Políticamente ateos
Escrito por Leandro Rodríguez Linárez | @leandrotango   
Miércoles, 20 de Abril de 2022 00:00

altLo que ocurre en Venezuela es difícil de creer, una nación en occidente dueña de las riquezas más cotizadas en el planeta padeciendo

de una pobreza extrema, de un deterioro de la calidad de vida similar a las naciones más pobres de áfrica, pues los servicios de agua y electricidad son privilegios de pocos.

Parte de la explicación es motivada a que hemos hecho de la política un entretenimiento, desde hace mucho tiempo (época de Chávez) las novelas y el beisbol dejaron de ser los pasatiempos favoritos de los venezolanos, pasó ser la política.

Lo acontecido en esta semana santa habla por sí solo, municipios sin hospitales, con infraestructura educativa en el piso, sin agua ni electricidad acudiendo masivamente a conciertos y demás celebraciones pagadas con dinero público… tampoco hay autoridad pública que emprenda investigaciones, que sancione. La misma población debió ser la primera en protestar, en lugar de ello, se unió a la fiesta.

Sabemos que el “gozar la vida” ha sido marca de fábrica de la venezolanidad, somos conocidos a nivel mundial por nuestro exacerbado sentido del humor, aún en los momentos más críticos mantenemos la sonrisa, a todo le sacamos no uno sino mil chistes, pero… ¿es momento de eso?

No se trata de amargarnos la vida, pero si se trata de jerarquizar lo correcto, comenzar por prestar atención a nuestras necesidades, a las formas y maneras de subvenirnos a la primitivización del país. Un fin de semana de rumba no puede estar por encima de la reparación de un hospital, una universidad o cualquier otro beneficio que se podía extraer de la incontable cantidad de recursos públicos invertidos en esas celebraciones fuera de lugar.

Ello ocurre porque quienes detentan el poder no tienen rivales, los han anulados de todas las formas posibles, además de la ineptitud propia de quienes dicen llamarse oposición. A todas estas, el chavismo sabe extraer beneficios, aunque a veces parezca muy elemental.

El secreto del régimen, a parte de la violencia institucionalizada, ha sido explotar al máximo la nefasta “mentalidad criolla”, las mieles de uno de los populismos más devastadores en la historia. Bonos o cualquier estipendio público de fácil captura, casas gratis o fiestas/conciertos pagados con erario de alcaldías, gobernaciones o estatal, parece algo sencillo e inofensivo, pero también ha sido parte vital en la destrucción del país.

Todo esto nos ha llevado a un escenario de ateísmo político, es decir, los habitantes de este país no tienen la más mínima fe en sus políticos/gobernantes, la desesperanza (hoy más que nunca) no solo es aprendida sino inamovible, por tal motivo emigrar parece lo más sensato.

Así, un país sin liderazgo es un desastre, quienes ocupan los cargos de poder son tan rechazados como quienes los ostentan. La sociedad civil se encuentra abandonada a su suerte, en un ambiente desinstitucionalizado, darwiniano, solo los más fuertes sobreviven.

Lo primero a rescatar es la confianza en nuestros actores políticos, solo así podemos esperar acciones en beneficio del país. Los rojos rojitos (en control absolutista de los recursos e instituciones) pudieran hacerlo siempre y cuando la eficiencia comience acompañar sus gestiones y se ocupen de lo que realmente importante, abandonando la ideologización (parece imposible). La oposición, relegitimando a sus actores a través de un proceso de primarias real, que conlleve acciones y objetivos claros.

Hasta hoy, Venezuela se encuentra encerrada en un ciclo que en cada vuelta la destrucción se agrava y retarda una futura reconstrucción nacional. 


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