La mayor derrota de los británicos. El Imperio del Sol Naciente (VI)
Escrito por Carlos Balladares C. | @Profeballa   

altEn la serie The Forgotten Army - Azaadi ke liye (2020) se reconstruye una escena donde un ejército de japoneses

en bicicletas atacan a desprevenidos soldados indios del Imperio inglés que defienden la península Malaya y en otra se ve la imponente celebración nipona de la caída de la mayor fortalece del oriente: Singapur. Tanto vencedores como vencidos le dieron una gran importancia a esta batalla por lo que se filmó la rendición del teniente general Arthur Percival ante el general Tomoyuki Yamashita, y el Imperio del Japón haría una marcha musical y películas propagandísticas en su honor. La producción historiográfica es abundante junto a los documentales, y Singapur (Estado independiente desde la década de los sesenta) ha generado varios films sobre su historia en la Segunda Guerra Mundial (SGM). Una vez más sir Winston Churchill marcó el camino de la escritura de la historia al definir este hecho que ocurrió el 15 de febrero de 1942 como “el peor desastre y la capitulación más grande de la historia británica” y la cual casi le costó el cargo de Primer Ministro. 

¿Por qué fue el mayor desastre y cómo fue posible? Ambas respuestas están en la percepción que mantenían tanto decisores como soldados al inicio de la SGM. Los perdedores de la Primera Guerra Mundial y/o los que intentaban construir sus nuevos ámbitos de influencia: Alemania y Japón, abandonaron las formas de entender la guerra que habían determinado las batallas hasta el momento y asumieron ideas novedosas. Mientras los antiguos vencedores se aferraron a las tácticas defensivas y la confianza en su dominio imperial. Una de estas ideas erróneas que mantuvieron los occidentales fue el desconfiar de la capacidad de los japoneses para poner en peligro sus colonias que habían establecido desde los siglos XVIII y XIX en la región. En el caso de Europa será el origen del Blitzkrieg (guerra de movimientos centrada en la capacidad de penetración de los tanques apoyados por la artillería y la aviación) que durante poco más de dos años permitió entre otras causas que el Tercer Reich dominara buena parte del continente. Algo muy parecido harán los nipones en el sureste asiático y el Pacífico pero ¡en tan solo 6 meses! La velocidad e intensidad de la ofensiva forjará el derrotismo en la mentalidad de fuerzas más numerosas. Es por ello que fue el mayor desastre en la historia del Imperio Británico, porque poco más de 120 mil soldados (sumados tanto la campaña de Malasia como la Batalla de Singapur) caerán prisioneros ante ¡un ejército enemigo que era tres veces más pequeño en hombres!

El Reino Unido era la mayor potencia del mundo para la época y se consideraban invencibles, es probable que llegaran a dudar de dicha condición al enfrentarse sus “hermanos” europeos pero de los asiáticos jamás. La isla-fortalece de Singapur se habían construido en el período de entreguerras (1919-39) y estaba imbuida de estas percepciones por lo que toda autoridad al referirse a ella siempre usaba sinónimos como “inexpugnable” e “imposible de invadir”. Las defensas costeras poseían artillería naval que hundirían cualquiera que se atreviera invadirla en caso que superaran el duelo con la primera armada del mundo: la Royal Navy. Por esta mentalidad confiaron en que los japoneses no atravesarían la jungla de mil kilómetros que era la península malaya que con su densa selva y abundantes ríos impedirían que tanques, cañones y soldados llegaran hasta el límite con Singapur que poseía una calzada que los unía pero que era fácilmente inundable. Esta defensa natural estaba en sus manos por lo que no se molestaron en colocar cañones y muros defensivos en dicha costa. 

En nuestro artículo de la segunda semana de enero, explicamos cómo se desarrolló la primera parte de esta campaña la cual se inició justo al día siguiente del ataque a Pearl Harbor al igual que en otras islas y regiones del sureste asiático y el Pacífico (para lograr el control de recursos, el petróleo indonesio fundamentalmente, y un perímetro defensivo), y la derrota de la Fuerza Z de la Royal Navy el 10 de diciembre de 1941. El dominio de los mares y los cielos facilitó la tarea del Ejército japonés pero no le quita el mérito de la gran proeza de atravesar en dos meses la jungla combatiendo contra el doble de soldados en más de 80 batallas, introduciendo tanques y bicicletas en las selvas y tomando y/o reparando más de 250 puentes. Para después atacar una fortaleza el 5 de febrero con un millón de habitantes y mayor número de defensores, desembarcando en el lugar menos esperado: no en las playas del Este donde los esperaban sino en los manglares del Oeste. La orden de Churchill al teniente general Percival fue clara: 

Espero que sea defendido cada palmo de tierra, que todo elemento útil salte en pedazos antes de caer en manos del enemigo y que la idea de rendición no debe, en ningún momento, cruzarse por la mente, a menos que los combates ya se estén desarrollando entre las ruinas de la ciudad.

Pero antes de comenzar la batalla definitiva que exigía los mayores sacrificios por parte de las tropas de la Commonwealth, ya estaban derrotadas. El espíritu bushido y el liderazgo y audacia del general Yamashita había destruido todas las leyendas en torno a Malasia, Singapur y el prestigio británico. Cuando se sabe la noticia del avance hacia la ciudad comienza la locura de deserciones de los combatientes y la huida de la población. La aviación destruye las fuentes de agua dulce y en general las municiones se acaban. Churchill sigue exigiendo la lucha hasta la muerte pero Percival decide negociar con el enemigo, un enemigo que será inflexible y exige la rendición incondicional la cual fue aceptada. Yamashita es bautizado como el “tigre de Malasia” y en Japón se dan grandes celebraciones.  

Las consecuencias fueron terribles para los Aliados pero también para la población de Singapur que sufriría la cruel represión nipona que se centró especialmente en los chinos de la ciudad (serie de TV en Singapur: A war Diary, 2001). Se aceleró la ofensiva en Java y Timor y las amenazas sobre Australia se hicieron realidad cuando el 19 de febrero de 1942 fue atacada su base naval y aérea más importante (el llamado “Pearl Harbor de Australia”, aunque su costa norte padeció más de 60 ataques aéreos desde esta fecha hasta finales de 1943). 242 aviones de los cuatro más importantes portaviones de la Armada Imperial en la que una vez más la primera oleada fue comanda por el famoso piloto Mitsuo Fuchida. 250 víctimas y más de 35 embarcaciones hundidas o dañadas y más de 20 aviones destruidos. 

En Australia la población civil temía una posible invasión y al final dicho temor reforzaría las defensas en Salomón y Nueva Guinea y posteriormente la lucha en Guadalcanal. Y el hecho más conocido por su representación cinematográfica fue el destino de los más de 120 mil prisioneros de guerra que salieron de Singapur a construir el famoso tren de Birmania entre otros campos. La ganadora de siete Óscar: El puente sobre el río Kwai (David Lean, 1957), pero también está el biopic: The Railway Man (Jonathan Teplitzky, 2013) y existe un documental: Siam Burma Death Railway (Kurinji Vendan, Rajsankar, Saravanamoorthy; 2014). Otros documentales que deben ser nombrados son: The Fall of Singapore: The Great Betrayal (Paul Elston, 2014) y Singapore 1942- End of Empire (2012). La otra importante consecuencia es la que representa la serie de la India que citamos al principio y en la que 40 mil soldados de este pueblo se unen a los japoneses para luchar por la independencia de su nación. La semana que viene seguimos en el Frente Oriental y el Pacífico. 

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