Estados Unidos y China ¿Amos del mundo?
Escrito por Alexander Cambero | X: @alexandercamber   
Domingo, 24 de Mayo de 2026 00:00

altUn mundo que se debate entre fuerzas antagónicas.

El presidente Donald Trump viajó a China para encontrarse con Xi Jinping en un episodio geopolítico convulso. En Washington sienten que su desgaste político viene trayéndole dificultades económicas que capitaliza eficazmente la inteligente Beijing, con la astucia milenaria de ejercitar la conflagración antes de empuñar las armas; atrajo al ratón hasta su trampa.

El cebo es el crecimiento chino que imparablemente controla mercados, reduciendo a los Estados Unidos a tener que inventariar su estrategia perdida en las nebulosas de sostener que la guerra devolverá el predominio ejercido durante décadas. En estos encuentros, es fundamental en el ánimo de la comprensión saber interpretar lo que no se dice. Las puestas en escena definen mejor las cosas.  Al mandatario norteamericano lo recibió el vicepresidente Han Zheng; no es un gesto meramente protocolario, es indicarle que su destino será la medalla de plata en el podio mundial, que quien ejercerá el liderazgo universal lo espera en sus predios, que no se olvide de llevarle la corona de olivos para ensalzar al exultante Xi Jinping. 

En el palacio del pueblo aguardaba el gran tigre asiático. Alfombra roja y honores de Estado para el presidente norteamericano Donald Trump. Caminaron por el amplio complejo Zhongnanhai, que sirve como asiento presidencial y sede central de la cúpula del Partido Comunista. Segunda enseñanza: la de mostrarle a su adversario el envase que contiene el origen de sus estrategias, todo como la base de lanzamiento de lo que compartirían en las conversaciones privadas. El debate debió haber sido un sincericidio. Cada uno conoce cuáles son sus potencialidades en este momento cuando la volatilidad es la ruta que impera en la realidad universal. China contraataca haciendo inversiones que rompen récord en Europa 18.976 millones de euros en el 2025 (un crecimiento del 67% con respecto al año anterior). América recibió 14.710 millones de dólares. En los Estados Unidos, unos importantes nueve mil millones de dólares. Como podemos observar, su énfasis está en consolidar el mercado actuando bajo la égida de la libertad comercial. La estrategia estadounidense se afianza en el control del petróleo. Con Venezuela en la bolsa, nuestro país recibió más de treinta mil millones de dólares en préstamos chinos que cancelaba a través de cuatrocientos mil barriles diarios que iban como amortizador de la deuda venezolana; teniendo el control ahora Estados Unidos, el asunto cambia sustancialmente. Quieren tener pleno dominio sobre el estrecho de Ormuz, por donde circula diariamente más del 25% del hidrocarburo mundial. Manejando este espacio estratégico, pueden ahorcar la economía mundial y obligar a China a negociar en términos desventajosos. Para poder operar el gigantesco armazón del Estado, China requiere del petróleo mientras desarrolla otras fuentes de energía. Ese es el as debajo de la manga de Trump, pero comete un error táctico que sus asesores pasaron por alto. Y no es otro que China no es la extinta Unión Soviética. Uno de sus grandes fracasos fue el estatismo. La rigidez asfixiante de su planificación terminó ahogando cualquier iniciativa. La escasez crónica de bienes y servicios y la excesiva dependencia del estancamiento se hicieron intolerables. Tenía el control esclavista de países sometidos a sus dictados. La desproporción hegemónica un buen día rompió las costuras de la obesidad mórbida del aparato estatal para estallar en pedazos. Fue muy fácil para Estados Unidos darle los santos óleos a un paciente terminal. La China actual es harina de otro costal. Su sistema económico privilegia el libre mercado. Juega con las mismas reglas que Estados Unidos en esta área estratégica. La guerra silenciosa es con planes financieros que persiguen captar la inversión en los mercados. Ganar espacios para ir neutralizando al otro gigante económico. Es producir riquezas que espanten cada día a la pobreza como el ensayo errático de aquellos que sostienen que el estado siga siendo quien lo controla todo. Esa es la gran conflagración en escenarios que pocos conocen.    

La declaración final de Xi Jinping fue la fina cereza del pastel. Su discurso lo llevó hasta lograr la paz manteniendo una relación de respeto. No elogió a Donald Trump, se refirió en términos laudatorios a los Estados Unidos, pero para encauzar el asunto habló de la trampa de Tucidides, que tiene que ver con la lucha que puede darse entre la gran potencia de siempre y aquella que emerge con la intención de destronarla. ¿Quién terminará imponiéndose? Sencillamente, aquella que sepa que es cooperando y no tratando de ejercer el coloniaje la que al final servirá de guía.

@alecambero                                                                          

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 


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