| Guayana Esequiba: el recurso petrolero en la proyección atlántica nos pertenece |
| Escrito por Dr. Abraham Gómez | X: @fabrahamgr |
| Lunes, 27 de Julio de 2026 00:00 |
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(y se decide) emprender para el desarrollo de la Nación, quedaba (y queda) sujeto y condicionado a los ingresos financieros (divisas de todo tipo contante y sonante), como resultado del proceso de exportación de tal elemento fósil que nos prodigó la naturaleza. En estos momentos, estamos bajo una confusa “tutela de administración dineraria” por parte de EE.UU. Desde hace bastante tiempo, estamos pagando con creces (y con cruces) la crítica situación en la cual nos encontramos; por el hecho de haber escorado (y atado), prácticamente, la vida de nuestro país al petróleo, de manera casi absoluta. Siguen siendo determinantes los ingresos relativos y contingenciales por concepto de venta del mencionado recurso, para casi todo como factor de renta. Dicho de otro modo, hemos sido tan “estúpidos” que recostamos toda la estructuración de las Políticas Públicas y concretamente la economía de Venezuela casi plena y de manera ilimitada a los proventos petroleros. Todo lo demás queda a las orillas y marginados; y con bastante opacidad en las cifras por concepto de recaudación impositiva. No temamos hacernos una sincera autocrítica; porque, tal hecho cooperaría, en mucho, para las respectivas correcciones. Una brevísima reseña histórica para ubicarnos en contexto. Acaban de cumplirse 104 años del reventón en la hacienda Los Barrosos. Para una mejor precisión sociohistórica, diremos que, en la madrugada del 14 de abril de 1922, los lugareños del pueblito La Rosa, cerca de la empobrecida Cabimas, estado Zulia, quedaron perplejos y sobresaltados; por cuanto, no comprendían lo que estaba sucediendo. Al principio sintieron una especie de movimiento sísmico; luego, un estruendo. Muchos vecinos llegaron a pensar que se trataba de un terremoto; sin embargo, ese grupo avecindado de pobladores fueron testigos de una “cosa rara” que brotó de las entrañas de la tierra, en los predios de Los Barrosos. Apreciaron una lluvia negra, un betún (vocablo que después sería de uso común); pero al principio decían es “una agua negra y viscosa” que se eleva como un chorro a sesenta metros de altura. Quienes hicieron las crónicas de tales acaecimientos relatan que los trabajadores de la Shell demoraron varios días en controlar con una válvula la potencia del incontenible líquido que cada vez brotaba con más fuerza. Dicen que los dueños de la hacienda Los Barrosos estaban asombrados y recelosos; porque ese pozo estuvo arrojando unos 100 mil barriles diarios de crudo día y noche, que se terminaron desperdiciando, pero que sirvió para develar el tamaño del yacimiento y su importancia. Acontecimientos similares – en mayor o menor proporción-, y con otras circunstancias se suscitaron en varias regiones de Venezuela; con lo cual podemos enfatizar que a lo largo del siglo XX se fueron emprendiendo nuevos y precisos descubrimientos, exploraciones tecnificadas y sostenidas explotaciones que le confirieron a nuestra nación la merecida categoría de país petrolero y la ocasión de hacerse cofundadora de la OPEP. Nuestro acervo experiencial petrolero no comporta una improvisación. Dejamos sentado ante el mundo que la condición y fortaleza de Venezuela de país petrolero no es un artificio de ayer para hoy; una sospechosa invención para coquetear con las transnacionales o una caricatura económica para justificarnos por el asunto litigioso que se dirime por ante la Corte Internacional de Justicia. En nuestra asistencia a las universidades venezolanas y a algunas instituciones públicas y privadas para atender algunas invitaciones académicas, con la finalidad de dictar conferencias --cuyo eje temático estriba siempre sobre la Guayana Esequiba-- se nos pide una opinión objetiva, en cuanto a cómo es eso que Guyana nos puede llegar a superar en comercialización internacional de petróleo. Las respuestas a tales interrogantes las hemos dado directas y contundentes, en estos términos: Guyana se ha burlado de Venezuela, de muchas maneras. Guyana ha irrespetado el contenido esencial del Acuerdo de Ginebra de 1966, que limita y restringe a las partes en litigio por la “Zona en Reclamación” a atribuirse soberanía y/o explotar unilateralmente los recursos que en esa área se encuentran; y por supuesto en la riquísima proyección atlántica. Debe esperarse hasta que haya, en los próximos meses, una decisión sentencial del Ente Juzgador de la ONU. No satisfechos con todo lo que han esquilmado hasta el presente en la Guayana Esequiba, luce vergonzosa la actitud de la excolonia británica estar promocionando nuevas concesiones petroleras para los próximos años, en lo que ellos han denominado “Proyecto Guyana a futuro”. A propósito, en recientes declaraciones, Irfaan Ali, el presidente guyanés, expone: “Están a subasta 14 bloques de petróleo en alta mar y que el Gobierno espera otorgar nuevos contratos para fines de año. La cuenca de Guyana es considerada la de más rápido crecimiento del mundo, con recursos estimados superiores a 25.000 millones de barriles de petróleo equivalente y una reserva estimada superior a 11.000 millones. Esta ronda de licitaciones permite al Gobierno de Guyana crear y administrar un marco fiscal y regulatorio mejorado. Lo que buscamos hacer es tener el mejor resultado posible para Guyana, dadas las lecciones que hemos aprendido. Hasta ahora, un consorcio de empresas: Exxon, Hess y CNOOC son los desarrolladores de un bloque gigante llamado Stabroek en la costa de Guyana. Buscamos un equilibrio para garantizar que el país obtenga el mejor trato posible en términos de ingresos y, al mismo tiempo, no asustar a los inversores”. Hemos reiterado a todo evento y tiempo que esos incalculables recursos nunca han sido ni británicos ni guyaneses. Esos recursos se ubican en la proyección atlántica de la Guayana Esequiba, inclusive en el frente marítimo del Delta del Orinoco, que no se encuentra incluido en la controversia. Tenemos una justa reclamación centenaria, que ahora se dirime en la Corte Internacional de Justicia; aguardando por un fallo congruente en pleno derecho, con base en las irrebatibles pruebas que consignamos en los distintos trayectos procesales a los cuales asistimos responsablemente. Estamos convencidos que tenemos todas las de ganar en la citada Sala Sentenciadora, siempre y cuando la resolución a este pleito sea justo. Estamos apertrechados de suficientes fundamentos probatorios de que la Guayana Esequiba es nuestra jurídica, cartográfica e históricamente. En la proyección atlántica que genera la zona controvertida, ha habido una ocupación abusiva de las transnacionales a partir de concesiones fraudulentas e ilegales que han venido recibiendo de los gobiernos guyaneses; como las que se pretenden seguir entregando; todas impregnadas de añagaza económica. Guyana no es un país petrolero. Esos recursos no le pertenecen.
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