Cuando el diálogo no procede
Escrito por William Anseume | @WilliamAnseumeB   
Viernes, 25 de Marzo de 2022 00:00

altEl diálogo entre el régimen y cualquier otro factor de la vida nacional venezolana no procede hace años. 

Intentar llegar a algún acuerdo con estos representantes de la negación a hablar o llegar a pactos, así sean de "caballeros" ya está demostrado que resulta inviable. No planteo solo el problema de lo infructuoso que pudiera resultar llegar de nuevo a México o cualquiera otra región, así sea insular latinoamericana, de la seguramente buena mano noruega. No es solo eso. Allí inciden otros factores de intereses no precisamente deslastrados de lo crematístico o de la propia conservación indefinida del poder en manos de Nicolás Maduro y sus secuaces. Por el centro de la goma: mis intereses ni los del país son los de Stalin González, Henrique Capriles o Gerardo Blayde. No. Ellos andan en otra onda. Como Falcón, Claudio Fermín, Ecarri y el etcétera ese, resumido en el término "alacranes". Ese no es mi interés ahora. 

Ante el hecho de los aumentos de sueldo anunciados recientemente me llaman la atención algunas actividades que me lucen absurdas, como Sísifo con la piedra, aunque en ellas he participado y seguiré haciéndolo muy probablemente. No en todas. Si hay algo que no he realizado más en estos últimos años es acudir a las oficinas públicas en busca de atención, de que se fijen en un reclamo. Esa atención que sabemos todos que no habrá, de facto. Así, hace años he aconsejado a estudiantes, profesores y luchadores gremiales y sindicales que no pierdan su tiempo. Porque en resumen, si sacamos cuentas ligeras, aunque sea, no ha habido ningún requerimiento que se haya obtenido en el último quinquenio, por lo menos, siendo laxos, yendo a gritar o con un documento, o un megáfono, con pancartas, a alguna oficina de eso que denominamos etéreamente el Estado. De ahí no sale nada. Tal vez alguna agresión sí. Alguna prisión sí y puedo garantizarles que no escribo ni actúo desde el miedo. No tiene sentido. Nadie atenderá o nada se obtendrá si existe algún simulacro de atención. 

Otro lugar al que no hay que concurrir en demanda de nada es a un tribunal. Eso no existe. Allí es plata y más nada. Los abogados más conspicuos lo saben. Garantía jurídica no existe por ningún lado en Venezuela. Así que demandar derechos laborales o de cualquier otro tipo es una risueña quimera cuasi infantil. ¿Entonces? Bueno, si estamos ante un régimen que desoye a la Organización de Naciones Unidas, al tribunal de la Corte Penal Internacional, a las grandes potencias mundiales en sus requerimientos básicos, nada podemos esperar. Estamos en situación de secuestro institucional y personal. Aquí todos estamos presos de alguna manera, sujetos por el régimen por pies y manos y bocas, por supuesto. Vean los medios libres que puedan quedar como están de contenidos. Autocensurados o censurados directamente si no bloqueados, como suele ser a menudo la lucha de este medio por el cual hoy escribo tratando de divulgar, cosa que le agradezco infinito. 

A los venezolanos nos queda gritar al viento por las cuatro esquinas nuestro secuestro. Tal y como algunos hacemos fuera y dentro del país. Pero esa resistente vía divulgada no es suficiente. Ya lo sabemos. Nos queda articularnos, agruparnos, hasta conseguir un acuerdo de esta resistencia en pos de la liberación. Mi consejo: no se quede solo rumiando su pena, o su angustia, o su dolor. Busque unirse a algún grupo, político, social, el que sea que se encamine a conseguir la salida de este marasmo colectivo. 

Pero, ir a buscar el diálogo con tapias no es procedente. Eso, hace años, se acabó y para siempre con estos agentes del terror y la criminalidad. Internacionalmente tiene la palabra el tribunal que habrá de determinar los delitos y los delincuentes. A lo interno nos queda luchar por lo nuestro hasta obtenerlo. Me avisan. 


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