Las violencias rojas
Escrito por Fernando Luis Egaña   
Lunes, 05 de Marzo de 2012 13:30

altLa violencia es la marca más endógena de la "revolución bolivarista". Violencia criminal, ética, política, social y económica. Violencia destructora de Venezuela. El ataque matonero a la caminata de Capriles en Cotiza es el típico episodio del guión bolivarista de intimidación política a través de la violencia. En un país con un sistema democrático, tal situación generaría una crisis de alcance nacional, pero en la Venezuela sojuzgada por la satrapía roja, tales hechos forman parte de lo "esperable" y, peor todavía, de lo cuasi-tolerable.

Y es que la violencia aplicada o estimulada desde el poder, se ha convertido en el clima "natural" del devenir venezolano en todos sus ámbitos. Tragedia que, por cierto, no siempre es debidamente encarada  por instancias defensoras de los derechos humanos, acaso más preocupadas en encontrar un "balance" en sus planteamientos, que en denunciar la gravedad de la violencia oficial, oficialista y oficiosa.

La masividad de esta violencia es tal, que ya buena parte de la nación venezolana se encuentra más que aturdida, dedicada a la supervivencia y dispuesta a costosos sacrificios con tal de no caer o perecer en las garras de las multiples formas de violencia que asolan al país. Es la lógica del control hegemónico o totalitario: que la víctima le agradezca al verdugo que hoy sólo me cortara el brazo, y no el pescuezo...

El régimen imperante produce violencia institucional cuando aplasta el derecho con la arbitrariedad, es decir cuando se desenvuelve a su manera en cualquiera de los campos de la acción
pública. Genera violencia económica cuando asalta la propiedad productiva, con la excusa de las expropiaciones, y demuele, en la práctica, toda garantía de respeto al derecho de propiedad.

Causa violencia política cuando sataniza a los críticos y la crítica, y hasta los "animaliza" en un intento por despojarles su propia condición humana. Suscita violencia moral cuando falsea la
realidad con la propaganda, desinforma y manipula todo lo que pueda, y se empeña en distorsionar la historia llegando al extremo de intentar abolirla conforme a sus intereses, como bien denunciara y documentara Manuel Caballero.

Y empuja la violencia criminal que ha transmutado a la sociedad venezolana en una de las más violentas del planeta, con 20 mil asesinatos al año y el aumento sideral de todos los tipos delictivos, en no poca monta perpetrados por la criminalidad organizada al amparo del poder estatal.

Son muy intensos los odios exacerbados y creados por todo esto, y son dramáticas las estimaciones de la cantidad de armas en posesión indiscriminada. Una combinación tan perfectamente atroz como eficaz para la violencia. De allí que la naturaleza política de la violencia social sea una realidad que no se deba soslayar, sino destacar como primer paso para que pueda ser superada.

La aspiración de convivencia pacífica y el derecho a la vida, la seguridad y el sosiego que tienen los venezolanos, sólo podrán hacerse efectivos cuando dejen de campear las violencias rojas.

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