Del desastre laboral
Escrito por Luis Barragán | @luisbarraganj   
Lunes, 16 de Enero de 2023 09:46

altLa realidad laboral del país es asfixiante, propulsada por una peor realidad económica imposible de ocultar

tras las consignas que apuntan al bloqueo imperialista. Versamos sobre el drama de los que tienen la suerte de un empleo y no les alcanza ni siquiera para transportarse y reportarse a diario en el lugar de trabajo, constituyendo una excepción de todo núcleo familiar que constituye una desmedida carga personal,  inevitable y extrapesada.

Referido en otras ocasiones, las instituciones fundamentales del derecho laboral están derrumbándose en Venezuela.  A modo de ilustración, bonificados los ingresos, es legítimo dudar de la existencia y eficacia del salario en Venezuela,  protección social, estabilidad, sindicalización, prevención de riesgos, prestaciones sociales, e, incluso, del propio patrón, porque en la práctica lo es el llamado sistema Patria para la administración pública, una experiencia de pago que puede extenderse al sector privado, por no señalar la inamovilidad decretada en los últimos años como una ficción que ha de depender de las inspectorías y tribunales del trabajo tan fieles seguidoras de los intereses oficiales y oficialistas, o del inútil encarecimiento del litigio laboral que ya lo hace prescindible y, más aún, cuando el trabajador gana el caso, pero se hace inejecutable la sentencia por la falta de información del BCV sobre la tasa de inflación, por ejemplo.

Las actividades económicas guardan estricta correspondencia con un contexto deplorable, y demasiadas empresas han cerrado respecto al sector privado, sano y transparente.  La ficción de prosperidad sólo atañe a una microscópica minoría de compararla con el número de venezolanos que están dentro y fuera del país, alucinada por sus trepamientos y ostentaciones.

De nuevo, los gremios de la oposición real y de la fingida incurren en el error del planteamiento única y exclusivamente laboral de espaldas al país que sabe que sus demandas van más allá, porque implican el propio modelo del socialismo del siglo XXI. Leí a un dirigente profesoral universitario clamar por un regreso a las aulas y, desde ahí, tardíamente, arrancar la lucha, como si el sueldo les alcanzara para tomar un par de autobuses diarios, esperando por otra visita a Miraflores, en contraste con aquellos que tienen una extraordinaria claridad en torno a la naturaleza y desafíos del conflicto.

Valga acotar, no hay gremios que se reputen como tales en el sector público, sino aparatos obedientes y avaladores de todas las decisiones del mandamás-obrero y los otros mandases, cuando no, delatores y represores. Lo último, un oficio repudiable y, si se quiere, mal pagado porque no alcanza para todos, dizque legitimado por la defensa de lo que ellos llaman revolución: otro y deleznable modo para sobrevivir. 


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