| La corbata de Chelías |
| Escrito por Juan Guerrero | X: @camilodeasis |
| Domingo, 21 de Septiembre de 2014 10:43 |
|
Lecturas de papel
La corbata de Chelías
Juan Guerrero (*)
A mediados de los años ‘90s. siendo director de cultura de la Universidad de Guayana, formé parte, junto con otros directores de cultura de las universidades venezolanas, del comité para realizar un homenaje al cantautor margariteño Chelías Villarroel (Los Millanes, 1924).
Mi amiga Elizabeth, quien laboraba en la dirección de cultura de la Universidad de Oriente, me cuenta una anécdota que vivió con el decano de los galeronistas venezolanos y Patrimonio cultural de Nueva Esparta. Para esa ocasión, la universidad quiso hacerle una atención al poeta. Le ofrecieron comprarle un traje entero y él aceptó. También camisa blanca y lustrosos zapatos negros como lo pidió. –Maestro, siguió indicando mi amiga mientras caminaban por el centro de Porlamar. –Qué más desea que le obsequiemos para el acto. –Bueno, mija. Yo quisiera una corbata. –Pues claro, maestro. No faltaba más. –Sí, pero que sea una corbata académica, ripostó el decimista. –Cómo es eso, don Chelías. -Bueno, mira. Yo siempre he querido ponerme una corbata académica. Una de esas que son de un solo color, oscuro, brillante y decente. –Ah!, claro, claro. Y entonces Chelías se apareció en el auditorio con su flamante corbata formal y académica, como le gustaba.
Recuerdo que en ese acto estaban sus otros amigos, galeronistas y decimistas, como Francisco Mata, y los miembros de la agrupación creada por Chelías, Madreperla.
Menciono al juglar de los dioses don José Elías Villarroel o Chelías, como se le conoce, porque ha sido él quien rescató y renovó el género musical del “punto del navegante” o puntillanto, canto que es parte de la esencia del ser margariteño y del oriente venezolano.
Si bien los otros géneros musicales, como la jota margariteña, la malagueña, son un tanto lentos, tristes y melancólicos, o el punto cruzao que es un tanto más rápido en su base rítmica, el puntillanto es, desde nuestra óptica, un quejío que nace del alma y en voz de Chelías se convierte en lamento por los hijos muertos, por su desolada infancia y por su melancólica mirada hacia el fondo de la mar, mar bravía que le ha inspirado tan extraordinarios poemas, como en su Tragedia marina, donde la recurrencia a expresiones del verso antiguo se expresan en una estructura métrica (décima espinela) acompañados de mandolina, cuatro y guitarra.
Zapatero en su juventud y después pescador en extensas campañas por el mar Caribe, su poesía se nutre de esos paisajes donde se entrelazan vivencias en estrofas de una métrica que se hace flexible en sus improvisaciones, como en los cantos de galerón en la Cruz de Mayo.
El puntillanto es un canto hondo, espiritual, que expresa la experiencia de labores, bien sea en la mar como en los campos donde se trabaja la tierra.
Si bien Chelías Villaroroel es ampliamente conocido como cantautor de décimas y como galeronista en las fiestas de Cruz de Mayo, debemos indicar que ha sido además, un investigador de las tradiciones neoespartanas y sobre ello ha publicado sus estudios en La poesía y el cantar margariteño, libro donde analiza la décima margariteña y expone sus impresiones sobre la libertad que posee la décima insular (con 7 y hasta 9 sílabas) que no es necesariamente una décima Espinela.
Y esto es importante porque nos habla de un tipo de versificación que constantemente se está renovando. En la isla de Margarita, más que en otros sitios de Venezuela y el resto de la cuenca del Caribe, donde se sigue la tradición decimista, los galeronistas improvisan y se salen de la métrica convencional.
Prueba de ello es la característica que siempre ha tenido Chelías cuando interviene en las fiestas de la Cruz, declamando sin nada escrito. Pura improvisación y sentido innato de una métrica que en su cuadratura, le permite ser flexible para introducir cambios y actualizar sus cantos.
Tal vez su capacidad para renovar la décima y sobre todo, para rescatar el puntillanto y actualizarlo, sea la temprana incursión en la poesía. Compuso sus primeros poemas cuando apenas tenía entre 12-14 años. Y después, pasó enclaustrado cerca de 5 años en una choza, alumbrado con una vela, meditando sobre el arte de la décima.
Lo que atrae en la poesía y cantos de Chelías Villarroel no es tanto los temas cercanos a la cotidiana vida, sino el uso de términos clásicos y su portentosa y angelical voz. Una voz que es quietud y celebración de plenitud de vida. Una gioia o bienandanza, júbilo por existir.
Para quienes deseen escuchar a este juglar de los dioses, sugiero este enlace: http://oyemimusica.blogspot.com/2012/07/chelias-villaroel-22-exitos-originales.htm
(*)
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/ @camilodeasis
A mediados de los años ‘90s. siendo director de cultura de la Universidad de Guayana, formé parte, junto con otros directores de cultura de las universidades venezolanas, del comité para realizar
un homenaje al cantautor margariteño Chelías Villarroel (Los Millanes, 1924).Mi amiga Elizabeth, quien laboraba en la dirección de cultura de la Universidad de Oriente, me cuenta una anécdota que vivió con el decano de los galeronistas venezolanos y Patrimonio cultural de Nueva Esparta. Para esa ocasión, la universidad quiso hacerle una atención al poeta. Le ofrecieron comprarle un traje entero y él aceptó. También camisa blanca y lustrosos zapatos negros como lo pidió. –Maestro, siguió indicando mi amiga mientras caminaban por el centro de Porlamar. –Qué más desea que le obsequiemos para el acto. –Bueno, mija. Yo quisiera una corbata. –Pues claro, maestro. No faltaba más. –Sí, pero que sea una corbata académica, ripostó el decimista. –Cómo es eso, don Chelías. -Bueno, mira. Yo siempre he querido ponerme una corbata académica. Una de esas que son de un solo color, oscuro, brillante y decente. –Ah!, claro, claro. Y entonces Chelías se apareció en el auditorio con su flamante corbata formal y académica, como le gustaba. Recuerdo que en ese acto estaban sus otros amigos, galeronistas y decimistas, como Francisco Mata, y los miembros de la agrupación creada por Chelías, Madreperla. Menciono al juglar de los dioses don José Elías Villarroel o Chelías, como se le conoce, porque ha sido él quien rescató y renovó el género musical del “punto del navegante” o puntillanto, canto que es parte de la esencia del ser margariteño y del oriente venezolano. Si bien los otros géneros musicales, como la jota margariteña, la malagueña, son un tanto lentos, tristes y melancólicos, o el punto cruzao que es un tanto más rápido en su base rítmica, el puntillanto es, desde nuestra óptica, un quejío que nace del alma y en voz de Chelías se convierte en lamento por los hijos muertos, por su desolada infancia y por su melancólica mirada hacia el fondo de la mar, mar bravía que le ha inspirado tan extraordinarios poemas, como en su Tragedia marina, donde la recurrencia a expresiones del verso antiguo se expresan en una estructura métrica (décima espinela) acompañados de mandolina, cuatro y guitarra. Zapatero en su juventud y después pescador en extensas campañas por el mar Caribe, su poesía se nutre de esos paisajes donde se entrelazan vivencias en estrofas de una métrica que se hace flexible en sus improvisaciones, como en los cantos de galerón en la Cruz de Mayo. El puntillanto es un canto hondo, espiritual, que expresa la experiencia de labores, bien sea en la mar como en los campos donde se trabaja la tierra. Si bien Chelías Villaroroel es ampliamente conocido como cantautor de décimas y como galeronista en las fiestas de Cruz de Mayo, debemos indicar que ha sido además, un investigador de las tradiciones neoespartanas y sobre ello ha publicado sus estudios en La poesía y el cantar margariteño, libro donde analiza la décima margariteña y expone sus impresiones sobre la libertad que posee la décima insular (con 7 y hasta 9 sílabas) que no es necesariamente una décima Espinela. Y esto es importante porque nos habla de un tipo de versificación que constantemente se está renovando. En la isla de Margarita, más que en otros sitios de Venezuela y el resto de la cuenca del Caribe, donde se sigue la tradición decimista, los galeronistas improvisan y se salen de la métrica convencional. Prueba de ello es la característica que siempre ha tenido Chelías cuando interviene en las fiestas de la Cruz, declamando sin nada escrito. Pura improvisación y sentido innato de una métrica que en su cuadratura, le permite ser flexible para introducir cambios y actualizar sus cantos. Tal vez su capacidad para renovar la décima y sobre todo, para rescatar el puntillanto y actualizarlo, sea la temprana incursión en la poesía. Compuso sus primeros poemas cuando apenas tenía entre 12-14 años. Y después, pasó enclaustrado cerca de 5 años en una choza, alumbrado con una vela, meditando sobre el arte de la décima. Lo que atrae en la poesía y cantos de Chelías Villarroel no es tanto los temas cercanos a la cotidiana vida, sino el uso de términos clásicos y su portentosa y angelical voz. Una voz que es quietud y celebración de plenitud de vida. Una gioia o bienandanza, júbilo por existir. Para quienes deseen escuchar a este juglar de los dioses, sugiero este enlace: http://oyemimusica.blogspot.com/2012/07/chelias-villaroel-22-exitos-originales.htm Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla / @camilodeasis (*): Foto por @negfertty |
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