| Paul Rudd: “Letras Robadas fue un papel soñado” |
| Escrito por Andrés Correa Guatarasma |
| Domingo, 05 de Julio de 2026 00:00 |
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Power Ballad (Letras robadas), una comedia “ética” sobre un plagio musical ambientada en Irlanda y Los Ángeles, es la lucha de un compositor por ser reconocido con justicia, pero también de un padre inmigrante cansado de su mediocre rutina, y de un hombre buscando el respeto propio: un personaje complejo que Paul Rudd asumió de la mano del director, músico y guionista dublinés John Carney (Once). En la otra esquina está Nick Jonas, en el rol de un cantante famoso con una carrera estancada que ve una “oportunidad” de oro al plagiarle una balada a un compositor desconocido al otro lado del mundo. Jonas y Carney son músicos y cantantes, Rudd no. Y allí comenzó el gran reto para el actor. “En todo momento fui muy consciente -y me sentía algo cohibido- de que estaba rodeado de músicos de verdad, cosa que yo no soy. Me gusta tocar música. Me gusta cantar, como a casi todo el mundo. Y en cuanto a la guitarra, aunque llevo años tocándola, no soy el tipo de guitarrista que tiene una gran destreza”, afirmó el actor nativo de Nueva Jersey (1969) y criado en Kansas, al comenzar una reciente rueda de prensa virtual. A Jonas no lo conocía, “y congeniamos de inmediato (…) No me dio ningún consejo sobre canto. Simplemente fue divertido; nos pusimos manos a la obra directamente. Probablemente tuvo la gentileza de no hacerlo; si no, me habría obsesionado demasiado con el asunto”, agregó Rudd. Y sobre Carney, “su forma de dirigir es como la de un músico”. Pero “No pedí consejo a músicos, colegas ni a nadie; simplemente me lancé de lleno. Supongo que mi preparación consistió en haberme pasado la vida imaginando y fantaseando con hacer esto. La música siempre ha sido tan importante para mí que me he pasado la vida imaginando cosas así, aunque no soy músico y esa nunca fue mi vocación. Así que fue divertido jugar a disfrazarme durante un par de meses”. -Dublín es musicalmente muy vibrante y, en cierto modo, misteriosa. ¿Qué tan bien conocía la ciudad al prepararse para interpretar a un músico estadounidense que emigró y formó una familia en Irlanda? En contraste con la mayoría, Rudd tiene fama de ser un actor afable, cordial y sencillo. Pero él evade esos halagos con humildad. “No creo ser especialmente buena persona”, declaró a The Wall Street Journal el año pasado. “Simplemente trato de ser educado. Intento respetar el tiempo de los demás. Llego puntual. No ser una imbécil, y ya está...”. Su carrera incluye mayormente comedias, pero también dramas y hasta el superhéroe Ant-Man de Marvel, personaje que también coescribió. “No pienso en términos de humor, comedia o drama. No creo abordar ciertas cosas de manera diferente. O sea, creo que cada papel exige lo que exige. Creo que esas cosas coexisten. Yo canalizo mis propias inseguridades, tensiones, traumas o lo que sea a través del humor. Y creo que probablemente imprimo eso en la mayoría de los papeles que interpreto. Pero también incorporo el humor cuando intento transmitir algo dramático, porque es lo que hago en la vida real”, continuó en la rueda de prensa de junio. Sobre el ángulo ético de esta trama, cree que es una situación mucho más común de lo pensado. “Es muy probable que, en muchas de las cosas que amamos y que significan algo para nosotros, haya habido alguien a quien se le negó el crédito o el reconocimiento por su contribución a crearlas (…) La cantidad de personas que no reciben el reconocimiento por lo que han creado probablemente nos abrumaría si realmente conociéramos la cifra”.
Power Ballad también aborda “el peso” de ser conocido y la presión de mantenerse en la cima, algo que muchos imaginan, pero pocos conocen con certeza. Por supuesto Rudd también se vio reflejado allí: “Hay ciertas cosas de la vida que se complican un poco debido al éxito que he tenido en esta carrera. Y, aunque hay muchísimas ventajas y aspectos positivos, también hay otras cosas que se vuelven un poco más complicadas. He notado realmente la diferencia desde Marvel, obviamente por el nivel de visibilidad. Ciertas cosas se vuelven un poco más difíciles, como estar entre grandes multitudes o cosas por el estilo. Pero trato de no centrarme ni hablar demasiado sobre las dificultades de ser famoso, porque es algo absurdo de lo que hablar; suenas como un completo cretino”. “Lo de Marvel... fue lo primero que hice que los niños podían ver. Así que mi vida cambió drásticamente”, añadió. En la acera del frente, siempre al acecho, están el fracaso y el olvido, y eso también lo tiene presente. “Algunas de las películas que hice simplemente no funcionaron, así como experiencias que tal vez no disfruté necesariamente, (pero) realmente destilaron lo que quiero hacer y me ayudaron a centrarme de verdad en ello. Y así, suele ocurrir que aquellas cosas que quizás no tienen tanto éxito son las que terminan siendo las más importantes en ese sentido”. Ello va de la mano con la manera como Rudd escoge sus personajes. “Si leo (un libreto), la pregunta es simplemente: ¿querría ver esto? Eso es lo primero. En segundo lugar, ¿hay algo en ello que realmente resuene conmigo, que me atraiga? Y pienso: ´Vaya, creo que sería divertido interpretarlo´. Por lo general te das cuenta mientras lees; te imaginas haciéndolo, imaginas cómo abordarías el papel. Pienso en eso. A veces, mientras leo, me digo: ´Creo que voy a querer hacer esto; creo que es algo que me encantaría interpretar´. O leo algo y pienso: ´Me encantaría intentar conseguir este papel. Puede que al final no salga, pero es algo que me gustaría probar´. (Pero) el resultado final es algo completamente distinto. Afronto prácticamente todos los proyectos en los que he participado pensando: ´Esto podría ser genial´. Mantengo una actitud realmente optimista al respecto. No siempre salen bien las cosas, y eso puede resultar un poco desmoralizante, o muy desmoralizante. Pero no mido el éxito realmente en términos de taquilla”. Al contrario, “Pienso en función de lo que obtuve personalmente, de si hay gente que conecta con la obra y también de cómo fue la experiencia de rodarla. Porque una película puede ser realmente pésima. La ves (como público) y piensas: ´Esa película fue un desastre. No tenía gracia, no conmovía, no aportaba nada´. Y esas dos horas de mi vida no las recupero. Pero cuando ruedas una película, el proceso dura unos tres meses. Y piensas: ´Voy a estar en este lugar, posiblemente lejos de mi familia. Voy a trabajar con personas con las que pasaré mucho tiempo´. Así que las experiencias en sí mismas cuentan muchísimo. He tenido experiencias realmente magníficas; de hecho, han sido mayoritariamente excelentes al trabajar en diversos proyectos. Pero lo que realmente me sirve de guía -mi ´estrella del norte´- es preguntarme: ´¿Me gustaría ver esto?´ y ´¿Hay algo en mi interior que me impulse a asumir este papel?´ (…) Lo que me entusiasma ahora es lo mismo que siempre me ha entusiasmado: la oportunidad de crear algo en lo que la gente pueda verse reflejada y que logre conmoverla”.
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