| De la salvación de un voto (y colópteros) |
| Escrito por Luis Barragán | X: @luisbarraganj |
| Lunes, 20 de Octubre de 2014 07:15 |
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De la salvación de un voto (y colópteros)
Luis Barragán
Cinco diputados salvamos expresamente nuestro voto en la Asamblea Nacional, con motivo del nuevo intento por seleccionar a los integrantes de la sociedad civil que evaluarán y dirán de los candidatos a rectores del CNE, desde la Comisión de Postulaciones. Objeción de conciencia, el mismo proceso parlamentario en curso no concede garantía alguna para contar, desde sus orígenes, con un equipo rectoral real y políticamente independiente, confiable, responsable, pues, el partido de gobierno, reconociendo que no ostentaba la mayoría calificada, deliberada y descaradamente apuntó a la omisión legislativa como su más confiado escenario.
Vale decir, la mayoría calificada que la voluntad del constituyente orientó como la fórmula más adecuada para procurar el consenso, la pisotea el oficialismo apostando por la ciega docilidad de los magistrados del TSJ. Ya no se trata de una mera táctica política o de una habilidad sobrevenida al bordear lo imposible, sino del activo desconocimiento, de la evidente burla y muy reído desprecio hacia los valores que inspiran a la vigente Constitución.
De nada vale el pluralismo, la administración de las diferencias, el respeto hacia una minoría significativa que, por cierto, paradójicamente, arribó a sus curules con una mayoritaria votación popular, pues, ha operado el chantaje de quienes invocan la Constitución, con el desdén de sus buenos incumplidores. Por ello, Vestalia Sampedro, Deyalitza Aray, José Gregorio Hernández, José Manuel González y el suscrito, disentimos y así lo manifestamos ante la historia por escrito, inequívocamente.
Se dirá que ni tontos que fuesen para no nombrar a los titulares de su conveniencia, desde el poder, o no aceptar las realidades inmodificables, desde la oposición que lo aspira, pero – aún así – retrocedemos históricamente, pues, por más inclinaciones o predisposiciones que tuviesen los que décadas atrás llegaban a la dirección del CSE o del CNE, celaron militantemente su independencia política y buen nombre, resultando difícil denunciarlos como mecánicas, resignadas y silentes piezas obedientes a los dictámenes miraflorinos. Por lo menos, si fuere el caso, cuidaron de sus formales relaciones políticas a tal punto que la entera eficacia de sus funciones y diligencias contribuía a la dinámica del sistema político, como ahora no ocurre dada la crudeza y hasta brutalidad de las relaciones actuales: valga la lección, hay una distancia significativa entre la vieja actuación de los miembros del organismo comicial que reconoció rápida y transparentemente el primer triunfo de Chávez Frías y la más contemporánea de aquellos que, arropados por esa supuesta independencia, luego se empinaron y franquearon como figuras estelares del ya largo proceso que el barinés inauguró.
No existe el propósito de romper con la unidad democrática de la oposición que votó efectivamente, coincidiendo con los diputados gubernamentales. Hay diversidad dentro de la unidad, valga el recurrente estribillo, y – más allá de la retórica – necesita de una mayor ejercitación del debate plenario de sus miembros.
COLÓPTEROS
Ojalá alguien nos ilustre con algo así como la teoría de las colas en la Venezuela actual, aclarando los supuestos. Un ministro ha dicho que el pueblo está acostumbrado a ellas, olvidando decir que en Mercal ofensivamente marcan los brazos de los desesperados consumidores de largas jornadas de espera por los escasos productos de mala calidad: son las mismas personas que coinciden con los demás sectores sociales en los supermercados que agolpan con semejante desesperación, aunque por siempre desean biometrizar a los que no se dejar rayar el cuerpo, como si fuesen animales.
La fallida interpretación ministerial de las colas, intentando mediocremente llevar la lucha de clases a ellas con una estupidez que carajearía el propio Marx, celebra nuestra condición de colópteros en Venezuela. Y así lo refuerza otro alto funcionario que, pasando por alto el ya inaceptable, crónico e indignante desabastecimiento de los alimentos y medicamentos básicos, ha amenazado con severas sanciones a los locales que exhiban grandes … colas, pues, deseándolos cómplices de la censura oficial, trabajan porque nadie sepa de esa condición que ya se tiene por uno de los rasgos de nuestra identidad nacional.
Además, al parecer, ya no hay cola que hacer. Nos desean malolientes, pues no se encuentra el elemental desordorante en los locales establecidos, excepto, quintuplicado el precio, en el muy público mercado negro de las mafias que operan con la complacencia de las autoridades que, faltando poco, “vacunan” al buhonero. Las divisas son para las prioridades del gobierno y las empresas apenas esbozadas por Giordani, decididamente ininvestigables, por más maletín que tengan como único capital social: se dirá que ya no importaremos esos productos “cosméticos” que tampoco producimos, fracasado el tal desarrollo endógeno que ni sospecha ha tenido de la política de sustituciones de cuño cepalista de tiempos antaños.
Ya no hará más cola la persona cardiovascularmente accidentada, porque pasó una semana sin las debidas pastillas. No las hay para la victoriosa hazaña gubernamental, de modo que nadie puede responsabilizarse penalmente, porque el desabastecimiento es de todos y los desabastecedores son muchos.
Nos permitimos una coletilla: apenas se cuelan dos títulos de Leonardo Padura en la vitrinas citadinas, cuando la regla establece que la importación de libros tampoco es prioridad para un gobierno que se desea como el único impresor y distribuidor de las obras, igualmente fracasad en el rubro. Uno de esos títulos, “El hombre que amaba a los perros”, lo adquirimos en 2012 por Bs. 189.000,oo, y hoy se oferta en Bs. 990,oo.
@LuisBarraganJ
y dirán de los candidatos a rectores del CNE, desde la Comisión de Postulaciones. Objeción de conciencia, el mismo proceso parlamentario en curso no concede garantía alguna para contar, desde sus orígenes, con un equipo rectoral real y políticamente independiente, confiable, responsable, pues, el partido de gobierno, reconociendo que no ostentaba la mayoría calificada, deliberada y descaradamente apuntó a la omisión legislativa como su más confiado escenario. De nada vale el pluralismo, la administración de las diferencias, el respeto hacia una minoría significativa que, por cierto, paradójicamente, arribó a sus curules con una mayoritaria votación popular, pues, ha operado el chantaje de quienes invocan la Constitución, con el desdén de sus buenos incumplidores. Por ello, Vestalia Sampedro, Deyalitza Aray, José Gregorio Hernández, José Manuel González y el suscrito, disentimos y así lo manifestamos ante la historia por escrito, inequívocamente. Se dirá que ni tontos que fuesen para no nombrar a los titulares de su conveniencia, desde el poder, o no aceptar las realidades inmodificables, desde la oposición que lo aspira, pero – aún así – retrocedemos históricamente, pues, por más inclinaciones o predisposiciones que tuviesen los que décadas atrás llegaban a la dirección del CSE o del CNE, celaron militantemente su independencia política y buen nombre, resultando difícil denunciarlos como mecánicas, resignadas y silentes piezas obedientes a los dictámenes miraflorinos. Por lo menos, si fuere el caso, cuidaron de sus formales relaciones políticas a tal punto que la entera eficacia de sus funciones y diligencias contribuía a la dinámica del sistema político, como ahora no ocurre dada la crudeza y hasta brutalidad de las relaciones actuales: valga la lección, hay una distancia significativa entre la vieja actuación de los miembros del organismo comicial que reconoció rápida y transparentemente el primer triunfo de Chávez Frías y la más contemporánea de aquellos que, arropados por esa supuesta independencia, luego se empinaron y franquearon como figuras estelares del ya largo proceso que el barinés inauguró. No existe el propósito de romper con la unidad democrática de la oposición que votó efectivamente, coincidiendo con los diputados gubernamentales. Hay diversidad dentro de la unidad, valga el recurrente estribillo, y – más allá de la retórica – necesita de una mayor ejercitación del debate plenario de sus miembros. COLÓPTEROS Ojalá alguien nos ilustre con algo así como la teoría de las colas en la Venezuela actual, aclarando los supuestos. Un ministro ha dicho que el pueblo está acostumbrado a ellas, olvidando decir que en Mercal ofensivamente marcan los brazos de los desesperados consumidores de largas jornadas de espera por los escasos productos de mala calidad: son las mismas personas que coinciden con los demás sectores sociales en los supermercados que agolpan con semejante desesperación, aunque por siempre desean biometrizar a los que no se dejar rayar el cuerpo, como si fuesen animales. La fallida interpretación ministerial de las colas, intentando mediocremente llevar la lucha de clases a ellas con una estupidez que carajearía el propio Marx, celebra nuestra condición de colópteros en Venezuela. Y así lo refuerza otro alto funcionario que, pasando por alto el ya inaceptable, crónico e indignante desabastecimiento de los alimentos y medicamentos básicos, ha amenazado con severas sanciones a los locales que exhiban grandes … colas, pues, deseándolos cómplices de la censura oficial, trabajan porque nadie sepa de esa condición que ya se tiene por uno de los rasgos de nuestra identidad nacional. Además, al parecer, ya no hay cola que hacer. Nos desean malolientes, pues no se encuentra el elemental desordorante en los locales establecidos, excepto, quintuplicado el precio, en el muy público mercado negro de las mafias que operan con la complacencia de las autoridades que, faltando poco, “vacunan” al buhonero. Las divisas son para las prioridades del gobierno y las empresas apenas esbozadas por Giordani, decididamente ininvestigables, por más maletín que tengan como único capital social: se dirá que ya no importaremos esos productos “cosméticos” que tampoco producimos, fracasado el tal desarrollo endógeno que ni sospecha ha tenido de la política de sustituciones de cuño cepalista de tiempos antaños. Ya no hará más cola la persona cardiovascularmente accidentada, porque pasó una semana sin las debidas pastillas. No las hay para la victoriosa hazaña gubernamental, de modo que nadie puede responsabilizarse penalmente, porque el desabastecimiento es de todos y los desabastecedores son muchos. Nos permitimos una coletilla: apenas se cuelan dos títulos de Leonardo Padura en la vitrinas citadinas, cuando la regla establece que la importación de libros tampoco es prioridad para un gobierno que se desea como el único impresor y distribuidor de las obras, igualmente fracasad en el rubro. Uno de esos títulos, “El hombre que amaba a los perros”, lo adquirimos en 2012 por Bs. 189.000,oo, y hoy se oferta en Bs. 990,oo. @LuisBarraganJ |
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