El celíaco porvenir de Chávez
Escrito por Eduardo Casanova   
Lunes, 20 de Julio de 2009 16:22

altSí, la historia no se repite, pero hay como tendencias que parecen recurrentes. Los gobernantes locos e irresponsables suelen hacer, en tiempos diferentes, locuras parecidas. Hechos más, hechos menos, parecería que es el caso de Cipriano Castro y Hugo Chávez. Castro, cuando los banqueros de su tiempo le negaron un crédito, los hizo presos, los encadenó y los paseó por las calles de Caracas antes de encerrarlos en La Rotunda. Consiguió el dinero prestado, claro está, pero también el rechazo unánime de los hombres de negocios de Caracas y del resto del país.

Pero sus locuras no se limitaron a sus relaciones con los banqueros. Se creyó el nuevo Bolívar, el Bolívar del siglo XX, y decidió que restablecería la Gran Colombia.

Y así, ignorando la Historia, promovió una gran alianza liberal latinoamericana con el fin de invadir Colombia, derrocar al gobierno conservador de José Manuel Marroquín, el dictador académico que derrotaría a los liberales luego de años de guerra y restituir lo que Páez y Santander deshicieron en 1830.

El jefe del partido liberal colombiano, Rafael Uribe Uribe (cáspita, qué anticasualidad), lo apoyó, así como Eloy Alfaro y José Santos Zelaya (recáspita, qué increíble casualidad), presidentes liberales de Ecuador y de Nicaragua (¡Diosito, más casualidad aún!). El 25 de julio de 1901, un pequeño ejército colombiano, mandado por el venezolano Carlos Rangel Garbiras, invadió el Táchira y Castro lo venció con un ejército venezolano, uno de cuyos estrategas era el ya mentado Rafael Uribe Uribe, jefe de los liberales. Como respuesta, Castro envió una grotesca invasión venezolana por la Guajira que terminó derrotada en una emboscada, en Carazúa, el 13 de septiembre de 1901, después de que varios centenares de soldados venezolanos fueron engullidos por el desierto y la disentería.

Así murieron, también de diarrea, los sueños bolivarianos de Castro. En estos días se rumora que el teniente coronel Chávez Frías piensa enviar tropas a invadir Honduras conjuntamente con los nicaragüenses y los cubanos, y cuidado si los salvadoreños. Si es así, lo más probable es que los soldaditos venezolanos y sus oficiales resulten diezmados. No están preparados para combatir en serio, y su moral, corroída por eso de que sus tareas recientes hayan sido las de verduleros y carniceros en Mercal, no debe estar muy alta. Si eso ocurre, y es muy probable, la diarrea va a atacar no tanto a los soldados, como fue en el comienzo del siglo XX, sino a su comandante en jefe, el famoso héroe del Museo Militar, habilísimo en oratoria, en triquiñuelas y hasta en política, sobre todo la de mala fe, pero no en el arte de la guerra. Que con su pan se la coma.


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