La naturaleza no da saltos
Escrito por Ricardo Ciliberto Bustillos   
Lunes, 30 de Marzo de 2026 00:00

altDespués del 3 de enero, para algunos, hay una especial sensación de que todo ha ido cambiando favorablemente.

Para otros, los más, todo sigue igual e incluso, con cierta propensión a empeorar. Es cierto que las fauces de la inflación continúan destrozando los bolsillos de los venezolanos, además que las anheladas transformaciones políticas, no se han podido concretar con la velocidad o prontitud deseadas.

Pero es que recuperar la democracia no es una “revolución”. Se trata, si lo pensamos bien, de restituir paso a paso y con bases sólidas, un sistema político que nos fuera arrebatado, quizás
hasta por nuestra propia indolencia o gigantesca despreocupación.

Ahora, insistimos en ello, las cosas hay que hacerlas bien, con mucho tino, con destreza quirúrgica, si cabe el término, tomando en consideración las realidades de estos tiempos y, sobre todo, administrando los avances con mucha inteligencia, igual que las impostergables conquistas.

Hay una “comprensible” desesperación por salir de todo este andamiaje dominante. No obstante, seguimos convencidos que, para sustituirlo, hace falta madurar las innumerables propuestas, desechar el vocerío que muchas veces raya en lo irresponsable y por supuesto, dejar a un lado esa manía por querer hacer las cosas con tal rapidez que no se repara en sus
resultados y eficiencia.

Hay una necesidad inaplazable de liberar a todos los presos políticos. De otro lado, no puede haber democracia sin el respeto a los derechos de pensamiento, reunión, participación, tránsito, opinión, etc. Unas elecciones presidenciales a la carrera no resuelven el problema. Ayudan, pero no solucionan lo que verdaderamente aspiramos y en lo que no debemos perder el foco. Para ello, será necesario recorrer un largo y complejo camino, sin extraviar el rumbo ni distraernos en cuestiones ligeras, ocasionales y – hasta a veces- innecesarias.

Hay que buscar el modo para relegitimar, por ejemplo, todos los cargos de elección popular. Lograr esta meta requiere de amplios acuerdos, restablecer la credibilidad en el sistema
electoral, el apoyo decidido e institucional de la Fuerza Armada y “desinfectar” el Registro Electoral Permanente, entre otras cosas. Más adelante, otro gran consenso será necesario para
acometer una profunda reforma constitucional que, de paso, nos devuelva el nombre de República de Venezuela que teníamos en la constitución de 1961 (y desde1953); el congreso
bicameral, la reducción del período presidencial, la NO relección inmediata, la aprobación por parte del Poder Legislativo del nombramiento del vicepresidente de la República, alcanzar una verdadera descentralización y tantas otras que son necesarias a la hora de aprobar un nuevo o reformado Texto Fundamental.

No hay que apurarse. Las cosas hay que hacerlas bien. De aquel apremio por enterrar el gomecismo y el militarismo, vino el 18 de octubre de 1945 y por estar empeñados en montar una
democracia a troche y moche olvidando algunas limitantes, sucedió el derrumbe de este encomiable proceso el 24 de noviembre de 1948. La historia enseña y sus lecciones son ejemplos vivientes.

Nos esperan largas, complicadas, pero también espectaculares jornadas. Parir una Venezuela democrática no se hace de la noche a la mañana. Desmontar 26 años se dice fácil. No podemos equivocarnos. Cuidado con aquellos que andan por allí hablando de candidaturas y aspiraciones fuera de lugar y tiempo. La naturaleza no da saltos. Todo tiene su momento.

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