| De la orquestación del transporte público |
| Escrito por Luis Barragán | X: @luisbarraganj |
| Viernes, 02 de Diciembre de 2011 12:56 |
Recientemente, los usuarios del Metro de Caracas fueron sorprendidos por dos mil integrantes del Sistema Nacional de Orquestas Infantiles
y Juveniles. Piezas de Susajo o Buonamente, desconocidos por el gran público, inundaron las veintidós estaciones de un sábado de nueva congestión.Aplaudimos la iniciativa, sobre todo por la ocasión de escuchar algo más allá del basurero sónico que nos inunda, con o sin audífonos. Probablemente, el esfuerzo constituya el primer dato de lo distinto que también es el universo sonoro, dejando una inquietud para el gusto y el placer como – se ha dicho – ocurre con las instituciones educativas que llegó a visitar la Orquesta Sinfónica de Venezuela en sus recorridos de aniversario. Sin embargo, por lo pronto, es necesario consignar tres observaciones. Una, que no hay una adecuada, grata y sorpresiva audición alternativa de funcionar mal y muy mal, el servicio de transportación subterránea. Un mínimo de comodidad, confort y seguridad, pedimos los pasajeros que sabemos de la inevitable necesidad de surcar la ciudad lo más rápido posible, entre otras razones porque pagamos el servicio en forma directa o, indirecta, a través de los impuestos. De modo que la programación musical, contrastando con lo que ocurre en otras partes del mundo, susceptible de un posterior programa de televisión como lo hemos disfrutado – no por casualidad – a través de las emisoras de suscripción, adquiere o pudiera adquirir una función de ocultación del fracaso del gobierno en la transportación pública. De no verificarse el básico cumplimiento del contrato de servicio que tenemos con el Estado, tratándose de los medios masivos que jamás emplean sus más altos funcionarios, tal programación deviene burla de distracción sobre uno de los problemas más acuciantes que padece el ciudadano. Dos, el concierto simultáneo y sabatino significa una opción frente a la invasión tolerada – pues, no otra es la conclusión – de los grupos e individualidades que ofrecen sus interpretaciones viajeras a cambio de dádivas, aunque – por el desorden alcanzado en la prestación del servicio – promete nuevos congestionamientos en estaciones y andenes, horizontes distintos para el carterista, además propiciados por la ya caracterizada y resignada impuntualidad de los trenes. Luego, al espectáculo que ha de retener por más tiempo a la audiencia, en forma voluntaria, se suma la involuntaria confusión del tránsito, aún tratándose de un fin de semana. Nunca nos negaríamos a iniciativas culturales más o menos novedosas, como la comentada, pero – reconozcamos – que el Metro de Caracas dejó muchos años atrás de ser un referente de consideración, orden y respeto, para alcanzar niveles de anarquía que, por si fuera poco, acarrea la detención arbitraria de aquellos que osan protestarla cívica y pacíficamente. Tres, importando las modestas e implícitas recomendaciones que nos permitimos para desarrollar tal evento musical, sintetizada en la necesidad de acreditarla por un mejor servicio prestado, el Estado – y no otro – es quien también debe administrar y subsanar la tragedia de los desechos sonoros de la superficie. Consabido, en los medios públicos de transporte, por las espléndidas cornetas de los choferes hastiados, o gracias a las incursiones de supervivencia de los músicos de ocasión, el ruido en sus más variadas y altisonantes formas, completa la diaria inyección de disgusto, agresividad, violencia o irrespeto a quienes soportan – dato esencial, como vimos – una pésima prestación del servicio. Convengamos, hay una generación reciente, asimilados los desesperados adultos, que se aventura al espectáculo callejero, incluyendo el circense, por falta de oportunidades de estudios o empleos. Aventura que ha recibido irresponsable estímulo de Chávez Frías, condenados todos a una improvisación que es de sobrevivientes, por lo que se dice legítima la incursión forzada en autobuses, busetas o camionetas, aunque – para finalizar – la presencia del Sistema Nacional de Orquestas pueda también aleccionarlos sobre las generosas posibilidades de una vocación que se descubre y cultiva con disciplina, venciendo los obstáculos de manera … orquestada. @luisbarraganj |
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