| La desvergüenza como hecho |
| Escrito por Antonio José Monagas | X: @ajmonagas |
| Viernes, 27 de Enero de 2012 04:11 |
No hay duda alguna de que Venezuela vive momentos profundamente críticos. Es tal el nivel de criticidad, que la incertidumbre pasó a convertirse en el mejor aliado
no sólo a las ejecutorias del Ejecutivo Nacional. Igualmente, a las decisiones que escasamente toma quien más pueda atreverse a salirle al paso al difícil devenir que constituirá los días por venir. Particularmente, tratándose de un año marcado por el complicado proceso electoral que se avecina. En todo caso, es innegable reconocer que los problemas que afectan al país, son culpa del (des)gobierno que azota los procesos de conducción social que definen la movilidad política nacional.Esta situación tiende a magnificarse. Más, cuando se sabe en manos de quien están las altas decisiones del régimen que no por altas no dejan de ser rastreras en cuanto a calidad e intención. Cabe referir, especialmente, la relacionada con el nombramiento del Henry Rangel Silva como ministro de la Defensa la cual deja mucho que desear dado la picardía que marca su hoja de vida. Por ejemplo, se sabe de su presunta implicación en el escándalo de la valija contentiva de los ochocientos mil dólares enviados a la campaña electoral de Cristina Fernández de Kirchner por el gobierno venezolano. En 2008, el Departamento del Tesoro de Estados Unidos ordenó congelar cualquier cuenta bancaria o bienes que Rangel Silva pudiese tener bajo jurisdicción estadounidense, bajo el argumento de existían evidencias de que el militar había apoyado materialmente a las FARC en sus actividades de narcotráfico. En 2010 declaró a un periódico que los militares estaban “casados” con el proyecto político del presidente, a quien juraban “lealtad completa”. Fue tan obsceno, que se atrevió a decir que “la llegada de un gobierno diferente al chavismo a Venezuela sería inaceptable”. Poco después, su genuflexión fue recompensada. Es ascendido a general en jefe, el máximo grado militar. Ahora, sin abandonar la jefatura del Comando Estratégico Operacional, Chávez le encarga la conducción del ministerio más influyente. No sólo por los recursos financieros que maneja. Asimismo por los compromisos que sobre él recaen. Así que con este cuadro de realidades, no puede negarse lo mal que está Venezuela. Aún cuando muchos de los afectos al régimen no quieran entenderlo por ignorancia, o aceptarlo por temor a ser despedidos o imputados ante el menor error cometido. Es insólito lo sucedido durante estos últimos trece años en los que el fisco nacional recibió casi un billón doscientos mil millones de dólares. Y a pesar de tan multimillonarios ingresos, el régimen dejó perder la infraestructura con la cual contaba el país. Peor aún, no construyó alguna nueva por lo que pudiera arrogarse algún mérito. Contrario a esta ola de desmanes, el régimen se ha endeudado hasta los tuétanos. Encima de esto, pretende arriesgar la estabilidad de las ya precarias reservas internacionales. Ha destruido buena parte de su industria y su producción agropecuaria. Volvió añicos a PDVSA. Hoy el país tiene la inflación más alta del mundo. Así como los peores índices de transparencia administrativa del continente. El régimen busca modificar todo sin que, en verdad, lo puedan hacer de manera sensata. Hacer ver a Cuba como el “mar de la felicidad”, es patético, cuando en realidad es el país más usurero y desarrapado de América. Entonces, la pregunta, ciertamente es preocupante por cuanto no deberían existir razones ni empachos para que hoy Venezuela haya relegado la posibilidad de ser un país desarrollado económica, social y políticamente con la potencialidad física y espiritual que ha demostrado. Entonces, ¿qué está pasándole? ¿Qué está pasando? Pudiera ser que muchas respuestas contesten esta pregunta. Pero en todo caso, hay que salirle al paso a las dificultades más rápido que temprano. De otra manera, la ruina nacional será inminente. Sobre todo, si persiste en mantenerse la desvergüenza como hecho. |
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