la afirmación de que la propiedad es el modo más eficiente de producir riqueza, se impone recordar su legitimidad y su importancia para dar objetivos al esfuerzo personal y elevar el sentido de identidad, independencia y autoestima de las personas.

Se argumenta que las decisiones oficiales no afectan por ahora la propiedad privada sobre los bienes de uso. ¿En qué punto los criterios socializantes darán el quiebre para hacerlo? ¿Quién pone el límite cuando desde el autoritarismo se impone la arbitrariedad como norma? ¿Es sólo cuestión de grado y de tiempo?

Sobran razones para alertar contra las amenazas a la propiedad privada, que lo son también a la libertad.


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