| El encerrona y la sensatez |
| Escrito por Ricardo Ciliberto Bustillos |
| Lunes, 25 de Mayo de 2026 00:00 |
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Muchos confunden la audacia o la temeridad con algo tan importante como lo es la sensatez y la discreción. Nuestra democracia, por allá a finales del 80 y en todo el decenio siguiente, perdió la brújula de la moderación, confundiéndola con complicidad. El escándalo, el amarillismo y el denigrar de la dirigencia política estaba a la orden del día. Se pensaba, incluso, que se lograba más aplauso en la opinión pública, cuanto más se aparecía en las plataformas mediáticas, desacreditando o difamando de los políticos y sus organizaciones. AD y Copei, partidos históricos y soportes del sistema, cayeron en la trampa de algunos izquierdosos radicales y de importantes medios de comunicación. Muchos creyeron que alzar la voz contra estas organizaciones y sus directivos daba réditos, prestigio y perfiles de liderazgo. Cuán equivocados estaban. La historia se encargó de hacerlos aterrizar, aunque fuera demasiado tarde. Nuestro querido amigo Héctor Alonso López, dirigente fundamental de la otrora Acción Democrática, publicó un artículo que lleva por título “La Encerrona” en el que, con mucho pesar, “La Encerrona”, como bien encabeza el artículo de marras, fue un paso más dentro una confabulación que se armó desde el mismo febrero de 1989, al asumir CAP la presidencia de la Las campañas sucias de lado y lado, tanto en AD como en Copei, generaron - como era de esperarse - desaprobación y menosprecio hacia estos partidos. La designación (más no La victoria electoral de Hugo Chávez en 1998 fue la consecuencia más directa y diáfana de todos estos yerros y locuras. A Carlos Andrés Pérez se la juraron desde el principio. Basta recordar la designación, como fiscal general de la República, a una persona en nada afecta a este; la ampliación de los “La Encerrona” a la que se refiere Héctor Alonso López, nos enseña, de forma muy pedagógica, como los exabruptos y personalismos causaron tanto daño a la ya golpeada democracia que, aun hoy, todavía lidiamos con sus secuelas y fatalidades. Un artículo diáfano y de una vigencia extraordinaria. De una vez por todas aprendamos que, en política, parafraseando a Gonzalo Barrios, la sensatez y la prudencia reclaman su puesto en la mesa de la democracia.
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