La intemperancia política
Escrito por Ricardo Ciliberto Bustillos   
Lunes, 27 de Julio de 2026 00:00

altVivimos tiempos de incontinencia verbal, de propuestas desproporcionadas y planteamientos ajenos a la realidad.

Esto es, sencillamente, intemperancia política. Entendemos que algunos de buena fe, debido a las dolorosas consecuencias de los recientes eventos sísmicos, hayan echado mano al expediente de señalar individuales responsabilidades o de apuntar a cierta culpabilidad gubernamental.

Es entonces cuando se acude, erróneamente, a la tesis de la sustitución inmediata del régimen, bien sea por vía de una junta de gobierno o por medio de unas elecciones, asuntos estos que, a nuestro entender, no resuelven, ni momentánea y menos satisfactoriamente, la grave situación que atraviesa el país.

Preocupa, igualmente, la insistencia en ver a María Corina Machado, no solo como una dirigente política de primer orden, con un inmenso apoyo popular, con extraordinaria capacidad para dirigir una Venezuela destrozada, además de tener excepcionales aptitudes que, por añadidura, resultan necesarias en esta crucial coyuntura.

En todo caso, suscita alarma que la miren -también- como una reedición de Eva Perón, (Santa Evita, en palabras de Tomás Eloy Martínez) a la que el pueblo argentino invocaba, rendía culto, solicitaba su ubicua presencia, aceptaba la más mínima dádiva y hasta le adosaba atributos divinos o celestiales. Ello sería cometer un error garrafal que, de paso, nos dejaría incontables y lamentables secuelas.

Muchos, y no con plausibles intenciones, utilizan la descollante figura de MCM para proponer cuanta insensata iniciativa se les ocurre o para, utilizando empalagosos elogios o repugnantes lisonjas, “colearse” en su círculo cotidiano.

Pareciera que no aprendemos. Dos ejemplos bastan para subrayar lo dicho: a Carlos Andrés Pérez lo endiosaron de tal manera que, posteriormente, cuando la situación se le puso adversa, muchos de sus seguidores lo abandonaron al punto de intentar arrojarlo a la “cuneta” de la historia. Y Hugo Chávez que, salvando las inmensas distancias, algunos “vivos” pretenden revivirlo en el imaginario popular, a pesar de las calamidades que ocasionó.

De ídolos, elevados y luego caídos, está esculpido nuestro accidentado pasado.

Así las cosas, aquí cabrían algunas inquietudes, para nada fuera de lugar: ¿Por qué no dedicar todos nuestros esfuerzos a la liberación de los presos políticos? ¿Por qué no poner nuestro máximo empeño en reconstruir los partidos políticos, hoy en día hechos jirones, cuando no inexistentes? Entendamos de una vez por todas: no hay democracia sin la presencia de estos. ¿Por qué no exigir, de manera contundente y a la mayor brevedad posible, la restitución del carácter institucional del C.N.E., el T.S.J. y la F.A.N.B.? y ¿Por qué no solicitar con extrema firmeza una hoja de ruta factible?

Respecto a esto último, es verdad que se han logrado avances gratificantes, pero todavía quedan fundamentales temas en el tintero que – inevitablemente - deberemos abordar.

Proponer soluciones sin posibilidad alguna o sin anclaje realista es un contrasentido, por no decir una insensatez.

En nuestra opinión, aceptar más violaciones constitucionales, promover salidas abruptas, integrar juntas de gobierno o realizar apremiantes elecciones no suponen una acertada respuesta a este intrincado panorama. Hay elementos que anteceden, que son prioritarios y que resultan esenciales para la democratización del país.

En conclusión, debemos ser más cautelosos respecto a la intemperancia política, sobre todo en estas difíciles horas y más aún, con estos nuevos discursos y posturas que, de alguna forma, encierran inocultables ribetes de populismo.


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