Además de la amnistía
Escrito por Ramón Guillermo Aveledo | @aveledounidad   
Miércoles, 25 de Febrero de 2026 00:00

altDiscursos e iniciativas de la Presidenta interina, palabras del Presidente de la Asamblea desde su reelección, mensajes masivos en los celulares,

nos dicen de unión, de superar las diferencias, de perdón y reconciliación. El 23 de enero se anunció un Programa Nacional para la Paz y la Convivencia Democrática que incluye un “arqueo del odio” en nuestro país.

Decido creerles, les tomo la palabra y procedo a contribuir. La convivencia democrática es plural.  La Constitución no es perfecta, ninguna lo es, pero ofrece un buen marco para que todos podamos convivir en paz, libertad y oportunidades de progreso. Eso sí, hay que cumplirla.

Concluyó el trámite de la Ley de Amnistía con un texto imperfecto, pero mucho mejor que el proyecto inicial. La minoría parlamentaria opositora hizo su trabajo, la sociedad civil también. Veamos su aplicación en la vida real, para valorar la sinceridad de los compromisos proclamados.

Una buena ley de amnistía, sin trucos ni segundas intenciones es un paso importante en dirección a la efectiva vigencia de la Constitución que implica compromisos mutuos. Compromisos del poder, como es lógico. Y también por parte de quienes creemos que esta manera de ejercerlo es dañosa para el país y la causa principal de la situación en la que hemos desembocado. Sobre esto hay diferencias lo sé, pero asumo como verdadera la promesa de convivir por encima de nuestras diferencias.

La amnistía, positiva, necesaria, dista de ser suficiente si, entre los cambios para avanzar, no se incluye la derogación de normas que son espadas de Damocles sobre toda cabeza pensante y amenazas de recaída represiva. Mejor es salir de eso por “líbranos Señor de la tentación”.

Ahí recurro a la interesante propuesta presidencial del “arqueo del odio”. Arqueo en su significado contable o bibliográfico, que tiene que ver con inventario. Propongo comenzar por un arqueo legislativo. Liberar al país de normas que permiten que la discrecionalidad convierta en delito opiniones y actividades amparadas por el artículo 2 constitucional que pauta “la preeminencia de los derechos humanos, la ética y el pluralismo político”. Leyes, inspiradas en aquel proyecto no nato abortado en primera discusión, así sería de peligroso, de “Ley contra el fascismo, neofascismo y expresiones similares”, como la llamada ley “contra el Odio, por la Convivencia Pacífica y la Tolerancia”, la ley “Simón Bolívar” o la de ONGs.

La estabilidad no es apertura económica con autoritarismo político más o menos tolerante. Esa tranquilidad siempre será precaria, frágil por escasez de credibilidad. Recuperar la libertad de expresión del 57 y el 58 constitucionales es esencial para este “nuevo momento” que se va abriendo. Libertad para informarse e informar, opinar, pero también organizarse con fines lícitos para participar en la vida social.

Y un detalle, para nada menor. Todas las señales oficiales de aquí y de Washington indican una normalidad en las relaciones con los Estados Unidos, me parece incluso que cordial. En ese contexto ¿Qué sentido tiene mantener el Decreto de Conmoción Exterior?   

 


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