| Del eficaz anacronismo urbano |
| Escrito por Luis Barragán | X: @luisbarraganj |
| Lunes, 06 de Octubre de 2025 00:00 |
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Y, considerado el diseño característico de los rusos, nada sorpresivo y original en esta ocasión, cierta y favorablemente contrasta con un paisaje que ha mutado demasiado hasta perder su identidad nuestro rincón caraqueño. Ondea libremente la bandera roja con la hoz y el martillo, un símbolo bolchevique, eminentemente leninista, creado y universalizado tras la revolución de 1917. E, interrogada la IA, corrobora y completa nuestra convicción en torno al doble anacronismo, psicológico e histórico, que la Rusia de Putin emplea para exaltar el patriotismo, el espíritu militar y el triunfo en la citada guerra, subrayando nada más y nada menos que la continuidad histórica del país, y propagandizando la potencia militar que indudablemente es. Luego, es un anacronismo selectivo reminiscente, emotivo y de un conveniente uso político que no necesariamente se equipara a carácter comunista alguno del régimen predominante en Rusia, pero si habla de sus grandezas. Y, en otro sentido, es un anacronismo interesado para el gobierno venezolano que promovió, entendemos, la construcción de la plaza en cuestión, y, tanto, que podría decirse de un símbolo postrero del triunfo histórico que logró sobre el puntofijismo y, más concretamente, frente al betancurismo que se vio forzado a frenar la subversión fidelista de los años sesenta en adelante del anterior siglo. Retrotraídos a la Venezuela no pocas décadas atrás, seguramente fue difícil enarbolar la bandera bolchevique excepto en la Universidad Central de Venezuela, territorio exclusivo de la insurrección. Ahora, es posible pero despojada de muchas significaciones históricas y con un definido propósito utilitario en la actualidad. Diríamos que, en propiedad, de cara a la Venezuela de antes, es un tributo a quienes defendieron y promovieron el ideario marxista-leninista a contracorriente, añadidas las nada escasas ni silentes divisiones del Partido Comunista ahora intervenido. E, incluso, devotos al ideario, vieron colapsar a la Unión Soviética como jamás lo hubiesen imaginado.
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