María Corina en Madrid: ¡a la venezolana!
Escrito por Trino Márquez C. | X: @trinomarquezc   
Jueves, 23 de Abril de 2026 01:59

altLa concentración convocada por María Corina Machado en Plaza del Sol, Madrid, fue extraordinaria.

Superó los cálculos más optimistas de sus promotores. Sin autobuses pagados, ni funcionarios públicos chantajeados, obligados a hacer bulto y firmar planillas de asistencia vergonzosas, la Premio Nobel 2025 logró desbordar el espacio y las calles adyacentes. Miles de venezolanos se encontraron en la famosa plaza para celebrar su presencia y reencontrase con la esperanza de una Venezuela libre, democrática, incluyente y próspera.

El discurso y la puesta en escena del acto tuvo dos destinarios fundamentales: el régimen presidido por Delcy Rodríguez y el presidente de Estados Unidos, Donald Trump.Desde el color rojo exhibido por María Corina en la chaqueta que usó en el Ayuntamiento de Madrid, donde recibió la Medalla de Oro de la Comunidad, hasta el tono de su discurso, todo tenía el propósito de evidenciar su condición de líder de un país que espera conseguir pronto el camino del crecimiento sostenido y equitativo, en un ambiente signado por el respeto a los derechos humanos y la vigencia de una constitución en la que predomine el acento civil y republicano.

María Corina no estuvo en Plaza del Sol pidiendo permiso para regresar a Venezuela. Simplemente demostró que cuenta con la fuerza, claridad y respaldo para retornar a un país donde la soberanía nacional, expresada en las urnas electorales, fue confiscada hace décadas. Les dijo a los jerarcas del régimen que retornará a Venezuela porque ella es parte esencial de esta nación, no solo de ese segmento que fue expulsado por las políticas ruinosas instrumentadas durante el largo ciclo del socialismo del siglo XXI y el populismo petrolero, sino de los millones de venezolanos que siguen padeciendo la incompetencia de unos gobernantes asaltaron el poder. 

El otro destinatario del discurso y el acto de María Corina fue Donald Trump. El gobernante norteamericano debe comprender que el ritmo de los cambios en Venezuela no los decide él de forma unilateral. No es su instinto el que marca la velocidad. El país fue fraguando durante muchos años un liderazgo del cual ella es la expresión más acabada. Esa capa de dirigentes, y el pueblo que la respalda, han llevado el pulso del país. Han sufrido la miseria, la persecución, la cárcel, la clandestinidad y el exilio. En la pelea alcanzaron los méritos suficientes para decidir cuándo y cómo debe darse la reconquista de la democracia.

Es indiscutible que sin la intervención norteamericana del 3 de enero, nada de lo que está sucediendo en Venezuela estaría ocurriendo. De ese episodio se beneficiaron la oposición y, especialmente, los nuevos gobernantes. Conviene recordarles a los olvidadizos que, de no haber ocurrido la extracción de Nicolás Maduro, lo más probable es que Delcy Rodríguez hubiese continuado siendo la Vicepresidenta, a merced de la voluntad de Maduro.  La vicepresidencia es un cargo de libre nombramiento y remoción por parte del Presidente de la República. De este asunto no habla el oficialismo. Sólo busca, por todos los medios, librarse de la sombra incómoda del mandatario depuesto.

En lo que corresponde a la oposición, los sucesos del 3-E abrieron la posibilidad de una transformación democrática en el país. El giro que se ha dado es notable. Sin embargo, de allí a subordinarse incondicionalmente a los designios de Trump hay un largo trecho. María Corina, con la sutileza e inteligencia necesaria, le dijo al Presidente de Estados Unidos que los cambios serán a la venezolana, no a la norteamericana. Está muy bien impulsar el crecimiento económico, la apertura petrolera y gasífera, levantar las sanciones financieras, abrir de nuevo la embajada americana. Pero, esos cambios no pueden promoverse a expensas de aplazar de forma indefinida la existencia de un gobierno legítimo, escogido por los venezolanos en elecciones libres y justas, y lograr una democracia plena, aspiraciones por las que los venezolanos han realizado incontables sacrificios durante casi tres décadas de régimen autoritario. 

En Madrid, María Corina le dijo a Delcy que sería muy costoso para ella y sus adláteres apresarla cuando regrese a Venezuela. Además, le sugirió a Trump que, a pesar de sus buenos oficios, los cambios serán como los venezolanos consideren conveniente. El ritmo será definido por quienes durante décadas han luchado sin tregua por rescatar al país de las garras de la corrupción y la incompetencia.

PD: Ante el glamoroso éxito de la concentración en Madrid, el régimen ha tratado de utilizar el penoso e injustificado acto protagonizado por un pequeño grupo de asistentes en contra de Delcy Rodríguez, para restarle brillo e importancia a la convocatoria. María Corina inmediatamente se desmarcó de ese bochornoso suceso. Carlos Baute, pieza clave del episodio, se excusó públicamente. Estas disculpas no han servido para aplacar la furia hipócrita del oficialismo. Lo ocurrido en Plaza del Sol, aunque deplorable, es insignificante frente a los incontables insultos y agresiones que los jerarcas del PSUV han proferido contra María Corina y los miles de venezolanos maltratados por ellos, sin que haya habido jamás la menor intención de pedir perdón.

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@trinomarquezc


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