| ¿Por qué olvidamos que Venezuela es un país sísmico? Hablan dos historiadores |
| Escrito por Grace Lafontant León |
| Martes, 14 de Julio de 2026 00:00 |
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Así lo señalaron Tomás Straka y María Soledad Hernández, investigadores del IIH-UCAB. «En los textos escolares tiene que haber capítulos de desastres naturales. No para asustar a los niños, sino para prepararlos», afirmó Hernández Aunque los terremotos del pasado 24 de junio tomaron por sorpresa a millones de ciudadanos y son los que más daño han causado en la historia del país (más de 4.000 muertos hasta ahora y cerca de 19.000 damnificados), estos fenómenos naturales no son un evento extraño, pues en poco más de dos siglos se contabilizan seis movimientos telúricos de gran magnitud, tres de ellos en la capital. «Se sabía que un terremoto de esta escala era posible en Caracas porque, precisamente, la información histórica era bastante clara, incluso antes de la llegada de la sismología”, aseguró Tomás Straka, doctor en Historia y director del Instituto de Investigaciones Históricas (IIH) de la UCAB. Entre los más potentes de los que se tiene registro en la capital se cuentan el doblete sísmico de 1812 en la capital y otras zonas del territorio; el del año 1900, que dejó un saldo de más de 200 casas destruidas y una treintena de fallecidos, y el ocurrido en 1967, cuyo balance es de 236 fallecidos, más de 2.000 heridos y 10 millones de dólares en perdidas.
Además de estos, también está documentado un sismo de gran magnitud ocurrido en 1950 en la población de El Tocuyo, estado Lara, con saldo de ocho muertos, 60 heridos y el 80% de las viviendas destruidas, y, más recientemente, el de 1997 en Cariaco, estado Sucre, que acabó con la vida de 73 personas y causó numerosos daños materiales en varias localidades del oriente del país. «En el terremoto de Cariaco, una de las cosas más terribles es que se cayeron dos escuelas con los chamos adentro», recordó Straka. A juicio del historiador, una de las razones principales para esta suerte de amnesia nacional guarda relación con el tiempo que transcurre entre cada movimiento telúrico. “Los terremotos muy grandes no son frecuentes, se logran espaciar más o menos por medio o un siglo. Eso dificulta la narración en primera persona y la posibilidad de transmitir la experiencia a otras generaciones. No necesariamente quien vivió el terremoto de 1900 estaba vivo para el siguiente evento sísmico que sacudió a Caracas y el litoral en 1967″, explicó el también individuo de número de la Academia Nacional de la Historia. Educación y prensa, dos elementos clave para la memoria De acuerdo con Straka, que el colectivo venezolano no concientice que vive en un país sísmico y que muchas veces se ignoren las recomendaciones de los expertos en materia de prevención obedece al desconocimiento general sobre el tema, falencia educativa que repercute en la memoria histórica. “Tenemos grandes deficiencias en nuestra formación y eso se manifiesta en todos los niveles, es un problema transversal (…) Y el tema de la conciencia de nuestra sismicidad histórica es un capítulo más del mismo olvido. La única forma de que tú mantengas ese recuerdo es a través de la educación, dotar a las personas de información a la que no pueden acceder por vivencia propia o de personas cercanas”, sostuvo.
En esto coincidió la profesora María Soledad Hernández, también investigadora del IIH-UCAB, quien aseguró que el trabajo debe empezar desde la escuela. “En los textos escolares tiene que haber capítulos de desastres naturales. No para asustar a los niños, sino para prepararlos, para evitar una tragedia a futuro, una que no sabemos si es cercana o no lo es”. Hernández rescató a la prensa como factor clave no solo en la difusión de noticias, sino como potente canal educativo.“La información preventiva sobre desastres naturales no pueden estar determinada por la agenda de un periódico, una agenda política o por el momento propio de una tragedia. Es un trabajo que debe ser permanente en el tiempo”, comentó la historiadora, quien puntualizó que, por ejemplo, del terremoto de 1812 solo hubo una sola reseña en La Gazeta de Caracas, publicada un mes después.
Entendiendo que «el trabajo del periodista es clave en estos momentos«, la investigadora recalcó la importancia de «moderar, no censurar», lo que se publica en los medios de comunicación. Para ello, trajo a la memoria el terremoto de 1967. «Periódicos como ‘Últimas Noticias’ y revistas como ‘Venezuela Gráfica’ se aprovechaban de colar imágenes muy crudas, muy fuertes de desastre. Hay que entender que no puedes crear más pánico ni histeria colectiva, tampoco una matriz de opinión como que el país está destruido, que aquí no hay nada qué hacer. Sí hay que decir qué hacer, cómo prevenir, a qué sitios acudir en caso de peligro«, apuntó. 1812 y 1900, historias de dos terremotos que cambiaron al país El director del IIH-UCAB explicó que el doble terremoto de 1812 (que sucedió un Jueves Santo) comparte similitudes con el ocurrido el 24 de junio de 2026 en cuanto a epicentro, magnitud y características. “Sabemos por investigaciones del historiador Rogelio Altez y por Funvisis que, por ejemplo, estuvo cercano a los 8 grados”. Señaló que estos movimientos destrozaron ciudades enteras del eje republicano (Caracas, Mérida, Barquisimeto, San Felipe y Valencia). El fenómeno natural, mencionaron Hernández y Straka, fue usado como propaganda política por parte de sacerdotes españoles para atemorizar a la población, mayoritariamente católica, asumiendo que fue un “castigo divino” ante la gesta independista que se iniciaba en el país. “Esto se convirtió en un revés muy importante para la causa republicana”, indicó el profesor. Ambos historiadores mencionaron que la célebre frase de Simón Bolívar “si la naturaleza se opone, lucharemos contra ella y haremos que nos obedezca” fue creada por José Domingo Díaz, periodista y médico ideológicamente cercano a los realistas. «Es un episodio narrado por un enemigo de Bolívar. No hay documentos, testigos, eso no lo vio nadie», afirmó Straka. El propósito de tal dicho era “recalcar el carácter anticlerical y soberbio de Bolívar, a quien presentaba como loco con ojos inyectados. Esa frase, que parece una locura para el mundo tradicional, para los modernos e ilustrados es una genialidad”, agregó el investigador. Ochenta y ocho años más tarde, en 1900, un nuevo sismo de magnitud superior a los 7.6 grados sacudió la región central del país. De este trágico episodio se sabe, de acuerdo con el director del IIH, que hubo entre 20 y 30 fallecidos, y personas durmiendo fuera de sus casas por temor a réplicas. Asociado a este sismo, el anecdotario nacional conserva una historia pintoresca sobre el presidente Cipriano Castro, quien para entonces recién llegaba a Caracas desde el Táchira, y “como había resistencia de los caraqueños cuando los andinos llegaron al poder, lo usaron como una mofa”, dijo Hernández. Mencionó la profesora que la burla consistía en que Castro, por el miedo al terremoto, se lanzó del segundo piso de la Casa Amarilla (actual sede de la Cancillería) con un paraguas y el camisón de dormir. “Sería por la angustia y la desesperación. Quizás en San Cristóbal no había ese tipo de edificaciones”, comentó. A modo de complemento, Straka recordó que fue a raíz de este episodio que Castro le compró a la viuda del expresidente Joaquín Crespo su otrora moderna casa: Miraflores, sede desde entonces del gobierno venezolano. El aprendizaje de la modernidad En 1967, afirmó Tomás Straka, Caracas era una ciudad que pasó de la cuadrícula colonial ubicada alrededor de la Catedral a expandirse por el este, oeste y sur, y había sustituido las casas de techos rojos por los rascacielos. «Era más grande, cosmopolita y densa que la ciudad de 1900». En ese contexto, y tan solo cuatro días después de la celebración por los 400 años fundacionales de la capital, tuvo lugar un terremoto de magnitud 6.5 grados que hizo caer una decena de edificios y tambaleó la noción de modernidad urbana que se venía construyendo. «Caracas llegaba al millón de habitantes, pero muchos de ellos extranjeros y venezolanos del interior del país. Ellos no tenían idea de si hubo un terremoto antes. Esto demostró, nuevamente, que Caracas es una zona sísmica. Impactó y generó un terror nuevo porque, a diferencia de 1900, ahora familias enteras perdían la vida porque se derrumbaba un edificio», señaló el experto. De regreso al 2026, el historiador sugirió la importancia de considerar errores y aciertos: «A lo mejor, lo que se hizo bien salvó más vidas que lo que se hizo mal. Eso da herramientas para avanzar». «A Venezuela le han pasado muchas cosas en los últimos años. De ellas, la mayoría son responsabilidad nuestra, se nos escapa el terremoto. Y aún así, la respuesta y la preparación para el terremoto es un asunto nuestro. Es decir, que la responsabilidad está en nuestras manos. Un terremoto es amoral, como como cualquier fenómeno natural, pero la tragedia es siempre social y siempre humana», concluyó.
Fuente: El Ucabista | Fotos: Manuel Sardá
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