El costo de la improvisación
Escrito por Douglas C. Ramírez Vera | @AccHumGremial   
Viernes, 26 de Junio de 2026 00:00

altReconozco que para mí fue una experiencia traumática el sufrir mi primer sismo en Santiago de Chile, por varias razones:

 

Primero, por no estar acostumbrado a esa magnitud de movimiento; segundo, por estar en el piso 13 cuando lo recibí; y, en tercer lugar, por no tener la cultura de vivir en un país que posee uno de los historiales sísmicos más energéticos y activos del planeta, al registrar Chile, de forma recurrente, megaterremotos que superan la magnitud 8.0, incluyendo el sismo más potente jamás medido por la humanidad.

El Terremoto de Valdivia (22 de mayo de 1960) tuvo una magnitud de 9,5. Es el terremoto más grande registrado en la historia de la humanidad. Rompió una sección de falla de casi 1.000 kilómetros, generó un tsunami transpacífico que llegó hasta Japón y cambió la geografía del sur de Chile. Chile se asienta sobre la zona de subducción donde la Placa de Nazca se hunde bajo la Placa Sudamericana a una velocidad sumamente rápida (unos 6,5 cm por año).

La Isla de Pascua (Rapa Nui) se acerca a Chile continental a una velocidad promedio de entre 8 y 9 centímetros por año. Este movimiento se debe a que la isla está asentada sobre la Placa de Nazca, la cual se desplaza de manera continua hacia el este buscando subducirse (hundirse) bajo la Placa Sudamericana. En el momento de la gran ruptura sísmica, la Placa de Nazca y la Placa de Chiloé (Sudamericana) se encajaron y liberaron tensión bruscamente en los años 1960, provocando un acercamiento repentino de la Isla de aproximadamente 40 metros en la zona de contacto hacia el continente.

El día de San Juan (24 de junio de 2026), dos potentes sismos sacudieron este miércoles a Venezuela y se han reportado al menos 164 muertos y más de 970 heridos, además de extensos daños (https://tinyurl.com/27d9kmgk). En el evento ocurrieron dos terremotos: el primero en las cercanías de San Felipe, capital del estado Yaracuy, con magnitud 7,2, y el segundo (39 segundos después) a unos 70 kilómetros, en las cercanías del municipio de Yumare, un poco más al norte, con magnitud 7,5. Este sismo se relaciona con la llamada Falla de San Sebastián, que es parte del límite principal que acomoda el movimiento horizontal de la Placa del Caribe hacia el este con respecto a la Placa Sudamericana. La falla es parecida a la falla de San Andrés (https://tinyurl.com/29nu7vzl), que es una falla de desplazamiento que se rozan lateralmente, lo cual explica que zonas más cercanas, como San Felipe, Barquisimeto, Valencia y Maracay se vieran menos afectadas que la costa central de la Guaira y el Valle de Caracas, especialmente en las zonas más cercanas al Ávila.

Aunque San Felipe, Barquisimeto y Valencia sintieron un sacudón violento, los valles donde se asientan poseen capas de roca firme y sedimentos consolidados mucho más estables a nivel geotécnico. Esto permitió que las ondas pasaran rápido por el subsuelo sin amplificar desmedidamente su fuerza. Ciudades como Barquisimeto o San Felipe tienen un desarrollo urbano más horizontal o de menor altura en comparación con la densa selva de rascacielos y construcciones informales de la capital. Un fenómeno crítico en la Falla de San Sebastián es el llamado efecto de directividad (https://tinyurl.com/29nu7vzl). Si la ruptura comienza cerca de la zona de Morón (Carabobo) y progresa rasgándose hacia el este, las ondas sísmicas se acumulan y se van "apilando" en la misma dirección de la ruptura, similar al efecto Doppler de una ambulancia. Esto hace que las ondas que viajan hacia Caracas y La Guaira lleguen con mucha mayor amplitud, duración y energía concentrada que las ondas que viajan en direcciones opuestas (https://tinyurl.com/29nu7vzl).

Desde la fundación de los primeros asentamientos coloniales en el siglo XVI, el país ha sufrido los efectos de los terremotos. Su historia sísmica revela que durante el período 1530-2004 han ocurrido más de 130 eventos sísmicos que han provocado algún tipo de daño significativo en varias poblaciones venezolanas (https://tinyurl.com/26ajqq3h). Esto da un promedio de 3 sismos importantes cada 3 años.

Pero si comparamos el historial sísmico de Venezuela con el historial sísmico de Chile, el segundo país gana por goleada y tal vez es una de las razones por las que Venezuela se encuentra menos preparada para eventos de esta magnitud. Por la misma baja frecuencia, no se invierte en sistemas preventivos, ni en educación frente a riesgos máximos. En la tabla siguiente se resume esta comparación de la cual podemos tener lecciones para el futuro.

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Chile está acostumbrado a sismos de magnitud 7,5 o mayores, considerándolos comúnmente como "temblores fuertes" que rara vez causan daños estructurales severos debido a su estricta norma sísmica y suelos. En contraste, en Venezuela, el doble terremoto de magnitudes 7.2 y 7.5 ocurrido el 24 de junio de 2026 demostró que un sismo de esa magnitud, al ser sumamente superficial y golpear cuencas sedimentarias (como Caracas), causa desastres severos e históricos.

Chile transformó sus tragedias (1906 y 1939) en leyes de construcción obligatorias extremadamente estrictas, lo que explica por qué el terremoto de 2010 (8.8 Mw), a pesar de liberar cientos de veces más energía que el sismo de 2026 en Venezuela, tuvo una tasa de colapso de edificios modernos asombrosamente baja (https://tinyurl.com/23zk892f )

Mientras que la historia de Chile está ligada a la destrucción por tsunamis que barren las costas tras los terremotos, la historia sísmica venezolana está más vinculada a efectos de sitio terrestres, como los deslizamientos en laderas montañosas de la Cordillera de la Costa o la licuación de suelos en cuencas y zonas costeras. [1]

La principal lección que Venezuela puede aprender de Chile es que la resiliencia ante los terremotos no depende de la suerte, sino de una estricta institucionalidad, fiscalización y cultura ciudadana. Mientras que en Chile los sismos de magnitud 7,5 son considerados eventos moderados que rara vez provocan colapsos estructurales, el histórico doble terremoto del 24 de junio de 2026 evidenció las profundas vulnerabilidades de la infraestructura norte-central venezolana. Para minimizar futuros desastres asociados a las fallas de Boconó, San Sebastián y El Pilar, Venezuela debe adoptar el "modelo chileno" enfocado en las siguientes áreas de acción inmediata:

  1. 1.     Actualización y fiscalización inflexible de las normas de construcción
    1. Hacer cumplir la Norma COVENIN: Venezuela cuenta con la norma técnica de edificaciones sismorresistentes, pero el colapso de estructuras en Los Palos Grandes, San Bernardino y Macuto demuestra fallas en su implementación.
    2. El principio chileno de responsabilidad legal: En Chile, la ley determina que los ingenieros calculistas y las empresas constructoras son penal y financieramente responsables si un edificio colapsa. Introducir esta severidad legal en Venezuela obligaría al sector privado y público a garantizar cimientos aptos para soportar los peores escenarios sísmicos.
    3. Aislamiento sísmico obligatorio: Implementar de forma masiva tecnologías como disipadores de energía y aisladores elastoméricos en hospitales de la red pública, escuelas y centros de control de emergencias.
  2. 2.     Mitigación de la informalidad urbana y estudios de microzonificación
    1. Intervención en zonas vulnerables: El mayor peligro en Venezuela radica en las viviendas informales construidas en laderas inestables y sobre los sedimentos blandos de los valles. Chile combate esto prohibiendo terminantemente la construcción en suelos propensos a licuación o remoción en masa sin costosas obras previas de estabilización geotécnica.
    2. Respetar los mapas de riesgo: La planificación urbana debe guiarse rigurosamente por los mapas de microzonificación sísmica desarrollados por instituciones como FUNVISIS. No se debe volver a edificar sobre fallas activas ni en zonas costeras inestables sin cimientos profundos de pilotes.
  3. Institucionalidad de respuesta y continuidad de servicios públicos
    1. Sistemas de alerta temprana de tsunamis y sismos: Tras las alertas emitidas en el Caribe por el sismo de 7.2, Venezuela necesita un sistema integrado y automatizado similar al Sistema de Alerta de Emergencias (SAE) de Chile, que envía alarmas sonoras e instrucciones a los teléfonos celulares de toda la población afectada incluso sin contar con internet o datos comerciales.
    2. Resguardo de infraestructuras críticas: El cierre del Aeropuerto Internacional de Maiquetía por daños estructurales y los cortes masivos de gas y electricidad paralizan la ayuda humanitaria. Las subestaciones eléctricas, terminales de transporte y acueductos deben rediseñarse bajo criterios de flexibilidad sísmica extrema para operar inmediatamente después del sacudón.
  4. 4.      Educación y cultura de simulacros nacionales recurrentes
    1. Simulacros periódicos obligatorios: La población chilena reacciona con calma instintiva porque escuelas, empresas y comunidades participan anualmente en simulacros coordinados. Venezuela debe transformar la educación sismológica en una materia obligatoria en el sistema escolar nacional, enseñando a las familias a identificar zonas seguras internas en lugar de evacuar de manera desorganizada en pleno movimiento de réplicas.

Este llamado no busca asignar culpas sobre la fuerza de la naturaleza, sino exigir responsabilidad sobre la vulnerabilidad humana. El histórico doble terremoto del pasado miércoles 24 de junio de 2026 ha dejado en evidencia que la ausencia de políticas públicas preventivas y la inacción institucional no son omisiones administrativas, sino decisiones que se pagan con vidas y la destrucción del patrimonio nacional. Exigimos con urgencia a las instituciones del Estado asumir un compromiso real y prioritario con la gestión del riesgo sísmico. La seguridad de los ciudadanos y el resguardo de sus bienes no pueden seguir dependiendo del azar o de la improvisación postdesastre. Mitigar el impacto de las fallas geológicas que atraviesan nuestro territorio requiere normativas estrictas, fiscalización transparente, presupuestos sostenibles y una institucionalidad técnica robusta. Ignorar las advertencias de la ciencia es condenar al país a repetir la tragedia; actuar con seriedad hoy es la única garantía de supervivencia para el mañana.

 
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