| Mataron al sastre |
| Escrito por Ignacio Ávalos Gutiérrez |
| Miércoles, 14 de Septiembre de 2011 06:58 |
Vamos en camino de banalizar la muerte. No debe extrañarnos, entonces, que al cierre del presente año tengamos que contar la muerte violenta de alrededor de veinte mil venezolanos
I. Al sastre, un hombre bueno, según quienes lo conocían, lo mataron porque cosió mal un pantalón. Al parecer, es duro escribirlo, en estos días cualquier razón vale suficiente para asesinar a alguien. Vamos en camino de banalizar la muerte. No debe extrañarnos, entonces, que al cierre del presente año tengamos que contar la muerte violenta de alrededor de veinte mil venezolanos, casi todos jóvenes, casi todos varones, lo que deja una legión de personas viudas y huérfanas, pero también, aún más, a padres sin hijos. Como lo dijo el poeta mexicano Javier Sicilia, a quien le mataron un hijo apenas veinteañero, la muerte de un hijo es siempre antinatural, y por ello carece de nombre: entonces no se es huérfano ni viudo, se es simple y dolorosamente nada. II. Al tiempo, pues, en que un cliente inconforme asesina a su sastre y se apilan los números de homicidios, robos, secuestros y paremos de contar, el ministro Tareck el Aissami tapa el sol con el dedo de un discurso presumido, casi de utilería, al anunciar la existencia de una "verdadera política integral en materia de seguridad", una estrategia mediante la cual se trata, como en tantas otras áreas, de conminar a la realidad para que no siga haciendo de las suyas. Voluntarismo ideológico en su mejor expresión, pretendiendo inventar un gobierno que en esta área, de verdad, casi no existe. Mientras tanto, desde la desmesura con la que ve a sí mismo su propia importancia, el presidente Chávez envuelve al país con sus dolencias personales, al extremo de que el culto a su personalidad llega hasta ribetes que dan pena ajena y el gobierno mediático se ocupa de que las cámaras nos dejen ver como encara su enfermedad, como lo hace con la misma entereza épica con la que dirige la revolución. Así, Chávez canta, Chávez recita, Chávez hace boxeo de sombra, Chávez practica gimnasia, Chávez da órdenes a sus ministros, Chávez denuncia planes golpistas, Chávez firma decretos, Chávez ataca a los opositores, Chávez habla de Libia, Chávez twittea, Chávez se permite, en fin, opinar sobre el tema de la inseguridad venezolana y decir, en tono lapidario, que peor es la situación por la que atraviesan otros países latinoamericanos, reiterando así una interpretación que tiende a minimizar la gravedad de nuestras estadísticas y a poner las explicaciones correspondientes lejos de su responsabilidad, colocándolas en el sistema capitalista, en la cuarta república o, últimamente, en los gobernadores de la oposición, al paso de que, luego de más de una década en Miraflores, nos pide calma y paciencia, que entendamos que la construcción del socialismo no es soplar y hacer botellas, que vivimos una etapa de transición, como si veinte mil muertos cuantos kilos de dolor serán, por cierto- fueran un dato inevitable en el camino hacia el paraíso y la muerte del sastre que se equivocó al tomar ciertas medidas, apenas una anécdota. III. Así, de a poquito, la violencia ha dejado de ocurrirle a los otros y empieza a poder pasarnos a todos. Va siendo una tragedia compartida sin distinciones de ningún tipo. No debe extrañar, por tanto, que una gran parte de los venezolanos crea que hay que armarse, visto que el Estado no está cumpliendo la que, seguramente, es su principal obligación, la de permitirnos vivir sin temor, sin sospechar que cualquier prójimo que se acerca es capaz de joderte. La sociedad ha quedado a merced del susto, mientras la anomia se le va colando. En fin, tal vez lo peor sea que en nuestra sociedad violenta el miedo se está volviendo modo de vida. Y cualquiera sabe que del miedo nunca sale nada bueno. Harina de otro costal En estos tiempos, de Misión Vivienda y de la Ley de Arrendamiento, Aquiles Martini, presidente de la Cámara Inmobiliaria le responde al periodista Hugo Prieto, en entrevista para Ultimas Noticias , que no hay manera de hablar con el Gobierno. Yo me empeño, le dice, ahora que voy a la AN a discutir la ley, por fin me saludo con el diputado Diosdado Cabello. Por eso estamos como estamos, dicen uno, mientras ve como el absurdo trata de volverse normalidad política. Esta dirección electrónica esta protegida contra spam bots. Necesita activar JavaScript para visualizarla EN/OyN |
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