| Juicio a Marcos Pérez Jiménez: del poder a la cárcel |
| Escrito por Luis Perozo Padua | X: @LuisPerozoPadua |
| Sábado, 01 de Febrero de 2025 00:00 |
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el dictador que marcó una época con obras faraónicas y un férreo control político. Desde su ascenso al poder hasta su caída, juicio y posterior exilio, su vida fue un reflejo de los contrastes de una Venezuela en transformación. El principio del fin: La caída del régimen El 23 de enero de 1958, Venezuela despertó con la noticia de que Marcos Pérez Jiménez, quien gobernaba el país con mano de hierro desde 1952, había huido a República Dominicana en el legendario avión “La Vaca Sagrada”. Su salida fue la culminación de una serie de protestas populares, unidas al descontento militar, que exigían el fin de un régimen autoritario marcado por la censura, la represión y el enriquecimiento ilícito de la élite gobernante. En medio del caos político, el país inició un proceso de transición democrática. Sin embargo, la huella de Pérez Jiménez permaneció, especialmente en sus grandes obras de infraestructura que, para bien, cambiaron el rostro y modernizaron el país. Exilio y persecución judicial Tras refugiarse en República Dominicana, Pérez Jiménez buscó asilo en Estados Unidos, instalándose en Miami. Durante esos años, vivió en un cómodo exilio financiado, según las acusaciones, con el dinero sustraído del erario venezolano. En 1963, el gobierno venezolano, liderado por Rómulo Betancourt, intensificó los esfuerzos para extraditar al exdictador. Las autoridades estadounidenses recibieron la solicitud de extradición de Pérez Jiménez el 21 de agosto de 1959 y fue detenido el día 25. Presionados por las acusaciones de malversación de fondos públicos y peculado, finalmente entregaron el reo a la justicia venezolana el viernes 16 de agosto de 1963. Estuvo detenido en la cárcel del condado de Dade, en Miami, desde diciembre de 1962 con el número 1.374. El mismo Pérez Jiménez, había declarado a los periodistas que en la prisión norteamericana había “rebajado 22 kilos”. La propia primera dama, Flor Chalbaud, declarará desde Estados Unidos, -pues no pudo viajar a Venezuela sino un tiempo después-, que las condiciones de que gozaba su esposo, “conforme lo establece la ley venezolana”, eran “extraordinariamente superiores a las que le dieron las autoridades estadounidenses”. Un juicio histórico Al llegar a Venezuela, Pérez Jiménez fue recluido en la Penitenciaría de San Juan de Los Morros, en donde sus familiares y amigos pudieron visitarlo. Jamás estuvo incomunicado o fue maltratado, según sus propias declaraciones corroboradas por sus cercanos. Más tarde, sería trasladado a la Cárcel Modelo, en Caracas, convertido en el centro de uno de los juicios más emblemáticos de la región. Era la primera vez que un dictador latinoamericano enfrentaba cargos formales por corrupción. En el juicio, llevado a cabo por el Tribunal Supremo de Justicia, y que tuvo una fuerte cobertura mediática, se presentaron pruebas de desvío de fondos relacionados con emblemáticos proyectos de su gobierno, como la autopista Caracas-La Guaira, el Teleférico de Mérida y la Ciudad Universitaria. Mientras tanto, su defensa integrado por los doctores Carlos Berrizbeitia, Rafael Naranjo Ostty, Morris Sierralta y Rafael Pérez Perdomo, argumentaba que el dinero se había utilizado para modernizar al país, posicionándolo como una de las naciones más desarrolladas de la región. Pérez Jiménez enfrentó el proceso con la misma actitud de autoridad que había caracterizado su gobierno. El juicio terminó el 9 de abril de 1968, cuando Pérez Jiménez fue condenado a cuatro años, un mes y 15 días de prisión por malversación de fondos públicos. Sin embargo, como ya había pasado más tiempo detenido en espera de juicio, fue liberado poco después. Jamás se le juzgó por crímenes contra la humanidad. Exilio definitivo y legado polémico Tras su liberación, Pérez Jiménez se exilió en Madrid, España, donde vivió cómodamente hasta su muerte el 20 de septiembre de 2001, en Alcobendas. Desde su exilio no estuvo ausente de la política activa venezolana, postulándose a senador por la agrupación política de derecha Cruzada Cívica Nacionalista (CCN) para las elecciones generales de 1968, saliendo en ausencia; sin embargo, la Corte Suprema de Justicia invalidó su elección. El partido Cruzada Cívica Nacionalista (CCN) logró postular a Marcos Pérez Jiménez como candidato a la Presidencia en las elecciones de 1973, confiando en su amplia popularidad. Sin embargo, los principales partidos políticos promovieron y aprobaron en el Congreso Nacional una enmienda constitucional diseñada específicamente para inhabilitarlo políticamente. Esta enmienda, aplicada de forma retroactiva, prohibía a personas con sentencias firmes de más de tres años ocupar cargos públicos, impidiendo así su candidatura. Su figura siguió siendo un tema de discusión en Venezuela por décadas hasta que el presidente Hugo Chávez le otorgó el perdón y lo invitó volviera a Venezuela, pero el exdictador se negó alegando problemas de salud. En ese entonces vivía en La Moraleja, una de las zonas más exclusivas de Madrid. El expresidente y general de División retirado, Marcos Pérez Jiménez, falleció el 20 de septiembre de 2001 en Alcobendas, España, a causa de un ataque al corazón, tras haber permanecido inconsciente durante sus últimas semanas de vida. Al día siguiente, el 21 de septiembre, su cuerpo fue incinerado. Sus familiares manifestaron su deseo de repatriar sus restos a Venezuela “algún día”, como un anhelo de reconciliación con la tierra que marcó su vida y su legado histórico. Para algunos, fue un arquitecto del progreso, responsable de la modernización del país. Para otros, fue un dictador que silenció a la disidencia y dejó un legado de represión y desigualdad. Un hito en la justicia El juicio de Marcos Pérez Jiménez sentó un precedente en América Latina, demostrando que incluso los líderes más poderosos pueden rendir cuentas ante la justicia. Sin embargo, también dejó preguntas abiertas sobre la capacidad de las democracias nacientes para garantizar justicia plena y evitar la repetición de regímenes autoritarios
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