| Los límites del modelo de transición pactada aplicado a Venezuela |
| Escrito por Douglas C. Ramírez Vera | @AccHumGremial |
| Miércoles, 05 de Agosto de 2026 00:00 |
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1. Introducción: La paradoja de la “transitología” en contextos no convencionales El debate contemporáneo sobre los procesos de democratización suele recurrir al marco conceptual expuesto en reflexiones como «Transiciones pactadas, arquitectos grises» (https://tinyurl.com/22nembmd). Esta perspectiva sostiene que las salidas institucionales a regímenes autoritarios no son fruto de gestas épicas ni de insurrecciones espontáneas, sino del pragmatismo de élites políticas, económicas y castrenses que negocian costos, garantías y cuotas de poder. Casos paradigmáticos como la Mesa Redonda en Polonia (entre Solidaridad y el Partido Comunista), el proceso CODESA en Sudáfrica (Mandela y De Klerk), el plebiscito de 1988 en Chile, o las aperturas graduales en Brasil y Portugal fundamentan esta tesis: la movilización popular gatilla la crisis, pero son los «arquitectos grises» quienes redactan el pacto de gobernabilidad. Sin embargo, la extrapolación lineal de este modelo al caso venezolano tropieza con severas distorsiones analíticas. La transitología clásica presupone la existencia de un "desgaste acumulado" que impacta de forma transversal tanto a la sociedad civil como al bloque hegemonizado en el poder. Un análisis riguroso de la dinámica venezolana exige examinar las condiciones de entrada de este esquema, demostrando que la profunda asimetría en la distribución de los costos de la crisis altera de manera determinante la viabilidad de una negociación pactada. 2. Anatomía comparada: Chile 1982 vs. Venezuela contemporánea El caso chileno se cita recurrentemente como el estándar de la transición negociada bajo tutela militar. En Chile, la dictadura de Augusto Pinochet terminó aceptando una hoja de ruta electoral que incluía mecanismos de protección institucional para el estamento militar (senadores designados, autonomía presupuestaria y blindaje legal). No obstante, el verdadero catalizador de dicha apertura fue la crisis económica de 1982. El colapso del modelo neoliberal de los Chicago Boys, el desempleo masivo y la quiebra del sistema financiero no solo castigaron a la ciudadanía, sino que fracturaron la cohesión de la élite empresarial que sostenía al régimen y erosionaron la estabilidad de los ingresos reales en los mandos militares intermedios. En Venezuela, por el contrario, la hiperinflación, la severa contracción del PIB y la destrucción sistemática del salario real no han producido un efecto análogo sobre la cúpula gobernante. La diferencia estructural radica en los mecanismos de externalización del costo desplegados por el régimen:
A la militarización interna de la renta se le suma una dimensión geopolítica insoslayable: la presencia e influencia de actores militares de escala internacional en el entorno estratégico nacional (desde operaciones de seguridad del Comando Sur en áreas costeras como La Guaira hasta alianzas de inteligencia exógenas). Mientras que en Chile la presión geopolítica estadounidense buscaba canalizar la salida mediante el plebiscito, en el caso venezolano el factor militar externo opera como una variable que altera los cálculos de disuasión, el control de infraestructuras críticas y los costos de oportunidad del núcleo duro del régimen. 3. Matriz comparativa de la dinámica de transición A continuación, se sintetizan las divergencias estructurales entre el modelo clásico de transición pactada y la realidad del conflicto venezolano
4. Coincidencias teóricas y el rol inevitable del estamento castrense A pesar de las marcadas diferencias en la distribución de costos, existe una coincidencia analítica insoslayable entre la teoría de las transiciones pactadas y la realidad venezolana: la inevitabilidad del factor militar en la ecuación de gobernabilidad. Tanto en el esquema clásico como en la eventual resolución del conflicto venezolano, cualquier ventana de oportunidad requerirá el diseño de incentivos institucionales y garantías de seguridad para el estamento castrense. Pretender una restauración democrática que desconozca la capacidad de veto de las Fuerzas Armadas resulta inviable. La redacción de marcos de amnistía, la definición de áreas de preservación institucional y la reestructuración gradual del sistema de justicia constituyen requisitos técnicos indispensables. La coincidencia radica en la forma de la negociación; la divergencia, en el momento en que dicha negociación se vuelve realmente atractiva para quienes ostentan la fuerza.
5. Conclusión: El umbral real del cambio institucional El examen honesto del modelo de transición pactada demuestra que el "sentido de oportunidad" de la clase política no debe medirse por la profundidad del sufrimiento social, sino por el nivel de afectación de los actores con capacidad de veto. El régimen venezolano no resiste las crisis; las redistribuye. Mientras el diseño institucional permita proteger al núcleo duro militar y político mediante la asignación de rentas exógenas, el umbral donde negociar resulta preferible a resistir continuará desplazándose. El marco analítico de las transiciones pactadas mantiene su valor heurístico, pero su aplicación al caso venezolano exige abandonar las lecturas voluntaristas. La posibilidad de un acuerdo negociado no surgirá del colapso del bienestar ciudadano, sino del momento preciso en que las variables económicas internacionales, el agotamiento de los mecanismos de evasión rentística o las tensiones internas fracturen la capacidad de la cúpula para seguir externalizando el costo de la crisis. |*|: El autor es Profesor de la Universidad de Los Andes (ULA) . ORCID: 0009-0001-5282-0006
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