Pedro León
Escrito por Antonio Sánchez García | @sangarccs
Viernes, 06 de Febrero de 2015 11:44

PEDRO LEÓN
Su pérdida es irreparable. Otro grande que se nos va bajo un cielo cubierto de espesos y amenazantes nubarrones. Nuestra pesada deuda con su genio, su arte y su figura sólo será saldada cuando sobre su tierra vuelva a brillar el sol de la Libertad.
ANTONIO SÁNCHEZ GARCÍA @sangarccs
A Mara
Lo pasamos buscando por Las Palmas para ir a la inauguración de una exposición de su compañero Orlando Urdaneta en Los Palos Grandes. Hicimos el trayecto en silencio, poniendo, él y nosotros, especial cuidado en las palabras. Al llevarlo de regreso con Mara, su entrañable compañera, de pronto no resistimos y comenzamos a soltar a borbotones lo que nos acuciaba, a él y a nosotros: ¿qué piensan de lo que nos está pasando?
Soltamos la carcajada. Él había agudizado su discreción, creyendo que éramos chavistas, exactamente lo que nosotros sospechábamos de él y de Mara. Y resultamos ser furibundos opositores de la primerísima hora. “No me digan” – comenzó a hilvanar su historia – “que el día del golpe llegó una loca a la panadería de la esquina gritando que había renacido Bolívar. Me tuve que contener para respetar al prójimo”.
Nos devolvió el alma al cuerpo. Toda una vida juntos, en la izquierda venezolana, él y Soledad librando una batalla incansable en contra de las dictaduras del Cono Sur, a favor del pueblo chileno – ese de los malagradecidos -, reuniendo fondos para los exiliados, ella cantándole por el mundo a Salvador Allende esa hermosa elegía de Pablo Milanés “qué soledad tan sola te inundaba, en el momento en que tus personales amigos de la vida y de la muerte te rodeaban” y él dibujando maravillosos afiches con la paloma de la paz sobre la tricolor sureña con su estrella solitaria. “Chile, quien podrá olvidarte, Juan Panadero de España te cantará en todas partes…”. Eran parte de esa entrañable tribu de la cultura venezolana, socialista y decente, democrática y decente, libertaria y decente, incorruptible y decente, sacrificada, idealista y voluntariosa, democrática y popular hasta la médula de los huesos. Con Miguel Otero Silva y María Teresa Castillo a la cabeza, acompañados por Jacobo Borges, por Margot Benacerraf y todos los actores y actrices, cineastas, teatreros, pintores, escultores que creían en la justicia, generosos y desinteresados. Y unos políticos socialistas hasta el hueso, incluso amantes y admiradores de la revolución cubana, que antes de robarse un centavo del tesoro público o cometer un delito contra los pobres se amputaban los brazos, como Pompeyo Márquez, Luis Beltrán Prieto Figueroa, Teodoro Petkoff, Américo Martín, Moisés Moleiro y tantos y tantos otros, que la lista no cabría en estas páginas. En esa lucha por la libertad y la democracia siempre acompañados con generosidad y desprendimiento por adecos, copeyanos y masistas. De esos tiempos en que nosotros, como nos lo acaba de recordar Claudio Nazoa, uno de los más jóvenes miembros de la tribu y legítimo heredero del Pedro León Zapata humorista, como Laureano Márquez y Rolando Salazar, “éramos felices y no lo sabíamos”.
¿Cómo alguien de ese talante hubiera podido apoyar la felonía de un golpe de Estado sangriento, a mano armada, surgida del trasfondo de la adormecida barbarie cuartelera, atropellando civiles y asesinando inocentes, de un asalto a la Constitución, de un asomo de tiranía y un deslave de corrupción como jamás se hubiera visto en los quinientos años de historia latinoamericana? ¿Cómo no iba a sembrar de grandes caricaturistas un país que ha sabido reír como ningún otro en el mundo y que hoy lo estarán llorando, como Rayma, Weil, Edo y todos los que siguen su ejemplo libertario?
Volvimos a vernos. Él recibiendo con su habitual bonhomía, su deslumbrante talento, su incomparable uso del idioma que en sus labios relucía como recién bruñido. Irónico y fino, sorprendente y luminoso, divertido y entusiasta, con esa reserva de los grandes que miran el mundo desde su solitaria atalaya, compasivo y generoso.
Su pérdida es irreparable. Otro grande que se nos va bajo un cielo cubierto de espesos y amenazantes nubarrones. Nuestra pesada deuda con su genio, su arte y su figura sólo será saldada cuando sobre su tierra vuelva a brillar el sol de la Libertad.

altSu pérdida es irreparable. Otro grande que se nos va bajo un cielo cubierto de espesos y amenazantes nubarrones. 

 
“Jupiter Ascending” o una fábula Sci-Kitsch
Escrito por Iván R. Méndez | X: @ivanxcaracas
Viernes, 06 de Febrero de 2015 10:59

altLos hermanos Wachowski (Andy y Lana) entregan "El destino de Júpiter", una opereta espacial que es una fiesta para la vista,  

 
Venezuela interrumpida
Escrito por Iván R. Méndez | X: @ivanxcaracas
Lunes, 26 de Enero de 2015 12:51

altEl territorio que hoy es Venezuela es portador de  25.000 años de huella humana… “El poblamiento primitivo lo realizó un grupo portador de un incipiente nivel cultural, cuyo complejo

 
Entre Cocker y Duverger
Escrito por Ox Armand
Jueves, 25 de Diciembre de 2014 17:57

altSaldo lamentable, rondando la fecha navideña, nos enteramos de la muerte de dos célebres que nada dicen a las nuevas generaciones.

 
Impresiones de madera
Escrito por Labajim
Sábado, 13 de Diciembre de 2014 07:03

IMPRESIONES EN MADERA
Labajim
“Magic in the Moonlight” de Woody Allen (2014): Indispensable, no debemos predisponernos para verla.  No toda es una gran obra a la que debemos – resignados – asistir para descifrar, en lugar de disfrutar. Después vendrán las reflexiones.
La primera constatación: hay una anécdota. No siempre ocurre en el cine actual, pues se quiere tratar de todo y resulta que la película no trata de nada. Acá hay una historia, clara y definida. Eso es todo un mérito.  Una señorita que está a punto de capturar un marido millonario, se hace pasar por médium y el prestigioso mago, el que convoca a toda la prensa con un chasquido de los dedos, pretende desenmascararla cayendo en la trampa del viejo resentimiento de un condiscípulo de la escuela  precursora de Harry Poter.
Segunda constatación: la película no se entiende sin la música que la trenza toda, continua y casi radialmente. Pareciera trasladarnos a la escena de un salón familiar, alrededor del enorme aparato radial, donde alguien echa un cuento y todos debemos imaginarlo. Esta vez, convencionalmente, lo hace Allen. Y no se mete por los recovecos psicológicos, las disquisiciones existenciales ni simbolización extrema que ha pretendido a Freud en cada milímetro del distraído discurrir. Lo más lejos a lo que llega, ahora, es el conflicto entre la racionalidad y la fe, la razón y la creencia, el mundo terrenal y el que no lo es. Un mago que ha labrado su prestigio en los mejores teatros europeos que parecen no sospechar de la otra guerra mundial pendiente, cita a Nietzsche y logra que la médium sepa de él a lo Reader's Digest. Además, tiene el mago tanto control de sí que, mediando una inoportuna e increíble siesta, con modales victorianos, no experimenta ningún mal pensamiento cuando miran a los astros en un observatorio de pueblo: ni los formales y el frío, pues, que cantase Mario Benedetti.
Tercera y última constatación: excelente producción. Frivolidad aparte, nos hace pensar aquél mundo en el que reinaba la madera para cualquier artefacto. Luego, la movilidad de los muebles, por citar un caso, era escasa. Demasiado peso. No como ahora, donde el aluminio y el plásticos resuelven un simple sofá que puede desplazarse cómodamente por toda la casa. Siempre nos llamó la atención aquellas grandes sillas que había en la Biblioteca Rojas Astudillos, en su vieja sede de Gradillas. En una de sus obras, Salvador Garmedia nos transmite el ambiente ocre del mobiliario de madera. E, incluso, hace poco, en la Iglesia de San Francisco ayudamos a cargar, devolviéndolo a su lugar permanente, una enorme pieza de San Ignacio de Loyola que supusimos más ligera, pero cargarla o empujarla fue algo casi inaudito por la solidez de la madera que probablemente vino desde un barco colonial.
Puede verse, sin pretensiones. Y concluir que, a lo mejor, Allen sacó una nevera fiada de Ingeve y necesita pagarla por los próximos meses.
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alt“Magic in the Moonlight” de Woody Allen (2014): Indispensable, no debemos predisponernos para verla.  No toda es una gran obra a la que debemos

 
“Los viajeros de la noche” o el amorío de una golem y un genio
Escrito por Iván R. Méndez | X: @ivanxcaracas
Viernes, 28 de Noviembre de 2014 18:13

altConocí la leyenda judía del golem a través de Jorge luis Borges, quien recomendaba la lectura, que hice, de “El Golem” del escritor austríaco  Gustav Meyrink.

 
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