Tanto va al agua el cántaro...
Escrito por Francisco J. Quevedo   
Miércoles, 08 de Diciembre de 2010 22:55

altUn régimen que lleva la represión abajo, a nivel del soldado y el policía, avanza progresivamente hacia el cerco de una sociedad que paulatinamente pasa a ser controlada por sátrapas. El término “sátrapa” viene del griego satrápes y cuenta con un homólogo persa, y significa el protector de la tierra o país, era el nombre que se le daba a los gobernadores de los antiguos imperios de Persia. Hoy en día, tiende a referirse a los esbirros (personas pagadas por otro para ejecutar órdenes violentas, como dicen los diccionarios) de cualquier régimen dictatorial.

Un sátrapa, bajo esta definición moderna, podría ser entonces
cualquier policía que meta presos a treinta usuarios del transporte público que protestan por su inoperancia. Un sátrapa sería un juez que mande a un penal militar a un procesado, electo diputado, beneficiado previamente por un fallo de casa por cárcel emitido por una Corte Suprema. Un sátrapa sería un soldado que detiene a un espectador en un juego de béisbol por usar una franela con consignas políticas que expresan libremente su opinión en contra de un régimen. Un sátrapa sería un conductor de un programa televisivo que expone al escarnio revolucionario a cualquier disidente como el suscrito. Un sátrapa sería un general que amenaza con un golpe militar en contra de cualquier decisión mayoritaria del Pueblo que adverse los intereses de su comandante, y más sátrapa el fiscal que lo condecore “por su defensa a la Constitución”.

Cuando un régimen logra que los sátrapas actúen libremente, y los premia, avanza, cual “Garrote Vil”, en contra de una sociedad que se siente espiada, controlada y reprimida por cualquier autoridad, a la cual pasa a temer, y hasta por el vecino, en quién tenderá a desconfiar. La gente comienza a criticar en secreto, como en los ministerios y cuarteles. Pero cuando esos sátrapas se extreman en atribuciones, el Pueblo reacciona, generando protestas a diario. Al llegar a ese punto, la violencia es inminente.

¿Estaremos llegando allí? Quienes actúan de esta manera deberían recordar el “Caracazo”, cuando un aumento del transporte generó protestas que degeneraron en disturbios y saqueos en Guarenas que se diseminaron por toda la Capital el 27 de Febrero de 1989. La anti-represión puede manifestarse en crímenes aparentemente aislados contra líderes de un régimen, como los ocurridos la semana pasada en Anzoátegui y en otras partes del país, o contra los familiares de estos, como los que ocurren en Caracas.

Cuando las invasiones afectan a muchos, cuando los asesinatos quedan impunes, como los de los soldados y víctimas de la Plaza Altamira, o cuando las agresiones como la del soldado aquel, parecido a Mike Tyson, quien violentamente lanzó a una señora que protestaba en Maracay contra el pavimento, ocurren ante los ojos de la sociedad, las reacciones pueden surgir de manera espontánea en las calles, tal como sucede cuando una comunidad se ensaña contra un azote de barrio. Tanto va el agua al cántaro hasta que revienta, dicen. La gente se cansa. Un perro acorralado muerde. Y los que pueden parecer eventos aislados están conectados por una misma causa y por ende no lo son, sin que necesariamente exista una conspiración tras de ellos.

Mientras un régimen cree que consolida un cerco contra la sociedad, también crea las condiciones propicias para desatar una reacción en cadena. Dios nos libre.


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