De un esfuerzo heroico
Escrito por Luis Barragán | X: @luisbarraganj
Viernes, 26 de Septiembre de 2014 07:33
De un esfuerzo heroico
Luis Barragán
Asistimos ayer a la inauguración de la FIA 2014 y, como siempre, espléndidamente organizada por Nicomedes Febres y todo el equipo. Cordial, ordenado, interesante y variado encuentro en el que, por cierto, como refirió MF, también concurrieron las casaderas a asomarse.
Frente a la gestión cultural del régimen, la FIA sintetiza un esfuerzo heroico, pues, el uno, a quien se le “extravía” un Matisse que el imperio investiga, recupera y devuelve un buen tiempo después, se afinca en la propaganda ideológica para las escasas exposiciones que promueve, mientras que la otra, a pesar de las dificultades que confronta el sector privado, lucha contra la deliberada desactualización que imprime el poder establecido en todos los ámbitos posibles.
La Feria ha rendido un justo homenaje a Sofía Ímber que, faltando un detalle, además donó toda su especializada biblioteca - recientemente - a una universidad venezolana. Reconocimiento en vida de una servidora insoslayable en la historia contemporánea del periodismo y el arte de este país que ayudó también a construir.
Suele ocurrir, disfrutamos la faena jugando con las piezas exhibidas gracias a la fotografía portátil que nos pone en solfa con las redes sociales. Distintos ángulos para la pupila que, inexperta, dice descubrir colores, trazos, luces y significaciones, en este divertimento que alivia un poco la pesada rutina que nos agobia en la tarea de sobrevivir a las penurias ahora extendidas por Nicolás.
A la cada vez más inmensa burocracia cultural de pequeñas o gruesas puntadas clientelares, se le hizo tarde para convertirse en alternativa. Ésta, sencillamente, la dibujan iniciativas como las de la FIA y el ejercicio de la libertad creadora.
@LuisBarraganJ Asistimos ayer a la inauguración de la FIA 2014 y, como siempre, espléndidamente organizada por Nicomedes Febres y todo el equipo. Cordial, ordenado, interesante y variado encuentro |
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Cristobal Mendoza trae a TecnoFIA una propuesta de código cinético
Escrito por Iván R. Méndez | X: @ivanxcaracas
Jueves, 25 de Septiembre de 2014 18:47
“Notional field” ("campo nocional") es la obra digital, aural e interactiva que entregan el computista y artista venezolano Cristobal Mendoza (y su esposa Annica Cuppetelli) en #TecnoFia . |
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La señora Magdalena
Escrito por Juan Guerrero | X: @camilodeasis
Jueves, 25 de Septiembre de 2014 10:48
Lecturas de papel
La señora Magdalena (*)
Nunca olvidaré la primera vez que vi su rostro. Pasaron muchos años antes que ella se lo descubriera. Antes, y a causa de la muerte de su marido, la señora Magdalena juró que jamás se quitaría el luto.
Ella siempre vestía de riguroso negro. Un vestido de medio paso que terminaba casi a ras del suelo, que apenas mostraba sus pesados y macizos zapatos negros. Y cuando yo alzaba la mirada de niño asustadizo, le veía esos guantes brillantes de cuero negro ceñidos a sus manos donde resaltaban las costuras de un fino hilo negro, que recubría los bordes y dejaban esa silueta de extraños dedos ocultos y misteriosos.
Nunca me atreví a mirarla de frente. Además, ella siempre llevaba el rostro cubierto con un fino tul donde apenas se mostraban unos huequitos que dejaban filtrar la luz del centro de sus ojos.
Encima de su cabeza reposaba un pequeño sombrero negro, que ocultaba su cabello recogido del mismo color. Todo en ella era negro, hasta la sombra que reflejaba cuando se despedía y mientras caminaba hasta la salida de la casa, y yo miraba ese ser que se hacía inmenso cuando el sol la iba reflejando mientras se alejaba caminando en las tardes maracaiberas
Me atormentaba escucharle. Su voz era cortante, seca y de expresión sentenciosa. Siempre me hablaba a través de mi madre. –Carmen, mientras me miraba a través de ese trapito negro. –Ese niño está demasiado flaco. –Deberías hacerlo ver con el médico para que le pongan unas ampolletas de aceite de hígado de bacalao. –No ves que es asmático, ripostaba mi madre, como intuyendo mi parálisis total ante esa voz y su discurso tan intimidante.
–Deberías darle fororo y además, el majarete es de lo más alimenticio para que engorde.
Eso bastaba para que en la tarde ya tuviera el pecho trancado y saliendo ese pitico de flauta que era alarma familiar.
Cierta vez y mientras estaba en la casa de la señora Leongina, la mamá de Marlon, mi amigo de travesuras, nos fuimos a la cocina y de repente nos encontramos de frente con la señora Magdalena, tía de mi amigo. Ella estaba por terminar de hacer su famoso majarete. A un lado estaba la hermana de Marlon, Aura. Ella insistía para que su tía la dejara probar el manjar. –Está caliente y tienes que esperar a que se enfríe, sentenció la tía. –Pero yo quiero comer. –Ah! Va a seguir con la malcriadez.
Entonces la tía sacó el majarete del horno y lo colocó encima de la mesa. Apenas si lo dejó reposar. Tomó a la sobrina por los hombros y acto seguido le dijo: -Usted quiere majarete, pues acá está y se lo va a comer todo. Le hizo abrir la boca y le introdujo la cuchara una y otra vez con el dulce aún caliente.
Marlon y yo nos deslizamos subrepticiamente por el corredor y sin que se diera cuenta, fuimos a dar directo al patio. Los lloriqueos y arcadas de vómitos se escuchaban por toda la casa mientras la pobre niña lloraba y suplicaba. Pero la tía seguía metiéndole por la boca su famoso majarete.
Era ella la señora y tía Magdalena. Mujer absolutamente rígida, de paso firme y redoblado al caminar. Nunca supimos de un quejido ni de flaquezas. Todo en ella era severidad, templanza y orden.
Años después mi madre me llevó una noche a casa de la señora Magdalena. La casa era de esas coloniales y que tenían un zaguán y techo alto cruzado con maderos y caña brava, absolutamente pulidos. Parecían soles de tanto brillo. No me di cuenta cuando mi madre desapareció.
Del fondo de una de las habitaciones se escuchaban voces. Los diálogos eran entrecortados. Después se transformaron en llantos y pequeños quejidos. Mientras me acercaba podía ir reconociendo esas voces. Miré por la puerta entreabierta y la vi. Vi esa señora acostada sobre unas sábanas blanquísimas. No la reconocí. Tenía el rostro descubierto y también las manos. Mi madre volteó y me miró. Me dijo que pasara. –Salude a la señora Magdalena, Juancho.
Ella sonrió y con una voz más bien quebradiza me saludó. Finalmente pude ver sus ojos. Los tenía como adormecidos. Pero esa luz aún conservaba mucho de aquellos tiempos.
Me sorprendió en ella su voz y verla tan indefensa. Casi paralizada y sin fuerzas para moverse. Mi madre le pasaba la mano por la cabeza y entonces vi su cabellera negrísima y abrillantada, como pequeñas luces que se descubrían mientras la mano de mi madre se deslizaba por ese largo camino ondulado.
Esta era ella, la severa, la tan rígida y tan mandona. Ya al borde de la muerte. Convertida en puro esqueleto y mirada suplicante. Me saludó mientras alargaba su mano y vi esas venas sobresaliendo de entre sus dedos largos y de garfios. No dije nada. Ella dejó caer su mano y cerró los ojos mientras corrían lágrimas por sus mejillas.
Mi madre entonces me hizo una seña y salimos del cuarto. La señora Magdalena quedó sola en esa amplia y aséptica habitación. Afuera todo era puro llanto, abrazos y quejidos. Esa noche, por primera vez, no tuve asma.
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/ @camilodeasis
Nunca olvidaré la primera vez que vi su rostro. Pasaron muchos años antes que ella se lo descubriera. Antes, y a causa de la muerte de su marido, la señora Magdalena juró que jamás se quitaría el luto. |
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La corbata de Chelías
Escrito por Juan Guerrero | X: @camilodeasis
Domingo, 21 de Septiembre de 2014 10:43
Lecturas de papel
La corbata de Chelías
Juan Guerrero (*)
A mediados de los años ‘90s. siendo director de cultura de la Universidad de Guayana, formé parte, junto con otros directores de cultura de las universidades venezolanas, del comité para realizar un homenaje al cantautor margariteño Chelías Villarroel (Los Millanes, 1924).
Mi amiga Elizabeth, quien laboraba en la dirección de cultura de la Universidad de Oriente, me cuenta una anécdota que vivió con el decano de los galeronistas venezolanos y Patrimonio cultural de Nueva Esparta. Para esa ocasión, la universidad quiso hacerle una atención al poeta. Le ofrecieron comprarle un traje entero y él aceptó. También camisa blanca y lustrosos zapatos negros como lo pidió. –Maestro, siguió indicando mi amiga mientras caminaban por el centro de Porlamar. –Qué más desea que le obsequiemos para el acto. –Bueno, mija. Yo quisiera una corbata. –Pues claro, maestro. No faltaba más. –Sí, pero que sea una corbata académica, ripostó el decimista. –Cómo es eso, don Chelías. -Bueno, mira. Yo siempre he querido ponerme una corbata académica. Una de esas que son de un solo color, oscuro, brillante y decente. –Ah!, claro, claro. Y entonces Chelías se apareció en el auditorio con su flamante corbata formal y académica, como le gustaba.
Recuerdo que en ese acto estaban sus otros amigos, galeronistas y decimistas, como Francisco Mata, y los miembros de la agrupación creada por Chelías, Madreperla.
Menciono al juglar de los dioses don José Elías Villarroel o Chelías, como se le conoce, porque ha sido él quien rescató y renovó el género musical del “punto del navegante” o puntillanto, canto que es parte de la esencia del ser margariteño y del oriente venezolano.
Si bien los otros géneros musicales, como la jota margariteña, la malagueña, son un tanto lentos, tristes y melancólicos, o el punto cruzao que es un tanto más rápido en su base rítmica, el puntillanto es, desde nuestra óptica, un quejío que nace del alma y en voz de Chelías se convierte en lamento por los hijos muertos, por su desolada infancia y por su melancólica mirada hacia el fondo de la mar, mar bravía que le ha inspirado tan extraordinarios poemas, como en su Tragedia marina, donde la recurrencia a expresiones del verso antiguo se expresan en una estructura métrica (décima espinela) acompañados de mandolina, cuatro y guitarra.
Zapatero en su juventud y después pescador en extensas campañas por el mar Caribe, su poesía se nutre de esos paisajes donde se entrelazan vivencias en estrofas de una métrica que se hace flexible en sus improvisaciones, como en los cantos de galerón en la Cruz de Mayo.
El puntillanto es un canto hondo, espiritual, que expresa la experiencia de labores, bien sea en la mar como en los campos donde se trabaja la tierra.
Si bien Chelías Villaroroel es ampliamente conocido como cantautor de décimas y como galeronista en las fiestas de Cruz de Mayo, debemos indicar que ha sido además, un investigador de las tradiciones neoespartanas y sobre ello ha publicado sus estudios en La poesía y el cantar margariteño, libro donde analiza la décima margariteña y expone sus impresiones sobre la libertad que posee la décima insular (con 7 y hasta 9 sílabas) que no es necesariamente una décima Espinela.
Y esto es importante porque nos habla de un tipo de versificación que constantemente se está renovando. En la isla de Margarita, más que en otros sitios de Venezuela y el resto de la cuenca del Caribe, donde se sigue la tradición decimista, los galeronistas improvisan y se salen de la métrica convencional.
Prueba de ello es la característica que siempre ha tenido Chelías cuando interviene en las fiestas de la Cruz, declamando sin nada escrito. Pura improvisación y sentido innato de una métrica que en su cuadratura, le permite ser flexible para introducir cambios y actualizar sus cantos.
Tal vez su capacidad para renovar la décima y sobre todo, para rescatar el puntillanto y actualizarlo, sea la temprana incursión en la poesía. Compuso sus primeros poemas cuando apenas tenía entre 12-14 años. Y después, pasó enclaustrado cerca de 5 años en una choza, alumbrado con una vela, meditando sobre el arte de la décima.
Lo que atrae en la poesía y cantos de Chelías Villarroel no es tanto los temas cercanos a la cotidiana vida, sino el uso de términos clásicos y su portentosa y angelical voz. Una voz que es quietud y celebración de plenitud de vida. Una gioia o bienandanza, júbilo por existir.
Para quienes deseen escuchar a este juglar de los dioses, sugiero este enlace: http://oyemimusica.blogspot.com/2012/07/chelias-villaroel-22-exitos-originales.htm
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/ @camilodeasis
A mediados de los años ‘90s. siendo director de cultura de la Universidad de Guayana, formé parte, junto con otros directores de cultura de las universidades venezolanas, del comité para realizar |
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Kundera te invita a “La fiesta de la insignificancia”
Escrito por Iván R. Méndez | X: @ivanxcaracas
Lunes, 15 de Septiembre de 2014 10:31
A sus 85 años, y sin publicar narrativa desde los 71, Milan Kundera afirma su juventud intelectual con una novela lúdica y retadora, que interroga sobre "la era de la posbroma" y no propone ningún sistema para entender al mundo, |
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Leonora Carrington: avestruz luminoso
Escrito por Juan Guerrero | X: @camilodeasis
Jueves, 11 de Septiembre de 2014 12:29
Lecturas de papel
Leonora Carrington: avestruz luminoso
Juan Guerrero (*)
Si he de envejecer desearía hacerlo en Japón, en Marruecos o en Alejandría. Y es porque en esos sitios a los ancianos se los tiene por seres especiales. Se les respeta, venera y considera personas importantes porque conocen la alquimia del saber ancestral de sus familias.
Los ancianos son por ello holgazanes, perezosos y felices. Lo decía George Moustaki quien deseaba envejecer en su amada Alejandría de los múltiples olores y sabores.
Por estos días he soñado con el libro La trompetilla acústica (The Hearing Trumpet, 1976) y he visualizado la cubierta de una mariposa con dos grandes orejas que simulan alas. La traducción, de Monte Ávila editores (1977) la hizo Renato Rodríguez, el extraordinario escritor venezolano, autor de Al sur del Equanil.
La trompetilla… es una novela donde la ancianidad fija su protagonismo y establece sus propios saberes. Es un relato donde Leonora Carrington (Inglaterra, 1917 – México, 2011) describe la vida de una anciana y sus múltiples experiencias en un asilo. Obligada a refugiarse en sus sueños donde reside su verdadera libertad que la hace fuerte y a la vez apasionada por la vida.
Relato acaso irónico y de lectura amena, sin embargo la escritora introduce una visión de la vida que es aquella que conoció en su niñez. Formada en un hogar donde la severidad aristocrática patriarcal fijaba la educación entre monjas espantadas por su capacidad para usar sus dos manos y también para escribir en espejo, de izquierda a derecha y a la inversa.
Su otra educación, esa de historias de la cultura celta-irlandesa la recibe de su abuela, madre y nana. Es un mundo de hechiceras, magas y míticos sidhe que la rodean constantemente y le permiten conocer ese otro mundo paralelo que es la magia, el esoterismo y el tarot.
Conocida generalmente como pintora y escultora, Leonora Carrington pertenece a la tríada de mujeres surrealistas, donde destacan Frida Khalo y Remedios Varo. Desde su adolescencia se vinculó con los protagonistas del movimiento surrealista, en su temprana e íntima relación con Max Ernst, el pintor cara de pájaro que tan bien lo describió Anaïs Nin. Posteriormente en París conocerá a Bretón, Picasso, Miró, Dalí, asiduos tertulianos del café Les Deux Magots.
Sin embargo, la pintura de Carrington no puede ser catalogada como totalmente surrealista pues es el mundo onírico, mágico de su infancia lo que se muestra en sus múltiples cuadros.
Artista irreverente y de escritura directa y sentenciosa, su densa obra literaria la componen, La casa del miedo, 1938; Una camisa de dormir sin franela, 1951; El mundo mágico de los mayas, 1964; La dama oval, 1939, entre otros. En todos ellos se encuentra un universo escritural donde se alude al mundo de la magia, la Kabbalah, el Sephirot, la alquimia y la búsqueda del santo Grial.
Marian Leatherby, la anciana de 92 años que se va construyendo en La trompetilla…, junto con su entrañable amiga Carmilla, quien le obsequia la trompetilla, descubre un mundo único, donde las voces, los sonidos y a la vez, las visiones aparecen entre espejismos de experiencias de una irrealidad-realidad que se hacen verosimilitud en las reflexiones y diálogos a lo largo de la novela.
Escritura en su primera parte jocosa, llena de humor y hermosamente trazada por un lenguaje poético que asombra y deslumbra. Su segunda parte, sin embargo, mantiene un ritmo lento y evocador, donde el misterio y la irregular escritura se cierran a lo simbólico, al más puro y ancestral esoterismo.
Luchadora desde su juventud en los movimientos pacifistas y antifascistas, se enfrentó al militarismo y al nazismo y por ello sufrió persecución y destierro, pues debió emigrar a México donde pasó el resto de su vida. Parte de su biografía se encuentra reseñada en una extensa entrevista que le hace Elena Poniatowska. De ella y de otras entrevistas, extraemos algunas de las reflexiones de esta extraordinaria escritora y pintora: “La razón debe conocer la razón del corazón y todas las demás razones.” “Una vez un perro ladró a una máscara que hice. Ha sido el comentario más hermoso que he recibido.” “Hoy vivo entre el aburrimiento y la vergüenza de pertenecer a un género animal como el ser humano. Por eso me gustaría ser un elefante, pero salvaje, no dejarme de nadie; aunque la tortura continúa dentro de la poca libertad que logré.
Escritora a destiempo, lacerante en sus reflexiones y absolutamente comprometida con la vida, la libertad y la pasión por el arte y la literatura, Leonora Carrington nos introduce a un mundo de lucidez por la absoluta realidad, su cotidiana existencia donde sentencia: “No sé qué ha pasado en el mundo este fin de semana. No quiero saberlo. Permitidme ser avestruz por esta noche. Solo por esta noche porque mañana ya es lunes…
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/ @camilodeasis
Si he de envejecer desearía hacerlo en Japón, en Marruecos o en Alejandría. Y es porque en esos sitios a los ancianos se los tiene por seres especiales. |
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