| Protocolo Urrutia, el tratado que pretendió evitar una guerra civil en Venezuela |
| Escrito por Luis Perozo Padua | X: @LuisPerozoPadua |
| Domingo, 06 de Octubre de 2024 07:28 |
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una reforma constitucional para perpetuar el poder del presidente José Tadeo Monagas, consagrando la reelección y legalizando el nepotismo y la corrupción, entre otros vicios. Tanto los conservadores descontentos desde 1848, como los liberales que venían confrontando las políticas “personalistas” de Monagas, unieron sus causas para emplazar a viejos caudillos como Juan Crisóstomo Falcón y a José Antonio Páez que estaba en el exilio, para urdir una revolución y confrontar al tirano en el poder. Finalmente, el general Julián Castro, gobernador de la Provincia de Carabobo, se hizo cargo del asunto y encabezó la rebelión conocida después como la Revolución de Marzo. Entonces Castro marchó con cinco mil hombres que integraban el Ejército Libertador, desde Valencia y que, en solo diez días, sin una sola baja, ocupó Caracas para propiciar la renuncia del presidente José Tadeo Monagas y la de su sobrino-yerno Pablo Giuseppi quien fungía como vicepresidente. Monagas, luego de presentar su dimisión al Congreso el 15 de marzo de 1858, buscó asilo en el consulado francés, junto con su yerno y su antiguo ministro, Jacinto Gutiérrez. Una turba sitió la casa del Consulado francés gritando con euforia contra el expresidente, exigiendo el sometimiento a juicio e increpando -incluso- su muerte. El hostil escenario obligó a los agentes diplomáticos extranjeros izar las banderas en los predios de la legación francesa para acentuar el hecho de que Monagas se encontraba amparado por el asilo diplomático. Salida diplomática Con la renuncia de Monagas surgió un nuevo Gobierno con Pedro Gual como presidente provisional, cargo que ejerció desde el 15 al 18 de marzo. Figuran también conservadores de reconocimiento general como Manuel Felipe de Tovar como secretario de Interior y Justicia y Fermín Toro como secretario de Hacienda; así como liberales de trascendencia entre los que destacan Wenceslao Urrutia, nombrado secretario de Relaciones Exteriores de Venezuela (canciller) y quien será el tatarabuelo de Edmundo González Urrutia presidente electo de Venezuela el 28 de julio de 2024. En medio de este caos, el 26 de marzo de 1858, el canciller Wenceslao Urrutia, en un intento diplomático para evitar más violencia y una posible guerra civil, convocó al cuerpo diplomático a una conferencia «con el fin de convenir en el mejor modo de lograr los deseos, tanto del Gobierno de la República como del Cuerpo Diplomático, relativamente a la pronta salida del país del Señor general José Tadeo Monagas y su familia, sin menoscabo del decoro de los pabellones extranjeros ni de la dignidad del Gobierno». Después de una breve discusión, se acordó que Monagas se pondría, a disposición del nuevo gobierno, cuyos miembros empeñarían su palabra de que el exmandatario no sería sometido a juicio, ni vejado en manera alguna. Asimismo, Monagas sería acompañado a una casa particular por el gobernador de la provincia, el ministro francés, o cualquier otro miembro del Cuerpo Diplomático que así lo desease. Dispondrían de una guardia en la puerta de la casa para evitar todo vejamen o tumulto. Podrían vivir junto con Monagas su esposa y su hijo José Tadeo y entrar y salir de la casa de habitación sus hijas, los miembros del Cuerpo Diplomático y todas aquellas personas que no inspiren al gobierno ningún recelo. El gobierno se responsabilizaría de la seguridad del expresidente durante el tiempo que permaneciera en la casa. Expirado el plazo no fijo, pero sí muy corto, se daría al general Monagas pasaporte y salvoconducto para trasladarse con su familia al extranjero, garantizando el gobierno su seguridad hasta su salida del territorio nacional. Una vez suscrito el documento por el secretario de Relaciones Exteriores de Venezuela Wenceslao Urrutia (de quien fue tomado el apellido para nombrar el documento) y los representantes diplomáticos Carlos Eames, ministro Residente de los Estados Unidos; Ricardo Bingham, encargado de Negocios del Reino Unido de la Gran Bretaña; Leoncio Levraud, encargado de Negocios del Imperio Francés; Felipe José Pereira Leal, encargado de Negocios del Imperio del Brasil; José H. García de Quevedo, encargado de Negocios de España y Parma, y Pedro Van Rees, comisario Especial de S. M. el Rey de Países Bajos. El derrocado presidente Monagas salió de la legación francesa el 27 de marzo por la mañana y fue trasladado a la casa que se le tenía preparada. Por su parte, Jacinto Gutiérrez y Pablo Giuseppi, por su parte, ante el recrudecimiento de los disturbios frente al consulado francés, decidieron entregarse los días 30 y 31 de marzo respectivamente y fueron llevados a la cárcel. El canciller también renunció Cuando la totalidad de los miembros del gabinete conoció el texto del Protocolo Urrutia el 6 de abril de 1858, se indignaron y acusaron al canciller Urrutia de extralimitar sus funciones. Él había declarado al cuerpo diplomático que estaba «plenamente autorizado por el Gabinete». Dos días después, Manuel Felipe de Tovar, ministro del Interior y Fermín Toro, ministro de Hacienda, presentaron sus renuncias, acusando a Urrutia de haber empeñado sin consulta previa la palabra de sus colegas en el gabinete. Urrutia también renunció ese mismo día, alegando que actuó por instrucciones del jefe del Gobierno. El Consejo de Estado aceptó la renuncia de Urrutia más no la de Tovar y Toro. Demandan respeto al Protocolo Fermín Toro es nombrado secretario de Relaciones Exteriores e inmediatamente se plantea reconciliar las partes afectadas por el impase con el cuerpo diplomático que se sintió estafado por el Gobierno de Castro al desconocer el documento suscrito. “Para Toro, el concurso del Cuerpo Diplomático en la sumisión de Monagas no debía entenderse sino como una «prestación de buenos oficios» y a la vez -reconociendo como testigos de alta responsabilidad a los miembros del Cuerpo Diplomático- el gobierno venezolano no los consideraba como partes en la promesa hecha al general Monagas, ni creía que hubieran sido sus deseos intervenir en los negocios domésticos de Venezuela”, escribe el historiador Nikita Harwich Vallenilla. Las Legaciones de Estados Unidos, España, Brasil y los Países Bajos se mostraron de acuerdo con los principios expuestos por Toro. No obstante, el conflicto escaló cuando los encargados de negocios de Inglaterra Richard Bingham, y Léonce Levraud, de Francia, quienes ventilaban una posición frontal en contra de la Revolución de Marzo, exigieron cumplimiento inmediato del Protocolo Urrutia, declararon suspendidas sus relaciones oficiales con el gobierno venezolano y solicitaron la intervención de sus respectivas armadas. Bloqueo internacional El 5 de mayo, una escuadra aliada anglofrancesa se apostó frente al puerto de La Guaira y transmitió un ultimátum, exigiendo reparaciones y el cumplimiento del Protocolo en el término de 48 horas. El 5 de julio de 1858, se instaló la Convención en Valencia, que luego de encendidos debates sancionó que el encargado del Poder Ejecutivo no podía tomar resolución alguna sobre la salida del general José Tadeo Monagas del país «sin previa resolución de este cuerpo». Esto prácticamente daba al traste con lo firmado en el Protocolo, lo que conduciría a un fatídico conflicto armado internacional, por lo que Toro activó sus dotes de brillante político y diplomático, logrando así dominar la tempestad parlamentaria y persuade a los diputados de la Convención de Valencia de apoyar el Protocolo. El 5 de agosto, la Convención sancionó un acuerdo mediante el cual podía «el Jefe del Estado cumplir la promesa que hizo al general Monagas, cuando hayan desaparecido de nuestros puertos los buques de guerra ingleses y franceses». Eso no ocurrió, por el contrario, los representantes diplomáticos de Inglaterra y Francia se negaron al retiro de los buques antes de que se cumpliera lo estipulado en el Protocolo. Ambos se trasladaron a bordo de sus buques y transmitieron un nuevo ultimátum. El 12 de agosto de 1858 quedaban bloqueados los puertos venezolanos. Gracias a las maniobras del general Carlos Soublette, quien había sido enviado a La Guaira como jefe de operaciones para acabar con las hostilidades, consiguió se suscribiera un nuevo Protocolo, en virtud del cual las escuadras extranjeras levantarían el bloqueo y abandonarían los puertos de Venezuela, acción que se concretó el 30 de agosto. En cuanto a Monagas y Gutiérrez, fueron trasladados a La Guaira y desterrados rumbo a Martinica el 31 de agosto. Arrestado por conspirador Años más tarde, Wenceslao Urrutia se unió a la Federación y al poco es arrestado con los cargos de conspiración y sublevación. Fue conducido al islote de Bajo Seco, que se conoce como el primer campo de concentración de Venezuela. En 1868, es nombrado ministro de Hacienda, pero tiempo después de que asumiera el cargo, es excluido del consejo de ministros por el presidente Falcón. Cuando estalla la Revolución Azul, Urrutia sigue participando en la oposición al gobierno y a favor de la causa federal. El 17 de agosto de 1869, es atacada e invadida su casa por bandas de «lincheros» quienes señalaban a Urrutia como jefe del Comité Revolucionario Liberal. Ante la amenaza de muerte, Urrutia intenta escapar, escalando la pared divisoria con la casa vecina, perteneciente al coronel Lino José Revenga, ministro de Guerra, pero el esfuerzo le ocasiona la ruptura de un aneurisma, provocando su muerte instantánea. Sus restos reposan en el Panteón Nacional desde el 20 de abril de 1876. Wenceslao Urrutia nació en Caracas en 1795 y estudió derecho en la Universidad Central de Venezuela, donde obtuvo el doctorado en jurisprudencia civil. Es tatarabuelo del internacionalista Edmundo González Urrutia, presidente electo de Venezuela en los comicios del 28 de julio de 2024.
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