Dardos en las palabras
Escrito por José Carlos García Fajardo
Lunes, 06 de Abril de 2015 01:41
Dardos en las palabras
En 2007, el profesor y filósofo, Emilio Lledó, recibió el premio Lázaro Carreter, ex Director de la RAE y admirable lingüista, que hizo muy popular su serie de artículos El dardo en la palabra, que todavía utilizamos periodistas y escritores como fuente de aguas frescas. El periodista Juan Cruz contaba que, a punto de cumplir 80 años, Lledó les había regalado un poco de su tiempo para poner sus propios dardos en las palabras que consideraba esenciales en la actualidad.
Los dardos sirven para reflexionar sobre las palabras, descubrir lo que ocultan o encierran como tesoros. El dardo es esa mirada hacia el espejo de la lengua en la que nos descubrimos, porque el lenguaje nos mira.
El fanatismo que aún persiste en tantas partes del mundo “es la capacidad de ‘no fluir’ mentalmente. La verdadera izquierda tiene que ver con los principios que unen a la humanidad, como la libertad, la justicia, la honradez, la piedad, la concordia, la lucha por la igualdad, la eliminación de las mitologías y el fanatismo. ¿Cómo se puede utilizar ese adjetivo, salvaje (se refería a un artículo que calificaba de esta forma a la izquierda española) por parte de quienes no condenan de una vez por todas los asesinatos, los secuestros, las extorsiones, que corrompen cualquier posibilidad de verdadera libertad? Todos de alguna manera somos víctimas del terrorismo. ¿Desde qué extrañas mitologías, frases hechas, cegueras, fanatismos inquisitoriales ‘vengan de donde vinieren’ se puede aprobar la muerte del otro, la de aquel que han ‘convertido’ en enemigo?”.
Decía el maestro Lledó que la lectura es la posibilidad de dialogar con el pasado, y por lo tanto de enriquecernos en ese monólogo a veces vacío que llevamos con nosotros mismos. Es un gran regalo de la humanidad poder dialogar con otros seres que ya no son de nuestro tiempo. Ese diálogo lo tenemos gracias al surco de la escritura.
Recordaba Juan Cruz que el profesor Lledó se refería con emoción al término alumno cuya etimología es ‘alimentar’. El profesor tiene que dar alimento, pero para que el alumno crezca en sí, y por eso, aunque la etimología es ésa, a mí me gusta añadir otra: la luz, la claridad, el antidogmatismo.
Y añadía, “No tiene sentido la libertad de expresión si no buscamos la verdad de lo que expresamos. La verdad es una búsqueda, una posibilidad, y por tanto se presenta como alternativa, como elección. De ahí viene lo que dijo Antonio Machado, tu verdad no, la verdad, y ven conmigo a buscarla, la tuya guárdala… La tuya: sobre todo si no es verdad, si es un conglomerado de intereses, de ignorancias, de fanatismos, si responde al lenguaje de la vaciedad y el fanatismo que se escuda en las frases hechas para justificar la agresividad que mantienen los profesionales del engaño”.
Más que nunca en estos días del más grande descrédito de políticos, bánksters y entramados corruptos, Emilio Lledó ya lo describía como “degeneración de la mente. La especulación sobre lo público. No sólo había que declarar patrimonio de la humanidad a la Alhambra: habría que hacerlo con toda la costa española, asesinada por una especulación ignorante, avariciosa, insolidaria, egoísta. Y lo peor es la corrupción de la mente, ésa es la que lo corrompe todo”.
Sobre la miseria que padecen millones de personas en esta Unión Europea, rica e insolidaria: “En la que viven seres humanos relegados a la exclusiva búsqueda del sustento, dominados por una ansiedad de supervivencia que les impide todo desarrollo, toda educación, toda creatividad”.
El profesor Lledó ensalzaba el concepto de la auténtica ciudadanía como la construcción de un ser humano libre, fuera de manipulaciones irracionales, alimentado por los principios que constituyen la esencia de la vida, la capacidad de entender, de amar, de sentir; esa capacidad implica la educación de la sensibilidad para el arte, para la historia, para la ciencia.
Consideraba como piedra angular el conocimiento de la propia identidad: Lo que uno es consigo mismo. Para eso tenemos que saber qué nos constituye, quiénes somos; tenemos que ser libres para podernos mirar a nosotros mismos. Una identidad llena de vaciedades colectivas es una falsificación. La verdadera identidad de los seres humanos es la que se basa en principios de justicia, solidaridad, filantropía; es la identidad que permite sentirte parte del universo. Ésa es la verdadera identidad de la democracia.
Con estas líneas, y en un tiempo de mudanza que no puede desarraigarnos la esperanza, evoco las palabras del maestro y filósofo E. Lledó que nos conservó el admirado periodista Juan Cruz, amigo.
José Carlos García Fajardo
Profesor Emérito de Historia del Pensamiento Político y Social por la Universidad Complutense de Madrid (UCM). Director del Centro de Colaboraciones Solidarias (CCS)
Twitter: @GarciafajardoJC En 2007, el profesor y filósofo, Emilio Lledó, recibió el premio Lázaro Carreter, ex Director de la RAE y admirable lingüista, que hizo muy popular su serie de artículos El dardo en la palabra, |
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Día memorioso
Escrito por Nicomedes Febres Luces
Jueves, 02 de Abril de 2015 18:22
DÍA MEMORIOSO
Nicomedes Febres
* Anoche cené con Anapina en casa de mis hermanos Zoraida y Carlos y con Alirio Rodríguez y Alicia y con Edgar Sánchez y Yolanda: todos viejos amigos y aparte de ser ambos premios nacionales de Arte y parte importante de la historia cultural de nuestro país, son además gente muy culta y reflexiva. Rememoramos viejas historias que son parte de la historia del arte venezolano, nunca publicadas, y que probablemente se pierdan, porque por alguna razón que ignoro, los jóvenes del mundo del arte de aquí no se interesan por la historia del arte de su propio país, ni siquiera lo estudian y están solo pendiente de lo que hacen sus compañeros de generación en Estados Unidos y Europa. Presumo que se debe a la tendencia efebocrática que rige la sociedad de consumo desde el progreso de la globalización y tuvo su arrollador comienzo en la década de los años 1960, cuando los jóvenes de entonces, como manadas, establecieron patrones de consumo de carácter generacional y gregario, que predominaron como el segmento con mayor poder de compra. Hablamos anoche también mucho de literatura, uno de esos amores, que debí deje de lado en algún momento de mi vida, pues siendo un niño, mi madre me enseñó el valor de la lectura, por lo que a los 15 años, junto a mis amigos, casi todos muertos jóvenes, nos intercambiábamos los libros. A esa edad ya había leído a Tomás Mann, Herman Hesse, Dostoievski, Ayn Rand, Dickens, a mis amados A. J. Cronin, Samuel Shellabarger, Wilde, Kipling, Hugo, los Dumas y pare de contar y que me pasearon por el tiempo y por la geografía. Luego caí en manos de la amante más exigente, dominante y posesiva que existe, que es la Medicina, que me prohibió leer a nadie distinto a ella, salvo algunas infidelidades ocasionales y fue así como cayeron en mis manos García Márquez, Cabrera Infante y Vargas Llosa por citar tres. Pero como la medicina vive conmigo en un mundo que es necesario conocer más allá de sus límites, me dediqué con ahínco y con interés cartográfico a estudiar Ciencias Políticas, mucho más tolerante que la bendita Medicina, que seguía exigiendo ser la “primera dama”. Todo esto junto al primer deber que me enseñó mi padre, que era vivir y luchar, que es infinitamente divertido y apasionante, por lo que siempre me he identificado más como un hombre de acción que como un “intelectual”, término que me produce cierta urticaria, pese a los regaños de mi entrañable amiga Soledad Mendoza. Para colmo de males, mi maestro el viejo Domínguez Sisco, me presentó una nueva amante que fue el Arte y como para el “viejo” la responsabilidad, era también una norma de vida, me pidió que lo hiciera con la excelencia que acostumbrábamos. Hace cosa de tres años, un día, deseoso de entretenerme y cometer una infidelidad, compre en Khalatos un libro llamada Kafka en la Orilla de un autor japonés llamado Haruki Murakami. La obra era sublime, pero por temor a su inmensa seducción y estando escribiendo el capítulo final de mi propio libro Crónicas de las Mujeres que inquietan a los Hombres, decidí con gran pesar suspender el libro de Murakami en el penúltimo capítulo como una forma de no dejarme atrapar de nuevo por la literatura, y por ello ignoro el final de ese maravilloso libro. Siempre me arrepentiré de esa decisión, pero es bueno ser polígamo, pero no tanto, porque eso sería orgiástico y afectaría a mi propio trabajo, tomando en cuenta además mis amores secretos con la Historia de Venezuela. Lo que sí creo que es que, quién lee vive el doble o el triple del que no lo hace y es más feliz. Además, como no sabemos cuánto vamos a vivir, lo seguro es que la vida dentro de la cultura es mucho más extensa que la juventud, y ser viejo e ignorante es sinónimo de dura sobrevivencia, pero no de vida. Por eso la felicidad plena solo es posible en un Estado de Bienestar Cultural. Anoche cené con Anapina en casa de mis hermanos Zoraida y Carlos y con Alirio Rodríguez y Alicia y con Edgar Sánchez y Yolanda: todos viejos amigos y aparte de ser ambos premios nacionales |
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De "Mi testimonio"
Escrito por Luis Barragán | X: @luisbarraganj
Lunes, 30 de Marzo de 2015 02:04
De Mi testimonio
Luis Barragán
Apenas ahora, iniciándose la Semana Mayor, hemos tenido la ocasión de leer “Mi testimonio” de Juan José Caldera (Los Libros Marcados, Caracas, 2014), gracias al amable préstamo de Iván Colmenares. Prologado por Rafael Tomás Caldera, quien sugiere la existencia de “caudillos civiles” (7), rápidamente transitamos el largo itinerario político de un referente inevitable de la Venezuela contemporánea, que – a modo de ejemplo – se vio forzado a allanar la Universidad Central de Venezuela para inmediatamente restablecer su autonomía (124 ss.), por cierto, provechosa para los más vehementes detractores que hoy la acorralan; demostró agudas y firmes habilidades políticas al gobernar en dos oportunidades, negada en ambas una mayoría parlamentaria; relevó al alto mando militar en una riesgosa y afilada circunstancia (158), aunque hizo de los estudios de opinión una razón de principios para aspirar a la segunda candidatura presidencial (152), o privilegió a su hijo coordinador del principal partido de gobierno (176), en lugar de las consultas regulares que hacía con la dirección colegiada del que fundó al ocupar Miraflores por primera vez. Vale decir, apunta a situaciones muy concretas y visibles que, susceptibles de una polémica a la que no se teme, contrasta con el burdo panegírico en boga.
Quizá porque pertenecimos a otra tradición militante en la democracia-cristiana venezolana, fueron excepcionales las veces que accedimos a Rafael Caldera, quien infundía un respeto reverencial ahora poco visto. Tuvo razón – nos enteramos – el profesor que desaconsejó al doctorando empeñado en realizar la tesis sobre el yaracuyano, pues, el nivel académico en cuestión requiere de la larga madurez que el tiempo concede, a la luz de los documentos y reflexiones que previamente lo faciliten, pero no menos cierto es que éstos tardan demasiado en aparecer con la consistencia de una obra muy bien escrita, como la de Juan José Caldera.
El viejo Caldera exhibió credenciales que actualmente extrañamos, dirimidas por la instantaneidad mediática que dice relevarlos de la añeja profundidad que conoció a través del sostenido testimonio, preparación, motivación y experiencia que lo autorizan – digamos – históricamente. Distintas vicisitudes tejieron su trayectoria pública, siendo difícilmente refutable su vida personal, desde el recio activismo gremial y político de un estudiante de excelente promedio (152), estigmatizado por la célebre visita que le hizo – junto a otros imberbes compañeros – a Leoncio Martínez (65 ss.), asediado al ingresar apenas al cuerpo docente de la universidad que lo formó, dictando una cátedra que culminó con la jubilación; obstaculizado el ejercicio de una diputación que no se dejó escuchar en la famosa reforma de la ley petrolera de 1943 (42 ss.); cumplida la prisión que le permitió leer completamente la Biblia (30 s.); fundido con el partido que ayudó tanto a crear y que, muy luego, compréndase de una forma u otra, abandonó.
El autor de marras, sustentado en los archivos muy bien organizados del padre, entendemos, que incluye hasta la lista de los hijos y mujeres que cuidadosamente llevó Juan Vicente Gómez (Manuel Caballero: “Gómez, el tirano liberal”, Monte Ávila Editores, Caracas,1994: 30), apenas evoca algunos documentos inéditos, como el primer discurso público del viejo, de grata y fácil recordación para sus hijos (41); la diaria anotación que llevó de su juvenil e importante cita de Roma (54 ss.), aunque no ofrece detalle alguno de la discusión; de la carta privada de Rómulo Betancourt para Eva de Liscano (91), o la de Rafael Caldera para el líder arubeño Henny Eman sobre COPEI (155). Presumimos que el Presidente Caldera concibió y redactó sus memorias políticas, siendo tan ordenado y meticuloso, añadida la publicación de sus archivos, pero también instruiría sobre la mejor ocasión para ello, imponiéndose la necesaria prudencia de los herederos que guardan y custodian tan valiosa documentación, conformes con dejar sus testimonios – que, sistematizando las fuentes conocidas, es el del padre – tal como constatamos con el trabajo de Rafael Tomás Caldera para la meritoria compilación de “La Venezuela perenne. Ensayos sobre aportes de venezolanos en dos siglos” (UPEL, Caracas, 2014: 247-268). Por lo demás, recordemos, el mandatario nacional gustaba de escribir sus propios discursos (175), por lo que abundarán las piezas manuscritas o mecanografiadas que esperan los historiadores con paciencia.
Inevitable mención, Juan José Caldera revela la inexistencia de un proyecto constitucional que el propio Chávez Frías admitió (97). Habrá otras y extensas vicisitudes que nos debe el autor, pues, también ocupó la escena política cuando Venezuela abrió improvisadamente las puertas del siglo XXI, apostando por el bueno a conocer de hacer caso a la sentencia popular.
@LuisBarraganJ
Lbarraganblogspotcom 923330121.jpg Apenas ahora, iniciándose la Semana Mayor, hemos tenido la ocasión de leer “Mi testimonio” de Juan José Caldera (Los Libros Marcados, Caracas, 2014), |
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Asuntos personales
Escrito por Nicomedes Febres Luces
Viernes, 20 de Marzo de 2015 11:24
ASUNTOS PERSONALES
Nicomedes Febres
* Ayer en la noche vino a cenar a casa una ahijada con su padre, hija del único amigo que me queda vivo de la época de la infancia y quien estudió conmigo desde kínder hasta bachillerato. Él es para mí como un hermano y sus hijos se los traje al mundo hace años. Mi ahijada es ingeniera egresada de la Universidad Simón Bolívar y forma parte del millón y medio de venezolanos jóvenes que se fueron del país por culpa del gobierno. Es brillante, simpática y ahora trabaja como una alta ejecutiva de mercadeo en una empresa transnacional y si hoy amanece en Buenos Aires, mañana lo hará en New York y así por el estilo. Es una ciudadana del mundo y se casará próximamente. La partida de todos esos muchachos del país es el más grande daño patrimonial que estos muérganos le han hecho a Venezuela y ellos harán falta para su reconstrucción y como ya tienen una vida hecha afuera más amable, más gratificante y más tranquila, uno para ser realista, debe presumir que difícilmente volverán. Esa convicción me ennegrece el alma y es una de las razones más poderosas para nunca olvidar lo que estos degenerados le hicieron a Venezuela. Para mi es imposible perdonar u olvidar. Por eso lucho, por eso escribo estas crónicas y los libros que hago para que los venezolanos del futuro sepan de nuestro pasado y del maravilloso país que fuimos; por eso detesto a aquellos que desde la oposición olvidan que la única, la exclusiva prioridad, y si se quiere, la razón de vivir es la lucha por sacar a estos hampones del poder. Dios me ha concedido unas ahijadas maravillosas de las cuales estoy pendiente, así ellas no lo sepan, desde la primera, una prima que bauticé cuando yo tendría como 12 años y que le encomendé a la querida Negra Anzola cuando mi ahijada se fue a estudiar urbanismo allá y la negra era entonces cónsul en París, allí la acogió como una sobrina y le presentó el que sería su futuro esposo con quién tiene dos hijas maravillosas estudiando el La Sorbona y han sido muy felices, hasta una especialista en CSI que vive y trabaja en Weston, cuyo esposo está en proceso de recuperación postoperatoria y de quien estoy pendiente. De todas y todos mis ahijados estoy orgulloso y soy un padrino exigente para que se superen en la vida. Perdonen estas infidencias que son parte de mi vida. Vaya también con estos recuerdos una oración por el alma de la negra Anzola, una mujer buena y generosa como pocas, de quien estaré agradecido por este favor hasta el final de los tiempos.
* El domingo inauguraremos la esperada exposición de Juan Toro en la galería a la cual están todos invitados. Juan ha registrado toda la violencia y la tragedia venezolana de estos tiempos y está teniendo mucho éxito en el exterior. Ha logrado transformar esa violencia en hermosas metáforas de la realidad, la exposición titulada Índice Riesgo País es relativa a la represión contra las manifestaciones estudiantiles de 2014. Juan es un artista imprescindible de este tiempo venezolano del arte. Por otro lado, metí el hombro para que el Museo de Arte Popular de Petare mostrara la colección del verdadero arte popular colonial venezolano de la colección de Ramón Amado Villegas, un humilde venezolano de excepción de 85 años que ha pasado su vida atesorando ese verdadero arte popular hecho por pardos y esclavos para que las imágenes de vírgenes y santos tramitaran las rogativas de los humildes de ese tiempo. Ramón Amado ha trabajado por años como anticuario y es uno de mis venezolanos más admirados pese a su humilde condición, y dentro de él existe el alma de un gran patriota. El mismo domingo es la inauguración de la exposición en Petare y me desdoblaré como un homenaje al admirado amigo y a Carmen Sofía.
* Hoy pese al matrimonio de un sobrino iré a la muestra en El Hatillo de la muestra de mi querido Pedro León Zapata organizada por Mara, Helio y la galería Utopia 19. Reitero aquí mi fervor zapatista. Pedro León cuida de nosotros. Ayer en la noche vino a cenar a casa una ahijada con su padre, hija del único amigo que me queda vivo de la época de la infancia y quien estudió conmigo desde kínder hasta bachillerato. |
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Embajada gastronómica
Escrito por Ing. Rafael Diaz Casanova
Viernes, 20 de Marzo de 2015 01:33
Las embajadas son delegaciones que ubican los países en los territorios de sus naciones amigas (y no tanto), para atender, de primera mano, temas de todo tipo de importancias. |
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"Relatos Salvajes": prototipo humano imperfecto
Escrito por Dr. Ángel Rafael Lombardi Boscán | @lombardiboscan
Martes, 10 de Marzo de 2015 00:53
RELATOS SALVAJES: PROTOTIPO HUMANO IMPERFECTO
Intimida el espejo de ésta película. No sólo por las resonancias sociológicas que retrata sino por las implicaciones psicológicas en las cuales ahonda. El ser latinoamericano es el protagonista de ésta fotografía cruel: rencoroso, vengativo, feroz, tramposo, corrupto, indisciplinado social, y muy especialmente, extraviado en el laberinto de la vida y la historia.
RELATOS SALVAJES (2014) de Damián Szifrón es la comedia y estupidez humana, es la ambigüedad de nuestros actos bordeando el bien y el mal. En el fondo representa un ajuste de cuentas sobre nuestras miserias e inconsecuencias. En éste caso, el telón de fondo es la sociedad argentina o cualquiera latinoamericana o tercermundista. Una atmosfera bajo la impronta de la desolación y el desamparo legal que acrecienta la orfandad emocional.
Los protagonistas de RELATOS SALVAJES son oscuros y anónimos adultos desquiciados, oportunistas, violentos y hechos con un barro de escasa calidad. Eso de que somos la Raza Cósmica (José Vasconcelos) queda pulverizado. En realidad esa conjunción de indio, europeo y negro africano, tan exaltada, habría que ponerla en revisión y reparación inmediata.
El primer relato, el del avión, es fenomenal: el complot y venganza de un resentido con la vida y sobre quienes le maltrataron. A casi nadie se le hubiera ocurrido semejante ardid para acabar, desde la tortura más diabólica, con todos los que te han hecho daño de una u otra manera.
La venganza de la camarera ante el ultraje que sufrió su familia vuelve a plantear la necesidad de una justicia cuando no hay justicia, algo recurrente en sociedades primitivas aunque persistan en la circunstancia de operar en pleno siglo XXI.
La pelea en la carretera desnuda el salvajismo de la violencia bajo el absurdo de su misma manifestación. Algo que forma parte de cotidianidades incivilizadas y anarquizadas que genéticamente no han sido domesticadas aún. El principio de la cortesía erosionado, ausente.
El episodio de “Bombita” me encantó porque es la justicia salvaje y reparadora ante la justicia legal pero corrupta que desatiende al ciudadano hasta humillarlo en lo más elemental de su dignidad.
La trama del arrollamiento es típica de pueblos con culturas irresponsables y sistemas de justicias aéreos prestos a corromperse siempre con el mejor postor. La legalidad es una ficción y sólo el dinero opera como mecanismo social de salvación aunque la circunstancia sea la más adversa.
La boda, como episodio final, nos parece el más endeble de todos, aunque no deja de ser igual de hiriente en eso de representar los compromisos deshonestos que caracteriza a un mundo y sociedad sin integridad.
RELATOS SALVAJES convierte la ironía en crítica social procurando desnudar nuestro déficit de humanidad y urbanidad, mostrando las torpezas consuetudinarias que nos condenan y oprimen. Es una película sorprendente, y desgarbada, que no deja indiferente a nadie quién la vea.
DR. ANGEL RAFAEL LOMBARDI BOSCAN
DIRECTOR DEL CENTRO DE ESTUDIOS HISTORICOS DE LUZ
Intimida el espejo de ésta película. No sólo por las resonancias sociológicas que retrata sino por las implicaciones psicológicas en las cuales ahonda. El ser latinoamericano es el protagonista de ésta fotografía |
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