| El espectro del héroe: La crónica del culto a Bolívar (I) |
| Escrito por Claudio Briceño Monzón | @CabmClaudio |
| Lunes, 22 de Junio de 2026 00:00 |
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“Hoy es corriente creer que el culto del héroe, tal como lo entendemos, ha decaído, desapareciendo finalmente. Nuestra época parece negar la existencia de grandes hombres, para negar que su descubrimiento sea deseable, debido a razones que habría que discutir. Mostrad a nuestros críticos un gran hombre, un Lutero; inmediatamente comienza a explicarlo, como dicen no a venerarlo, sino a medirlo, acabando por empequeñecerlo. Fue hijo de su Época, hizo todo; él no hizo nada, de no ser lo que el crítico pudiera haber hecho.” (Carlyle,1978: p.13) La reflexión sobre el héroe constituye una constante en la historia de las sociedades humanas. Su figura ha sido concebida como la encarnación de ideales colectivos, aspiraciones políticas y valores morales que una comunidad representa sobre determinados individuos en momentos específicos de su devenir histórico. Desde esta representación, el héroe no solo proyecta un modelo de conducta, sino también una expresión de las relaciones de poder, liderazgo y legitimidad dentro de un determinado contexto social. Esta visión arquetípica encuentra una de sus formulaciones más influyentes en la obra de Thomas Carlyle: De los héroes, el culto de los héroes y lo heroico en la historia (1840), publicada apenas una década después de la muerte de Simón Bolívar. En ella, se sostiene que la historia es, fundamentalmente, la narrativa de los grandes hombres, es decir, de aquellos individuos excepcionales cuya voluntad y capacidad de acción determinan el curso de la historia. El héroe aparece así asociado a la figura del caudillo, del conductor político o militar, cuya autoridad es reconocida como necesaria para orientar a la sociedad. Esta interpretación responde a una concepción idealista y personalista de la historia que privilegia la acción individual por encima de los procesos colectivos. Al reducir la explicación histórica a la actuación de personajes extraordinarios, la perspectiva carlyleana tiende a construir una jerarquía de hombres ilustres y a relegar a un segundo plano las dinámicas sociales, económicas, culturales e institucionales que condicionan el devenir histórico. Desde una visión histórico-crítica, el héroe debe ser comprendido no solo como un individuo excepcional, sino como una construcción simbólica elaborada por la memoria colectiva y por los discursos políticos de cada época. En consecuencia, más que analizar al héroe como protagonista exclusivo de la historia, resulta necesario estudiarlo como un paradigma de acción inscrito en un contexto histórico determinado y como parte de las narrativas nacionales que contribuyen a la formación de identidades, legitimidades y proyectos políticos. La historia, como un río que fluye, no se detiene en el pasado. Las aguas del ayer se mezclan con las del actual, modelando el presente y el futuro. Y en esa corriente, encontramos el espectro del héroe, una figura que, aunque ausente, continúa influyendo en nuestras vidas. En el caso de Venezuela, Simón Bolívar se erige como la figura central de la independencia. Su estampa, envuelta en la mitología del héroe, se alza como un monumento a la libertad. Esta glorificación, alimenta el orgullo nacional y también lo limita. Las palabras de Bolívar en Angostura resuenan como un eco a través del tiempo, un grito de conciencia que recuerda la complejidad simbólica de la identidad. En ese discurso, el Libertador, más que un héroe de bronce, se revela como un observador perspicaz de la realidad hispanoamericana: “Nacidos todos del seno de la misma madre, nuestros padres, diferentes en origen y en sangre son extranjeros, y todos difieren visiblemente en la epidermis: esta desemejanza trae un reato de la mayor trascendencia.” Con estas palabras, Bolívar invita a reflexionar sobre la herencia mestiza de Hispanoamérica. Somos hijos de tres mundos, unidos por la historia, pero separados por la piel. Esa "desemejanza", esa diferencia visible, es un reto que nos define, un legado que nos impulsa a buscar nuestra propia identidad. El culto al héroe, en ese contexto, se vuelve un arma de doble filo. Por un lado, nos ofrece un referente, un modelo de libertad y grandeza. Pero, por otro lado, puede limitar la visión, impedirnos ver la complejidad de la historia y la riqueza de la diversidad. Bolívar, en su visión crítica, nos recuerda que la independencia no es solo un acto de liberación política, sino también un proceso de autodescubrimiento. Es la lucha por construir una identidad propia, más allá de la herencia colonial. La historia nos recuerda que la independencia, aunque fue un momento crucial, no es el único capítulo de nuestra historia. El culto al héroe, especialmente a Bolívar, nos ha dejado atrapados en un pasado idealizado, impidiendo que nos enfrentemos a la realidad de nuestro presente. La independencia, como un lienzo tejido con hilos de heroísmo, se presenta ante nosotros como un relato épico, una gesta grandiosa que elevó a un grupo de hombres a la categoría de semidioses. Sus nombres, grabados en la memoria colectiva, resuenan como cantos de victoria: Bolívar, Sucre, Miranda, Páez, y tantos otros que, con valentía y sacrificio, forjaron la libertad de una nación. La historia, en su afán de glorificar la gesta, los ha elevado a un pedestal, transformándolos en figuras inmaculadas, libres de cualquier fragilidad humana. Sus acciones, exaltadas por la memoria popular, se catequizan en ejemplos de virtud y abnegación. Sus restos mortales, depositados en el panteón nacional, se transfiguran en reliquias sagradas, un testigo de su inmortalidad. El culto al héroe, en este contexto, se convierte en un acto de veneración, un reconocimiento a la grandeza de sus acciones. El culto al héroe, en su exaltación incesante, puede obscurecer la verdad. No permitiendo ver la complejidad de la historia, la diversidad de las perspectivas y la influencia de otros factores en la construcción de la nación. El culto a Bolívar, se ha convertido en un fenómeno complejo, un laberinto de mitos y leyendas que a veces oscurece la verdad. La exaltación incesante de su figura, la glorificación de sus acciones, ha creado una imagen idealizada del Libertador, un héroe inmaculado, libre de cualquier debilidad. La obsesión por la figura de Bolívar ha creado un resentimiento profundo, una sensación de frustración por no haber cumplido con las expectativas del Libertador. La historia heroica se ha convertido en una justificación de un pasado glorioso, incapaces de construir un futuro propio. Es hora de liberarnos del maleficio del resentimiento, de dejar atrás el culto esterilizador y abrazar una visión más realista de la historia. Revisar la manera en que interpretamos la independencia, reconociendo las contradicciones y los errores del pasado, sin dejar de admirar la grandeza de los héroes que lucharon por nuestra libertad.
Referencias Carlyle, Thomas. De los héroes: Hombres representativos. México: Grolier International, 1978. [1] Miembro Correspondiente de la Academia Nacional de la Historia de Venezuela por el Estado Mérida. Investigador y Docente del Instituto de Investigaciones Históricas «P. Hermann González Oropeza, S. J» de la Universidad Católica Andrés Bello. Profesor Titular de la Escuela de Historia, de la Facultad de Humanidades y Educación, de la Universidad de Los Andes ULA, Mérida-Venezuela. Magister en Historia de Venezuela por la Universidad Católica Andrés Bello. Doctor en Historia por la Universidad Nacional de La Plata–Argentina. Coordinador del Doctorado en Estudios Políticos ULA.
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