Del Curiepazo a lo otro, poco queda
Escrito por Alberto Baumeister Toledo   
Martes, 28 de Julio de 2009 15:47

Como dicen por allí, “La culpa no es de la estaca”, el vergajo bolchevique no cesa de instar a Juan Pueblo para que reaccione, y por allí va la cosa. En Miranda, no es la primera vez que sus pobladores, por demás callados y bonachones, cuando reaccionan, cuando están hartos de abusos lo hacen con fiera furia y lo tienen demostrado con mucho y desde hace tiempo. Bueno es recordar al valiente Dionisio Cisneros, que tuvo en jaque la Primera República durante muchos años, y no hubo quien lo enfrentara que no saliera con las tablas en la cabeza.

Lo ocurrido en Curiepe, y aún en reclamo de aclaratoria razonable, no es la primera vez que acontece en nuestro país, pero el muchacho, como debe ser, esta vez les salió respondón.

Con la arbitrariedad y desparpajo con los que caracteriza su actuación como máximo representante del Poder Público, sepa Ud. con cual cosa que no le gustó, dispuso la toma en forma por demás arbitraria y sin precedente racional, a la policía municipal del hermoso pueblo que sirve de cuna a los famosos tambores barloventeños, pero así como ese pueblo es parte del folklore nacional musical afroamericano, también lo es por la seriedad de sus habitantes cuando se trata de la defensa de sus de derechos.

Mi dilecto amigo José Antonio Patiño me solía contar, como se bebía caña por esos lados, pero también como se peleaba a machete por esos lados de Curiepe, y como raspaban a más de uno por procurar ser macho o abusador en épocas de los arreos de mulas con cacao para los grandes almacenes de Caracas.

Podemos estar de acuerdo con que el orden y la Ley van de primeros, pero para ello deben aplicarse procedimientos generales e igualitarios, que no escoger a gusto del jerarca emborrachado del poder, a cual o a quien vamos a “fuñir” como dicen por esos lados.

Si la Policía municipal, estadal o nacional no sirve, o se encuentra en situación de desacato, está bien que se la sancione y ponga en orden, pero eso sí, a toda la policía, y previas averiguaciones del caso e información al resto de las autoridades. Pero de allí al asalto de una población, sin motivos aparentes hay mucho trecho y es sensato pensar en abusos por parte de quienes adoptan tales procederes.

Si los hombres de ese pueblo en verdad quieren demostrar que lo son, no pueden actuar de manera diferente, que defendiendo a su gente y a sus autoridades. No es admisible que la autoridad nacional, en desbandada y sin motivos aparentes, ni por procedimientos generales, tome un tranquilo pueblo y desautorice a su cuerpo policial, tal cual fueran bandidos ante ese su pueblo.

Los jueguitos políticos contra los dirigentes estadales, vecinales o inclusive comunales, que pueden ser otra excusa, no son valederos ni racionalmente aplicables en estos casos, ni para proceder en la forma que recientemente ocurrió en Curiepe.

Ésta es fecha y hora que el pueblo sigue desinformado en cuanto a cuáles fueron las causas de tal proceder, y de que continúen conductas como las ahora comentadas y ocurridas con sectores de la Policía metropolitana de Caracas y con la del propio pueblo barloventeño.

Si es que el mal resulta más profundo, y amen de la responsabilidad de las propias autoridades nacionales, debe tenerse clara conciencia de cómo se dispone corregir o enmendar esas conductas y, finalmente, si todo obedece a venganzas políticas y a demostraciones de fuerzas contra la oposición, mejor es que se piense en mecanismos más serios y efectivos, pues las cosas pueden resultar que se volteen y sea peor el remedio que la enfermedad.

Miranda siempre ha reaccionado, sentando ejemplo. Quizá ello será porque aún sus placidos ciudadanos tratan de vengar los muchos vejámenes que le fueron propinados a su héroe epónimo. Recordemos episodios ya no tan recientes, como los sucedidos con las restricciones de gasolina y aumentos de pasajes, donde los mirandinos dimos ejemplo de reacción en defensa de nuestros derechos y sin miedo a las armas, ni a la fuerza con las cuales se pretendieron repeler aquellos.

Los “curiepazos” son avisos tempestivos de lo que puede ocurrir con desaguisadas órdenes y mal entendidos valentonazos. Los pueblos saben cuando tienen la razón y cómo defenderla.


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