| Izquierdas y derechas |
| Escrito por Ramón Piñango |
| Martes, 31 de Enero de 2012 06:46 |
La semana pasada emergió el viejo planteamiento de "derechas e izquierdas". Y de mala manera. Como acusación, con todo lo que ello implica.
No hay que señalar a nadie porque no hay culpables sino viejas formas de pensar que muchas veces emergen en medio de la lucha política, sin sopesar las posibles consecuencias de ciertas aseveraciones públicas en tiempos tan aciagos y complejos como los que vivimos. Sin embargo, sirva la ocasión para preguntarnos en esta circunstancia ¿cree alguien que en un país como Venezuela, ahora para salir de este régimen o luego para gobernar, tiene sentido hablar de hablar del anciano dilema derecha-izquierda? Es posible que haya personas o grupos cuya brújula política opere señalando el norte de la izquierda o de la derecha, según la preferencia de quien trata de orientarse. Sin embargo, es muy difícil que la respuesta a los problemas concretos de la inmensa mayoría de la población empleo, seguridad personal, vivienda, salud, educación- se pueda encontrar preguntándose primero qué cosa es de izquierda y qué de derecha. Es tal la complejidad de los problemas que enfrentamos y enfrentaremos, que muy probablemente la solución que mejor responde a nuestra preferencia ideológica, de derecha o de izquierda, no produzca los resultados esperados, incluso que sean contrarios a lo deseado. Y al revés, que funcione lo que parecía que no iba a funcionar.Además, en la práctica siempre interviene el cómo se hacen las cosas. Las cooperativas constituyen un buen ejemplo. Con frecuencia las cooperativas gozan de la simpatía de los llamados progresistas y de las antipatías de los conservadores. En la realidad abundan los ejemplos de fracasos de cooperativas promovidas por el Estado, pero también hay muchos ejemplos de ejemplos de cooperativas muy exitosas promovidas por empresas privadas. El éxito de las cooperativas depende más del cómo se construyen y manejan que de las intenciones de quienes las promueven. Por lo demás, no es raro que izquierdas y derechas coincidan en determinada política por razones muy diferentes. Es el caso de la autonomía de las universidades como garantía de la diversidad de pensamiento. La vieja izquierda comunista nunca creyó en ella y por eso la eliminó en donde le tocó gobernar. En nuestro país trató de imponer el marxismo en nuestras universidades públicas. Por su parte, la llamada derecha nunca vio con simpatía la autonomía. Un grupo de valiosos venezolanos la defendió de unos y otros sectores, y hoy la universidad constituye un valioso baluarte contra el autoritarismo homogeneizador de este régimen. Que hay sectores conservadores apegados a ciertos dogmas cuando de diseñar la sociedad, su política y su economía se trata, no hay duda. Tampoco hay duda de que hay sectores que les gustaría avanzar rápidamente en la transformación de la sociedad cuestionando viejas tradiciones e intereses económicos. Sin embargo, ante el enredo de país que tenemos, ante la fragilidad social que está poniendo en peligro la misma supervivencia de las personas y cultiva la anomia y la anarquía, ante la amenaza del autoritarismo militarista, ante la cada vez más aguda protesta social, no parece que ni derechas ni izquierdas se pueden salir de cauce con insensateces. Aunque haya gente más afín a uno en manera de pensar, será inevitable que, antes de octubre y después de octubre, quienes se consideran de izquierda necesiten a la gente que llaman de derecha y viceversa. La fuerza de las circunstancias los unirá. Veremos un fluir de personas y planeamientos. El futuro del país dependerá del triunfo del pragmatismo creativo que responda eficaz y responsablemente a las graves necesidades de la gran población. Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla www.el-nacional.com |
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