Esta guerra la perdemos
Escrito por Enrique Pereira   
Viernes, 28 de Agosto de 2009 08:25

altLadran, ladran en todas las esquinas. Exhiben sus rabias y ahora sí, sin mirar para los lados, reparten represión de la buena a todo el que levante su voz. Ayer lo demostraron, desde La Trinidad, en la fracasada reunión del ministro de educación acerca de la nueva ley, hasta la brutal represión contra unas familias de damnificados en las cercanías de Antímano. El país se levanta en desacuerdos y esta desgastada revolución no tiene más argumentos que los que se esgrimen con peinillas y bombas de gases. Necesitarán más ballenas y más coroneles para contener a este pueblo que aprendió a correr entre las bombas.

Autoritarismo del bueno: desde la Asamblea, en los tribunales, en la fiscalía, con todas las instituciones volcadas a contener a un pueblo que demuestra su inconformidad. Excusas y más excusas, para tratar de esconder lo que no se puede ocultar. Corren duro en la huida hacía adelante, en uso de la más trillada de las técnicas del comandante. No les ayudará esta vez. Esta vez no tienen pueblo, lo perdieron en sus andanzas, en sus fracasados intentos de igualar a una sociedad con el rasero bajo y miserable, al tiempo que para ellos usaban el alto y generoso. Todavía recuerdo los sofás de buena piel de la casa de Juan Barreto, a quien no tuvieron ninguna prisa en condenar, a pesar de las descaradas denuncias que provinieron de su actuación como Alcalde Mayor. Este pueblo no es pendejo.

Llegó la hora de los errores y los están haciendo como siguiendo el librito. Así como copiaron una revolución “sesentona”, también copiaron la represión de aquellos años, las persecuciones y la repartición de miedos. Falta poco para que aparezca un Pedro Estrada, las torturas y los desaparecimientos, al mejor estilo de la dictadura de Pérez Jiménez.  Llegó la hora de hablar con el látigo, pues al verbo se le acaba la gasolina. “La revolución se volvió fastidiosa y aburrida”, escribía un periodista ayer. La morrocoya, la mata de mango y las arañas ya no convencen y el amor ahora se expresa con las tropas en la calle, para enviarnos un mensaje de intimidación a los que levantamos nuestras voces en constitucional protesta. Los policías que amanecieron en Altamira hoy, no son precisamente una muestra de amor.

Hoy se abren las cartas en Unasur. Guerras continentales de verbo, alrededor de una tensión que asusta al continente. Los miedos de una guerra tratarán de ser detenidos por los que aun entienden el daño que nos produciría un enfrentamiento armado en esta America nuestra. Hoy se enfrentan las dos tesis, de la misma forma que se enfrentan todos los días en Venezuela. La verdad nunca tiene dos dimensiones y la verdad no está del lado del chavismo. Los tiempos han cambiado y los acontecimientos le han hecho perder su poder de convocar y engañar. No la tendrá fácil ante las circunstancias que se le presentan producto de sus fingidas maniobras. Hoy le cobrarán la cuenta. Esta vez no terminarán abrazados.

Hoy jugaremos a la guerra en Unasur, la guerra de las palabras y los discursos y tengo el presentimiento de que esa guerra la perderemos de largo a largo, pues el morral de mentiras le pesa a nuestro gobierno más que un collar de metras. Así será difícil moverse en esos escenarios, donde le están esperando algunas sorpresas que tendrá que enfrentar. En el llano, cuando se está perdiendo, suelen decir: “Boto tierrita y no juego más”, en estas “guerras”, eso no está permitido. El coronel Benavides no estará allí para ayudar.


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