| Kundera te invita a “La fiesta de la insignificancia” |
| Escrito por Iván R. Méndez | X: @ivanxcaracas |
| Lunes, 15 de Septiembre de 2014 10:31 |
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que es el vicio habitual de los escritores que siguen tecleando en el ocaso de sus días. “La fiesta de la insignificancia” (con carátula ilustrada por el novelista) está construida en un registro humorístico que invita a imaginar a los personajes atrapados en mini espirales existenciales, que, de tanto rumiarlas, las vuelven insignificantes para ellos y para el lector. “Los protagonistas se presentan” en la primera de las siete partes que componen la novela. Alain, se interroga sobre cómo describir y definir la particularidad de la orientación erótica de hombres y épocas que fijan la vista en los muslos, los pechos, las nalgas o, como la nuestra, el ombligo de los mujeres… En el caso de los muslos, se aventura a reflexionar, “la longitud de los muslos es la imagen metafórica del camino, largo y fascinante (por eso los muslos deben ser largos) que conduce hacia la consumación erótica…”. A Ramón lo conocemos vagabundeando por una alameda, luego de evadir una exposición de la obra de Chagall a causa del gentío que hacía cola para entrar. D’Argelo es el siguiente protagonista, un narciso que esperaba lo peor de su última visita al médico… Charles, Calibán (el mote le quedó luego de participar en La Tempestad de Shakespeare), Quaquelique, Madelaine conforman el universo de personas que nos invitan a pasear por la insignificancia… Insignificancia liberadora Ramón y Charles discuten sobre el mejor camino para conquistar a una mujer en una fiesta. Ambos creen que la “inutilidad de ser brillante”, “es algo más que inutilidad. La nocividad. Cuando un tipo brillante intenta seducir a una mujer, ésta tiene la impresión de entrar en una competición. Ella también se siente obligada a deslumbrar. A no entregarse sin resistencia. Mientras que la insignificancia la libera. La descarga de preocupaciones. No exige ninguna agudeza. La despreocupa y, por lo tanto, la hace más fácilmente accesible”.
Kundera no ofrece una obra fácil. Me explico, sí, es fácil de leer de un tirón (apenas 144 páginas), pero cada párrafo se bifurca en preguntas, acotaciones, giros lingüísticos e incluso personajes. El mismo Stalin se pasea por estas páginas mientras cuenta su historia de “las veinticuatro perdices” (recogida por Nikita Jrushchov en sus memorias)… Y que Calibán utiliza para denunciar algo que preocupa a Kundera, “todos a su alrededor habían olvidado ya qué es una broma”. Los muertos viejos La dimensión del tiempo en esta obra de Kundera nos entrega el concepto de “muertos viejos”, dejemos que el checo lo explique en sus palabras, “El tiempo corre. Gracias a él, primero vivimos, lo cual quiere decir que ya hemos sido acusados y juzgados por la gente. Luego morimos y permanecemos aún unos años entre los que nos han conocido, pero muy pronto se produce otro cambio: los muertos pasan a ser muertos viejos, de los que ya nadie se acuerda y que desaparecen en la nada; tan sólo unos cuantos, muy, muy pocos, imprimen su nombre en la memoria de la gente, pero, ya sin testigos fehacientes, sin un solo recuerdo real, pasan a ser marionetas”. Los personajes hablan con soltura en “la fiesta de la insignificancia”, pero Kundera, omnisciente, se intercala entre éstos, “para todos mis personajes, esa velada se ha teñido de tristeza” … El tema recurrente es la figura materna, pero también la soledad (“el ser humano no es sino soledad”), la culpa (que genera a los “perdonazos”),la identidad, que, como sabes, son temas que Kundera ha visitado y dinamitado a lo largo de su obra. Estos personajes te acompañarán durante un buen tiempo, ellos, quizá al igual que nosotros, comprendieron “desde hace mucho que ya no era posible subvertir al mundo, ni remodelarlo, ni detener su pobre huida hacia delante. Sólo había una resistencia posible: no tomarlo en serio. Pero me doy cuenta de que nuestras gracias ya perdieron todo su poder”.
Año tras año se vaticina el ingreso de Milan Kundera (Brno, República Checa, 1929) a la inmóvil galería de premios Nobel. Su amplia obra (“La insoportable levedad del ser” ; “La vida está en otra parte”; “El libro de los amores ridículos” ; “La lentitud” , entre otras) trajo vida a las letras europeas, usualmente atrapadas en sus propias escuelas y cánones. No obstante, el terco club de jurados de la Academia Sueca sigue apostado por elevarlo a un club más exquisito, una Salita de Té sólo para genios que no recibieron el premio: León Tolstoi, James Joyce, J.R. Tolkien, Jorge Luis Borges, Carlos Fuentes y, a mi juicio personal, Álvaro Mutis. No obstante, Gallimard lo incorporó a su Collection Bibliothèque de la Pléiade @ivanxcaracas
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Milan Kundera. La Fiesta de la Insignificancia |
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