| El mesianismo como problema estructural |
| Escrito por Emanuel Figueroa | @EmaFigueroaC |
| Sábado, 25 de Abril de 2026 00:10 |
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La figura de un redentor, un “Salvador” que encarne los deseos del pueblo y resuelva todos los problemas, siempre ha estado latente en la psiquis colectiva. Me refiero al inicio de nuestra República porque esta tendencia ha sido constante: primero con líderes caudillos militares y, posteriormente, en los siglos XX y XXI. Ese problema generacional e histórico nos arrastró a la debacle que hoy vivimos, poniendo en peligro incluso la existencia misma de la nación. Existen numerosos casos de caudillos que gobernaron más de 10 años en el siglo XIX, como los hermanos Monagas, quienes centralizaron el poder, privilegiaron a sus allegados y persiguieron a sus disidentes. Estos dos hermanos representan un patrón que se formó en una República recién nacida y que persiste hasta nuestros días. El caudillismo, presente casi como un requisito inevitable para llegar al poder, nos condujo a un siglo XX con una democracia que, aunque imperfecta, era funcional, pero siempre con la sombra del populismo y el mesianismo. Sumado a los problemas estructurales de la época, que en lugar de resolverse se profundizaron, esto nos llevó al régimen de Hugo Chávez y al chavismo, que fue el resultado de este cáncer que aún mantenemos. Es evidente que el culto al personalismo cegó al país y lo llevó a la deriva y al autoritarismo. Chávez gobernó con un poder absoluto, siendo visto como el “Salvador de los pobres” y aquel que venía a barrer con todo lo que ya existía. Sin embargo, su plan era macabro: en el fondo no buscaba resolver los problemas, sino acrecentarlos mediante el secuestro de las instituciones y el control socioeconómico. El resultado de ello fue Nicolás Maduro, a quien ya conocemos por sus crímenes y por afianzar lo que Chávez había propuesto. El problema no es solo la existencia de estos líderes mesiánicos, sino también social, ya que históricamente se ha depositado la confianza en ellos para resolver nuestros problemas en medio de un país que siempre ha sido dependiente del Estado, porque su economía está diseñada precisamente para el control social. Incluso diría que el problema se ha convertido también en psicológico y cultural, ya que surge muchas veces como consecuencia de la incertidumbre que como país hemos vivido, convirtiendo así al líder más que en un administrador en una figura proveedora y, en casos más radicales, casi en un salvador. Todo esto lo menciono para hablar de la Venezuela de hoy: incluso después de Maduro, el país sigue mirando hacia un “salvador” cuya palabra no puede cuestionarse, como si una persona fuera dueña de la verdad. Seguimos en búsqueda de ese mesías, no solo a nivel nacional sino también en las regiones, donde a veces se elige a líderes sin preparación, pero el sentimiento de heroísmo ciega la percepción sobre lo que realmente representan. Dar poder absoluto a una persona genera altas probabilidades de autoritarismo. El salvador promete, con un populismo absurdo que no lleva a nada, porque en el fondo sabe que miente y solo dice lo que los demás quieren oír. Pareciera que, como sociedad, no aprendemos. Seguimos pensando en un líder y no en ideas ni en proyectos para el país. El asunto no se resuelve simplemente renovando el liderazgo o cambiando a los mayores por jóvenes, porque también hay “dinosaurios pequeños”, sino identificando quiénes tienen ideas, valores y propuestas alineadas con lo que Venezuela realmente necesita. No se trata de escuchar lo que a veces queremos, sino lo que la sociedad requiere. Un claro ejemplo de cómo las ideas perduran y construyen naciones es Estados Unidos, fundada precisamente para limitar al caudillo, estableciendo separación de poderes, protección del individuo, un sistema de equilibrios y, como norma moral, poner siempre a la nación por encima de las aspiraciones personales. Las personas pasan, pero las ideas permanecen. Es hora de dejar de buscar un salvador y empezar a seguir ideas, pensando en la posibilidad real de hacer grande a Venezuela por primera vez. @EmaFigueroaC |
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