Reflexiones políticas sobre las elecciones de 2024
Escrito por Luis Fuenmayor | @LFuenmayorToro   
Lunes, 13 de Junio de 2022 00:00

altHe dicho que existen tres sectores principales en la política venezolana según sus influencias electorales:

el gubernamental, el opositor democrático y el opositor extremista. En todos hay una heterogeneidad, que va más allá de la esperada en procesos políticos estables, pero el sector que luce más diverso es el llamado opositor democrático, pues incluye distintos grupos procedentes del extremismo violento, varias fracciones desgajadas del chavecismo, agrupaciones viejas y recientes sin pasado de ejecutorias inconstitucionales, grupos apartidistas diversos y a quienes se definen como comunistas venezolanos. El que aparece como más homogéneo, por lo menos públicamente, es el sector gubernamental, aunque muchos dicen, o desean, que la procesión va por dentro. 

Ante tal diversidad opositora y, teniendo en cuenta que el apoyo popular del gobierno se ha reducido tanto, que la votación total opositora pasó a ser mayor que la del régimen, se viene planteando la necesidad de una alianza o unidad de toda la oposición, para poder derrotar al gobierno en las presidenciales de 2024. Este planteamiento es lógico, pero no se puede convertir en una restricción de tal magnitud, que limite o dificulte en alguna forma las acciones dirigidas a lograr el objetivo de derrotar al gobierno en las próximas presidenciales. La búsqueda de la unidad no puede ser paralizante, pues ésta no es en sí misma lo fundamental de la lucha, sino un instrumento para tratar de garantizar su éxito.

La unidad no es entonces un fin en sí mismo, ni algo que se obtiene totalmente o simplemente no se logra. Hay distintos grados de unidad, proporcionales al número de factores concurrentes en el escenario electoral. La unidad total es generalmente imposible, pues la diversidad se impone y la limita. Esto debe ser comprendido por todos y principalmente por la dirigencia de los partidos y otros grupos participantes en el proceso. Solamente se puede unir a los susceptibles de ser unidos, a quienes tienen coincidencias en los objetivos a lograr en la contienda electoral y a quienes concuerdan también en las formas y métodos a utilizar en la lucha. A quienes no tengan tantas diferencias y discordias entre sí, que obstruyan el camino unitario. Ni siquiera en las peores situaciones se logra una unidad total. Definir con quienes es necesario unirse y con quienes es imposible hacerlo es una tarea fundamental.

Nos encontramos en una situación en la que el gobierno avanza indeteniblemente hacia las elecciones de 2024, mientras las fuerzas opositoras se consumen en sus diferentes apreciaciones de la realidad, en sus luchas internas y en sus distintas prácticas, a las que se suman los odios personales y mellizales entre sus integrantes. Una consideración que no se puede minusvalorar es la existencia de incentivos económico-financieros fuertes dentro de ciertos grupos opositores, que lleva a que algunos no estén realmente interesados, por lo menos en este momento, en la derrota y salida del régimen de Maduro, a menos que ellos fueran quienes lo sustituyeran. La unidad con ellos es imposible y los esfuerzos que se hagan para lograrla serán perdidos y, lo más importante, consumirán un tiempo indispensable para ser utilizado en lograr la victoria. 

El candidato que se escoja es importante, pues es falso que la gente va a votar por cualquier aspirante que se le oponga a Maduro. Y no hablo sólo de la gente común, que ya se abstiene en un 50 por ciento sin importar los candidatos, ni las elecciones de qué se trate. Somos muchos quienes no votaríamos por Juan Guaidó o Leopoldo López, para no mencionar sino dos líderes opositores, pues estamos convencidos que un gobierno de éstos sería peor que el que Maduro mismo pudiera realizar a partir de 2024. Y esta convicción está más extendida de lo que los políticos aceptan. Y no estoy diciendo que el candidato opositor deba ser una mezcla tal de virtudes humanas y ciudadanas, que haga imposible conseguirlo en el mundo real y mucho menos en el político.

El mejor escenario posible parece ser el de tres candidaturas con opciones reales de triunfo: una de cada uno de los sectores señalados al inicio. Pero incluso este escenario es difícil de lograr. La oposición democrática debería trabajar desde ya en esta dirección, atraer a los grupos más sensatos del extremismo, incorporar a los sectores opositores chavecistas y tener un candidato aceptable y un programa de rescate nacional, para finales de este año o como máximo para el primer trimestre de 2023.       


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