| Vamos con Paloma Valencia |
| Escrito por Alexander Cambero | X: @alexandercamber |
| Lunes, 02 de Febrero de 2026 00:00 |
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Es una jornada histórica donde existe la posibilidad de poder vencer cívicamente a quienes han traído un modelo corrosivo para la tradicional estructura democrática del país. La fútil experiencia guerrillera gobernando a través de Gustavo Petro ha sido catastrófica y llena de un ambiente crispado que logró impedir el crecimiento económico y la evolución social. Un hombre lleno de carencias, atiborrado de odios y venganzas, ejerce desde el poder su visión retrógrada de la guerra de los mundos. Su falta de sindéresis hizo que Colombia perdiera terreno en áreas fundamentales para la inversión. Es un deslenguado contumaz que le busca entrometerse en todos los asuntos sin ocuparse de gobernar. Un provocador de oficio que pretende ser un erudito que cuestiona las grandes verdades de la humanidad sin presentar una prueba. La ligereza es propia de quien usa el micrófono después de navegar sobre las espirituosas aguas del aguardiente antioqueño. Los años de esta administración solo pueden mostrar números en rojo. El balance de su gestión es altamente negativo a la sazón de los incuestionables resultados negativos. El 8 de marzo se presenta la Gran Consulta por Colombia. Una serie de personalidades de indiscutibles méritos se presentará ante el gran jurado popular que determinará quién asumirá las banderas de este importantísimo y decisorio sector. De allí surgirá una robustecida candidatura que hará frente a otras opciones en donde destacan Iván Cepeda y Abelardo de la Espriella. Creemos que Paloma Valencia reúne enormes credenciales para lograr ser presidente. Es una mujer altamente capacitada y consustanciada con los gravísimos problemas que han sacudido la suerte de la nación en los últimos tiempos. Su labor parlamentaria es digna de elogios por parte de la sociedad colombiana que sabe de sus desvelos por la democracia. Con gran valentía desenmascaró todo este estado de cosas. Ese coraje demostrado en el arduo debate parlamentario forjó en ella el carácter necesario para emprender el reto de ser la primera mujer presidente de la nación. Una de sus fortalezas es su capacidad propositiva. No se ha quedado exclusivamente con la posta de severo juez instigador; por el contrario, viene exponiendo una serie de planes que vienen logrando un gran respaldo en los diferentes sectores. Es por ello que observamos su crecimiento en los últimos sondeos de opinión. Es de hecho la única candidatura que crece ante el indiscutible estancamiento de las otras. El 8 de marzo se presenta como el segundo escalón. El primero fue su elección como abanderada del Centro Democrático. Ahora ese reto constituye el nuevo desafío de esta mujer con nombre de alas al viento. Su ideario se funde en los principios de alguien de sólidos valores anclados a una prosapia familiar de profundas raíces espirituales. En el horizonte se asoman como adversarios Abelardo de la Espriella e Iván Cepeda. El primero es alguien que solo tiene compromisos con su ego mediático. Es un verdadero riesgo cuando alguien es una incógnita. Un personaje sin compromisos que puede perfectamente conciliar con el enemigo en una suerte de aventura en las alturas. Más sombrío en el atardecer de la irracionalidad se presenta Iván Cepeda. Es un inveterado peón estratégico de la guerrilla y el narcotráfico. Su función siempre ha sido ser la voz del crimen en el mundo legal. Es el abanderado de la izquierda en el poder, lo mismo que de todas las tenebrosidades que rodean a este hombre. Los colombianos solo tienen que observar la experiencia venezolana para comprobar lo que significa una dictadura despiadada. Admirador de los procesos totalitarios del mundo, es alguien con un proyecto perpetuador que puede terminar por hundir a Colombia. El ciudadano tiene que estar alerta ante semejante amenaza. Los demócratas tienen que romper filas en torno a la candidatura de Paloma Valencia. Ella simboliza el rescate de la nación hoy en garras del totalitarismo. Para lograr el propósito, se cuenta además con el presidente Álvaro Uribe Vélez como parte esencial de esta coyuntura histórica. Su indiscutible liderazgo es una brújula para el destino de Colombia. Con ellos la patria encontrará el camino extraviado.
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