¿Cómo olvidar la pastoral de Arias Blanco?
Escrito por William Anseume | @WilliamAnseumeB   
Viernes, 20 de Enero de 2023 00:00

altEn vísperas de otro 23 de enero, movido este de nuevo por luchas intensas en lo laboral en la calle, sin respuesta alguna por parte del régimen

del terror acerca del monumental fracaso en materia económica que impide revertir la situación de inexistencia de sueldos y salarios, así como de protección social, más el abandono de la educación y la salud, no podemos dejar de revisar la pastoral de monseñor Rafael Arias Blanco. 

En 1957, el primero de mayo, día del trabajador, o de San José Obrero, como Arias evoca, el pronunciamiento del prelado se orientó en defensa del trabajador y del trabajo, incluso del de las mujeres, de los sindicatos, de la vida oprimida de la mayoría de los venezolanos en contraste con el opulento derroche de la cúpula en el poder. Muy parecido por ciento a lo que acontece hoy luego de los pronunciamientos de monseñor Víctor Hugo Basabe en Barquisimeto el día de la Divina Pastora, o la Conferencia Episcopal Venezolana. 

Fundamental entonces y ahora la posición expresada por la iglesia católica. Porque Arias defendió en su momento el derecho y el deber de la iglesia de intervenir en los problemas. De hecho se refirió, como hacen ahora los portadores de magistrales sotanas, a la "multitud de problemas sociales que está viviendo la nación". Similitud en las palabras y en la situación política, económica y social de aquel 1957 y este 2023: "Una inmensa masa de nuestro pueblo está viviendo en condiciones que no se pueden calificar de humanas". Como no se puede calificar de humano el sueldo, el salario actual en Venezuela, el trato a trabajadores en general, a los educadores, a los médicos, enfermeras, administrativos, obreros, empleados públicos o trabajadores de las industrias básicas o el petróleo. 

Esta conjunción estupenda de factores sociales y religiosos seguirá siendo una presión permanente no solo sobre la conciencia de quienes no quieren moverse en la sociedad, como reclama la Conferencia Episcopal, sino sobre partidos políticos, trabajadores y obreros, estudiantes y religiosos con sus feligreses, para finalmente exigir el respeto a los derechos humanos, la libertad de los presos políticos, la llegada a unas elecciones libres, verificables, la libertad que deseamos en Venezuela, que nos permita vivir con dignidad e impedir que continúe en aumento la migración forzada, procurar que nuestros coterráneos regresen a su terruño felizmente. 

El clamor de monseñor Arias Blanco en función de una evolución sin violencia que era el planteamiento político de la iglesia antes de los sucesos del 23 de enero no se cumplió. Al menos no del todo, porque pudo haber sido bastante peor en cuanto a perdidas de vida o dolor profundo de nuestros compatriotas. El resultado fue el golpe de Estado contra el dictador. No es la iglesia la llamada a propiciar la violencia, desde luego, como bien dijo ese mismo año 57 Luis Herrera Campins. Del mismo modo, hoy la coyuntura nos lleva a propiciar elecciones que permitan un horizonte de paz y de atención de las necesidades, de las problemáticas que ha generado este régimen prolongado por el ejercicio del despotismo, la violación a los derechos humanos y laborales, la opresión continua para alimentar la corrupción y su permanencia en el poder, aliados con los peores enemigos del país y de la libertad humana en el mundo. Imposible olvidar la pastoral. Imposible olvidar a Arias Banco, o el 23 de enero. Imposible desconocer el valor de la iglesia antes y ahora. 


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