De "Mi testimonio"
Escrito por Luis Barragán | X: @luisbarraganj
Lunes, 30 de Marzo de 2015 02:04

De Mi testimonio
Luis Barragán
Apenas ahora, iniciándose la Semana Mayor, hemos tenido la ocasión de leer “Mi testimonio” de Juan José Caldera (Los Libros Marcados, Caracas, 2014), gracias al amable préstamo de Iván Colmenares. Prologado por Rafael Tomás Caldera, quien sugiere la existencia de “caudillos civiles” (7),  rápidamente transitamos el largo itinerario político de un referente inevitable de la Venezuela contemporánea, que – a modo de ejemplo – se vio forzado a allanar la Universidad Central de Venezuela para inmediatamente restablecer su autonomía (124 ss.), por cierto, provechosa para los más vehementes detractores que hoy la acorralan; demostró agudas y firmes habilidades políticas al gobernar en dos oportunidades, negada en ambas una mayoría parlamentaria; relevó al alto mando militar en una riesgosa  y afilada circunstancia (158), aunque hizo de los estudios de opinión una razón de principios para aspirar a la segunda candidatura presidencial (152), o privilegió a su hijo coordinador del principal partido de gobierno (176), en lugar de las consultas regulares que hacía con la dirección colegiada del que fundó al ocupar Miraflores por primera vez. Vale decir, apunta a situaciones muy concretas y visibles que, susceptibles de una polémica a la que no se teme, contrasta con el burdo panegírico en boga.
Quizá porque pertenecimos a otra tradición militante en la democracia-cristiana venezolana, fueron excepcionales las veces que accedimos a Rafael Caldera, quien infundía un respeto reverencial ahora poco visto. Tuvo razón – nos enteramos – el profesor que desaconsejó al doctorando empeñado en realizar la tesis sobre el yaracuyano, pues, el nivel académico en cuestión requiere de la larga madurez que el tiempo concede, a la luz de los documentos y reflexiones que previamente lo faciliten, pero no menos cierto es que éstos tardan demasiado en aparecer con la consistencia de una obra muy bien escrita, como la de Juan José Caldera.
El viejo Caldera exhibió credenciales que actualmente extrañamos, dirimidas por la instantaneidad mediática que dice relevarlos de la añeja profundidad que conoció a través del sostenido testimonio, preparación, motivación y experiencia que lo autorizan – digamos – históricamente.  Distintas vicisitudes tejieron su trayectoria pública, siendo difícilmente refutable su vida personal,  desde el recio activismo gremial y político de un estudiante de excelente promedio (152), estigmatizado por la célebre visita que le hizo – junto a otros imberbes compañeros – a Leoncio Martínez (65 ss.), asediado al ingresar apenas al cuerpo docente de la universidad que lo formó, dictando una cátedra que culminó con la jubilación; obstaculizado el ejercicio de una diputación que no se dejó escuchar en la famosa reforma de la ley petrolera de 1943 (42 ss.); cumplida la prisión que le permitió leer completamente la Biblia (30 s.); fundido con el partido que ayudó tanto a crear y que, muy luego, compréndase de una forma u otra, abandonó.
El autor de marras, sustentado en los archivos muy bien organizados del padre, entendemos, que incluye hasta la lista de los hijos y mujeres que cuidadosamente llevó Juan Vicente Gómez (Manuel Caballero: “Gómez, el tirano liberal”, Monte Ávila Editores, Caracas,1994: 30), apenas evoca algunos documentos inéditos, como el primer discurso público del viejo, de grata y fácil recordación para sus hijos (41);  la diaria anotación que llevó de su juvenil e importante cita de Roma (54 ss.), aunque no ofrece detalle alguno de la discusión;  de la carta privada de Rómulo Betancourt para Eva de Liscano (91), o la de Rafael Caldera para el líder arubeño Henny Eman sobre COPEI (155).  Presumimos que el Presidente Caldera concibió y redactó sus memorias políticas, siendo tan ordenado y meticuloso, añadida la publicación de sus archivos, pero también instruiría sobre la mejor ocasión para ello, imponiéndose la necesaria prudencia de los herederos que guardan y custodian tan valiosa documentación, conformes con dejar sus testimonios – que, sistematizando las fuentes conocidas, es el del padre – tal como constatamos con el trabajo de Rafael Tomás Caldera para la meritoria compilación de “La Venezuela perenne. Ensayos sobre aportes de venezolanos en dos siglos” (UPEL, Caracas, 2014: 247-268). Por lo demás, recordemos, el mandatario nacional gustaba de escribir sus propios discursos (175), por lo que abundarán las piezas manuscritas o mecanografiadas que esperan los historiadores con paciencia.
Inevitable mención, Juan José Caldera revela la inexistencia de un proyecto constitucional que el propio Chávez Frías admitió (97). Habrá otras y extensas vicisitudes que nos debe el autor, pues, también ocupó la escena política cuando Venezuela abrió improvisadamente las puertas del siglo XXI, apostando por el bueno a conocer de hacer caso a la sentencia popular.
@LuisBarraganJ
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altApenas ahora, iniciándose la Semana Mayor, hemos tenido la ocasión de leer “Mi testimonio” de Juan José Caldera (Los Libros Marcados, Caracas, 2014),

 
Asuntos personales
Escrito por Nicomedes Febres Luces
Viernes, 20 de Marzo de 2015 11:24

ASUNTOS PERSONALES
Nicomedes Febres
* Ayer en la noche vino a cenar a casa una ahijada con su padre, hija del único amigo que me queda vivo de la época de la infancia y quien estudió conmigo desde kínder hasta bachillerato. Él es para mí como un hermano y sus hijos se los traje al mundo hace años. Mi ahijada es ingeniera egresada de la Universidad Simón Bolívar y forma parte del millón y medio de venezolanos jóvenes que se fueron del país por culpa del gobierno. Es brillante, simpática y ahora trabaja como una alta ejecutiva de mercadeo en una empresa transnacional y si hoy amanece en Buenos Aires, mañana lo hará en New York y así por el estilo. Es una ciudadana del mundo y se casará próximamente. La partida de todos esos muchachos del país es el más grande daño patrimonial que estos muérganos le han hecho a Venezuela y ellos harán falta para su reconstrucción y como ya tienen una vida hecha afuera más amable, más gratificante y más tranquila, uno para ser realista, debe presumir que difícilmente volverán. Esa convicción me ennegrece el alma y es una de las razones más poderosas para nunca olvidar lo que estos degenerados le hicieron a Venezuela. Para mi es imposible perdonar u olvidar. Por eso lucho, por eso escribo estas crónicas y los libros que hago para que los venezolanos del futuro sepan de nuestro pasado y del maravilloso país que fuimos; por eso detesto a aquellos que desde la oposición olvidan que la única, la exclusiva prioridad, y si se quiere, la razón de vivir es la lucha por sacar a estos hampones del poder. Dios me ha concedido unas ahijadas maravillosas de las cuales estoy pendiente, así ellas no lo sepan, desde la primera, una prima que bauticé cuando yo tendría como 12 años y que le encomendé a la querida Negra Anzola cuando mi ahijada se fue a estudiar urbanismo allá y la negra era entonces cónsul en París, allí la acogió como una sobrina y le presentó el que sería su futuro esposo con quién tiene dos hijas maravillosas estudiando el La Sorbona y han sido muy felices, hasta una especialista en CSI que vive y trabaja en Weston, cuyo esposo está en proceso de recuperación postoperatoria y de quien estoy pendiente. De todas y todos mis ahijados estoy orgulloso y soy un padrino exigente para que se superen en la vida. Perdonen estas infidencias que son parte de mi vida. Vaya también con estos recuerdos una oración por el alma de la negra Anzola, una mujer buena y generosa como pocas, de quien estaré agradecido por este favor hasta el final de los tiempos.
* El domingo inauguraremos la esperada exposición de Juan Toro en la galería a la cual están todos invitados. Juan ha registrado toda la violencia y la tragedia venezolana de estos tiempos y está teniendo mucho éxito en el exterior. Ha logrado transformar esa violencia en hermosas metáforas de la realidad, la exposición titulada Índice Riesgo País es relativa a la represión contra las manifestaciones estudiantiles de 2014. Juan es un artista imprescindible de este tiempo venezolano del arte. Por otro lado, metí el hombro para que el Museo de Arte Popular de Petare mostrara la colección del verdadero arte popular colonial venezolano de la colección de Ramón Amado Villegas, un humilde venezolano de excepción de 85 años que ha pasado su vida atesorando ese verdadero arte popular hecho por pardos y esclavos para que las imágenes de vírgenes y santos tramitaran las rogativas de los humildes de ese tiempo. Ramón Amado ha trabajado por años como anticuario y es uno de mis venezolanos más admirados pese a su humilde condición, y dentro de él existe el alma de un gran patriota. El mismo domingo es la inauguración de la exposición en Petare y me desdoblaré como un homenaje al admirado amigo y a Carmen Sofía.
* Hoy pese al matrimonio de un sobrino iré a la muestra en El Hatillo de la muestra de mi querido Pedro León Zapata organizada por Mara, Helio y la galería Utopia 19. Reitero aquí mi fervor zapatista. Pedro León cuida de nosotros.

altAyer en la noche vino a cenar a casa una ahijada con su padre, hija del único amigo que me queda vivo de la época de la infancia y quien estudió conmigo desde kínder hasta bachillerato.

 
Embajada gastronómica
Escrito por Ing. Rafael Diaz Casanova
Viernes, 20 de Marzo de 2015 01:33

altLas embajadas son delegaciones que ubican los países en los territorios de sus naciones amigas (y no tanto), para atender, de primera mano, temas de todo tipo de importancias.

 
"Relatos Salvajes": prototipo humano imperfecto
Escrito por Dr. Ángel Rafael Lombardi Boscán | @lombardiboscan
Martes, 10 de Marzo de 2015 00:53

RELATOS SALVAJES: PROTOTIPO HUMANO IMPERFECTO
Intimida el espejo de ésta película. No sólo por las resonancias sociológicas que retrata sino por las implicaciones psicológicas en las cuales ahonda. El ser latinoamericano es el protagonista de ésta fotografía cruel: rencoroso, vengativo, feroz, tramposo, corrupto, indisciplinado social, y muy especialmente, extraviado en el laberinto de la vida y la historia.
RELATOS SALVAJES (2014) de Damián Szifrón es la comedia y estupidez humana, es la ambigüedad de nuestros actos bordeando el bien y el mal. En el fondo representa un ajuste de cuentas sobre nuestras miserias e inconsecuencias. En éste caso, el telón de fondo es la sociedad argentina o cualquiera latinoamericana o tercermundista. Una atmosfera bajo la impronta de la desolación y el desamparo legal que acrecienta la orfandad emocional.
Los protagonistas de RELATOS SALVAJES son oscuros y anónimos adultos desquiciados, oportunistas, violentos y hechos con un barro de escasa calidad. Eso de que somos la Raza Cósmica (José Vasconcelos) queda pulverizado. En realidad esa conjunción de indio, europeo y negro africano, tan exaltada, habría que ponerla en revisión y reparación inmediata.
El primer relato, el del avión, es fenomenal: el complot y venganza de un resentido con la vida y sobre quienes le maltrataron. A casi nadie se le hubiera ocurrido semejante ardid para acabar, desde la tortura más diabólica, con todos los que te han hecho daño de una u otra manera.
La venganza de la camarera ante el ultraje que sufrió su familia vuelve a plantear la necesidad de una justicia cuando no hay justicia, algo recurrente en sociedades primitivas aunque persistan en la circunstancia de operar en pleno siglo XXI.
La pelea en la carretera desnuda el salvajismo de la violencia bajo el absurdo de su misma manifestación. Algo que forma parte de cotidianidades incivilizadas y anarquizadas que genéticamente no han sido domesticadas aún. El principio de la cortesía erosionado, ausente.
El episodio de “Bombita” me encantó porque es la justicia salvaje y reparadora ante la justicia legal pero corrupta que desatiende al ciudadano hasta humillarlo en lo más elemental de su dignidad.
La trama del arrollamiento es típica de pueblos con culturas irresponsables y sistemas de justicias aéreos prestos a corromperse siempre con el mejor postor. La legalidad es una ficción y sólo el dinero opera como mecanismo social de salvación aunque la circunstancia sea la más adversa.
La boda, como episodio final, nos parece el más endeble de todos, aunque no deja de ser igual de hiriente en eso de representar los compromisos deshonestos que caracteriza a un mundo y sociedad sin integridad.
RELATOS SALVAJES convierte la ironía en crítica social procurando desnudar nuestro déficit de humanidad y urbanidad, mostrando las torpezas consuetudinarias que nos condenan y oprimen. Es una película sorprendente, y desgarbada, que no deja indiferente a nadie quién la vea.
DR. ANGEL RAFAEL LOMBARDI BOSCAN
DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTORICOS DE LUZ

altIntimida el espejo de ésta película. No sólo por las resonancias sociológicas que retrata sino por las implicaciones psicológicas en las cuales ahonda. El ser latinoamericano es el protagonista de ésta fotografía

 
Birdman: o de cuando el superhéroe se te sube a la cabeza
Escrito por Iván R. Méndez | X: @ivanxcaracas
Miércoles, 11 de Febrero de 2015 01:31

alt“La popularidad es la prima puta del prestigio”, le dice Mike (Edward Norton) a Riggan (Keaton) en uno de los ataques de egocentrismo-depresión  del alucinado protagonista de ese oscuro dramedy que es "Birdman".

 
Pedro León
Escrito por Antonio Sánchez García | @sangarccs
Viernes, 06 de Febrero de 2015 11:44

PEDRO LEÓN
Su pérdida es irreparable. Otro grande que se nos va bajo un cielo cubierto de espesos y amenazantes nubarrones. Nuestra pesada deuda con su genio, su arte y su figura sólo será saldada cuando sobre su tierra vuelva a brillar el sol de la Libertad.
ANTONIO SÁNCHEZ GARCÍA @sangarccs
A Mara
Lo pasamos buscando por Las Palmas para ir a la inauguración de una exposición de su compañero Orlando Urdaneta en Los Palos Grandes. Hicimos el trayecto en silencio, poniendo, él y nosotros, especial cuidado en las palabras. Al llevarlo de regreso con Mara, su entrañable compañera, de pronto no resistimos y comenzamos a soltar a borbotones lo que nos acuciaba, a él y a nosotros: ¿qué piensan de lo que nos está pasando?
Soltamos la carcajada. Él había agudizado su discreción, creyendo que éramos chavistas, exactamente lo que nosotros sospechábamos de él y de Mara. Y resultamos ser furibundos opositores de la primerísima hora. “No me digan” – comenzó a hilvanar su historia – “que el día del golpe llegó una loca a la panadería de la esquina gritando que había renacido Bolívar. Me tuve que contener para respetar al prójimo”.
Nos devolvió el alma al cuerpo. Toda una vida juntos, en la izquierda venezolana, él y Soledad librando una batalla incansable en contra de las dictaduras del Cono Sur, a favor del pueblo chileno – ese de los malagradecidos -, reuniendo fondos para los exiliados, ella cantándole por el mundo a Salvador Allende esa hermosa elegía de Pablo Milanés “qué soledad tan sola te inundaba, en el momento en que tus personales amigos de la vida y de la muerte te rodeaban” y él dibujando maravillosos afiches con la paloma de la paz sobre la tricolor sureña con su estrella solitaria. “Chile, quien podrá olvidarte, Juan Panadero de España te cantará en todas partes…”. Eran parte de esa entrañable tribu de la cultura venezolana, socialista y decente, democrática y decente, libertaria y decente, incorruptible y decente, sacrificada, idealista y voluntariosa, democrática y popular hasta la médula de los huesos. Con Miguel Otero Silva y María Teresa Castillo a la cabeza, acompañados por Jacobo Borges, por Margot Benacerraf y todos los actores y actrices, cineastas, teatreros, pintores, escultores que creían en la justicia, generosos y desinteresados. Y unos políticos socialistas hasta el hueso, incluso amantes y admiradores de la revolución cubana, que antes de robarse un centavo del tesoro público o cometer un delito contra los pobres se amputaban los brazos, como Pompeyo Márquez, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Teodoro Petkoff, Américo Martín, Moisés Moleiro y tantos y tantos otros, que la lista no cabría en estas páginas. En esa lucha por la libertad y la democracia siempre acompañados con generosidad y desprendimiento por adecos, copeyanos y masistas. De esos tiempos en que nosotros, como nos lo acaba de recordar Claudio Nazoa, uno de los más jóvenes miembros de la tribu y legítimo heredero del Pedro León Zapata humorista, como Laureano Márquez y Rolando Salazar, “éramos felices y no lo sabíamos”.
¿Cómo alguien de ese talante hubiera podido apoyar la felonía de un golpe de Estado sangriento, a mano armada, surgida del trasfondo de la adormecida barbarie cuartelera, atropellando civiles y asesinando inocentes, de un asalto a la Constitución, de un asomo de tiranía y un deslave de corrupción como jamás se hubiera visto en los quinientos años de historia latinoamericana? ¿Cómo no iba a sembrar de grandes caricaturistas un país que ha sabido reír como ningún otro en el mundo y que hoy lo estarán llorando, como Rayma, Weil, Edo y todos los que siguen su ejemplo libertario?
Volvimos a vernos. Él recibiendo con su habitual bonhomía, su deslumbrante talento, su incomparable uso del idioma que en sus labios relucía como recién bruñido. Irónico y fino, sorprendente y luminoso, divertido y entusiasta, con esa reserva de los grandes que miran el mundo desde su solitaria atalaya, compasivo y generoso.
Su pérdida es irreparable. Otro grande que se nos va bajo un cielo cubierto de espesos y amenazantes nubarrones. Nuestra pesada deuda con su genio, su arte y su figura sólo será saldada cuando sobre su tierra vuelva a brillar el sol de la Libertad.

altSu pérdida es irreparable. Otro grande que se nos va bajo un cielo cubierto de espesos y amenazantes nubarrones. 

 
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