De la realidad y la impaciencia
Escrito por Ricardo Ciliberto Bustillos   
Lunes, 05 de Enero de 2026 00:00

altSe sabe que en política “querer no es poder”.

Muchas veces lo que aspiramos, pretendemos e incluso soñamos, no tienen asidero en la práctica, al menos de manera inmediata. Los grandes estadistas y dirigentes se empinan ante esta realidad y buscan, denodadamente, aproximaciones y avances que permitan siquiera alcanzar importantes metas. En este sentido, la democracia, es precisamente eso: el afán permanente por construir una genuina sociedad de ciudadanos, pero que, para lograrla, no hay otra fórmula o camino que ir paso a paso, conquista tras conquista.

Mucho nos costó a los venezolanos el sistema implantado en 1958. Desde los días de la independencia, pasando por Angostura, la desintegración de Colombia hasta 1945, año en el que hubo un serio intento por establecerla definitivamente, la democracia siempre nos ha sido esquiva, difícil, cuando no exenta de menosprecio y deslealtades.

El sistema de partidos y el llamado “Pacto de Puntofijo”, este último tan vapuleado por aquellos que denigran o ignoran sus beneficios, tuvieron su punto de inflexión en mayo de 1993, con la separación de la presidencia de la República de Carlos Andrés Pérez y su posterior enjuiciamiento. La “epidemia política” caracterizada por posiciones exageradamente antagónicas y por descaradas conductas subalternas, ocasionaron que en 1999 se implantara un régimen totalmente distinto del que veníamos transitando.

La esperanza de todos los venezolanos de forjar, a pesar de las adversidades, una moderna democracia continúa más vigente que nunca.

Los recientes acontecimientos deben llamarnos a la reflexión. La desesperación o el intentar borrar de la noche a la mañana todo un andamiaje que – por cierto - tiene muchos años, no es nada conveniente y mucho menos factible.

Recuerdo que, a mediados de 1988 en medio de la campaña electoral del entonces candidato Carlos Andrés Pérez regresando de un acto, dirigiéndose a mí y como sano consejo me hizo alusión a unas palabras que le había expresado a Felipe González en plena transición española: “El cementerio de los políticos está lleno de impacientes”. (Quizás Pérez no siguió su propia recomendación). A estas alturas, las retomo en toda su extensión y valor. La impaciencia, el considerar que los procesos y transiciones pueden darse de la noche a la mañana; el creer a ciegas que esa funesta matemática de que en política dos y dos también son cuatro y, finalmente, el que la historia puede estar divorciada de las realidades, nos puede llevar por un atajo nada conveniente y por demás equivocado.

Las transiciones toman su tiempo si de verdad queremos pasar de un estado de cosas a otras. Como aprendimos de la Biblia hasta Dios se tomó siete días para crear la tierra y el hombre.

Ojo con las desesperaciones.

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