| El odio de Ramírez |
| Escrito por Johel Salas |
| Lunes, 20 de Julio de 2009 05:53 |
El ministro Ramírez vomitó su odio sobre la oligarquía, la cual según el diccionario de los seguidores del proceso, son todos aquellos que no se sometan a los designios del comandante.
Según esta definición son oligarcas los trabajadores petroleros que defienden sus derechos reiteradamente negados por la revolución bonita, los partidos políticos que profesan la democracia, los pequeños y medianos productores, las amas de casa, y en general todo aquel que se asuma ciudadano y no esté dispuesto a representar el indigno papel acrítico de soldado raso y su ciega obediencia de "sí mi comandante", "ordene usted mi comandante". El odio en este caso no es contra un grupo de ricachones que manejan los hilos del poder, si este fuese el caso estaríamos ante un hecho de odio a sí mismos. El odio de los lustrabotas de Chávez es por lo menos, contra la mitad de los venezolanos que no consiente la barbarie que se le ha impuesto a la patria, número que se incrementa por el creciente desencanto producto de una década de fallidas promesas y derrumbamiento del sistema democrático. El odio es un instrumento político para encapuchar la incapacidad en diez años de desgobierno, culpando a un sector del país del desastre que vivimos. Así la inseguridad, el desempleo, la inflación, el hambre y todas las otras calamidades, es responsabilidad de los oligarcas, pitiyanquis, escuálidos, todos unos desgraciados traidores de la nación. Veremos incrementarse el lenguaje del agravio en la misma medida en que se reduzca la base de apoyo del mandamás. El odio sería la estrategia para que contrario a la reconciliación que el país reclama, fomentar aún más la división social y detener la merma en los afectos al socialismo del siglo XXI. Es una manera de preservar la mitad del país sobre la base de la confrontación con la otra parte. En este caso, la estrategia persigue que la discordia social sea el elemento central de la vida nacional, pasa a un segundo plano la calidad del Gobierno, la violación reiterada a la constitución, la instalación de un sistema dictatorial, porque lo importante seria el descrédito, el menosprecio y la hostilidad contra los adversarios. Lo que viene es candanga con burundanga...
(*): Trabajador Social Fuente: La Verdad |
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