Desde la fatal arrogancia al "Momento Minsky" en Venezuela
Escrito por Douglas C. Ramírez Vera | @AccHumGremial   
Lunes, 12 de Enero de 2026 00:00

altLa tragedia de Venezuela es el testimonio de que una nación puede ahogarse en un océano de petróleo si el Estado decide que el mercado no necesita brújula ni los ciudadanos propiedad.

Demostrando que el colapso no comenzó con una revolución en las calles, sino con el decreto que pretendió que la moneda y los precios fijados por esa moneda fuera un mandato y no un reflejo de la realidad del mercado. Lo que el país vivió como un milagro rentista no fue una balsa, sino una burbuja: el largo silencio que precede al inevitable “Momento Minsky” en el que la fragilidad financiera finalmente pasa factura. En última instancia, Venezuela es el laboratorio donde la ciencia económica confirmó que ninguna reserva de crudo puede salvar a un pueblo de la 'fatal arrogancia' de sus gobernantes, pues la realidad siempre tiene la última palabra sobre el dogma.

El mito de la tragedia impredecible

La caída de Venezuela suele narrarse como un giro del destino o el resultado de factores externos. Sin embargo, un análisis riguroso demuestra que lo ocurrido fue una consecuencia lógica de leyes económicas, violadas sistemáticamente durante ocho décadas. Desde la creación del Banco Central en 1939 hasta el colapso hiperinflacionario actual y la crisis económica, Venezuela ha sido el escenario de un experimento masivo de intervencionismo. Al combinar la crítica de Friedrich Hayek a la planificación, el análisis del cálculo económico de Ludwig von Mises y la Hipótesis de Inestabilidad Financiera de Hyman Minsky, descubrimos que el colapso fue una "muerte anunciada" por la erosión de las instituciones de mercado y la dependencia de una renta volátil que enmascaró una fragilidad creciente.

I. El pecado original: centralización y el fin de la libertad monetaria (1939-1940)

Para entender el colapso, debemos retroceder a 1939. Antes de la fundación del Banco Central de Venezuela (BCV), el país operaba bajo un sistema de libre circulación monetaria y competencia entre bancos emisores. El valor del dinero no era un decreto, sino el resultado de la interacción voluntaria y el respaldo real. La creación del BCV marcó el inicio del monopolio estatal sobre la moneda, sustituyendo el orden espontáneo por la planificación central.

Esta transición eliminó la señal más importante de una economía: el precio del dinero determinado por el mercado. Al otorgar al Estado el poder de formular la política monetaria y controlar las divisas, se sentaron las bases para lo que Hayek llamó "la fatal arrogancia": la pretensión de que un pequeño grupo de expertos en una oficina central posee el conocimiento suficiente para fijar el valor de la moneda y dirigir el crédito mejor que millones de individuos interactuando libremente.

II. El debate Adriani-Lecuna: la institucionalización del rentismo

En la década de 1930, Venezuela enfrentó su dilema económico más crítico. Alberto Adriani advertía sobre los peligros de una economía monoproductora y defendía un tipo de cambio que reflejara la productividad real para promover las exportaciones agrícolas (como el café y el cacao) e industrializar el sector agrícola para la exportación. Por el contrario, Vicente Lecuna abogaba por un bolívar fuerte y valorado, respaldado por la renta petrolera, que abaratara las importaciones de productos y permitiera un mayor nivel de bienestar a la sociedad venezolana.

La victoria de la postura de Lecuna consolida la estructura del BCV con un tipo de cambio sobrevaluado. Esto dio la entrada a la "Enfermedad Holandesa". Al mantener un tipo de cambio artificialmente alto, Venezuela abarató las importaciones y castigó la producción nacional. El petróleo, cuya renta permitía absorber los costos de una moneda sobrevaluada, se convirtió en el principal motor económico. El país dejó de diversificar su producción para "extraer" petróleo y otros recursos naturales, iniciando una dependencia simbiótica entre el Estado y el subsuelo que erosionó la cultura del ahorro y el esfuerzo productivo.

III. Mises y la ceguera del cálculo económico

Si el BCV centralizó la moneda en 1939, el chavismo en el siglo XXI radicalizó este proceso rentista al mutar el rentismo populista centralizando la producción entera; este rentismo venía acompañado con la instauración de un autoritarismo competitivo. Cuando se inició la expropiación sistemática de los medios de producción, se chocó frontalmente con el teorema de Ludwig von Mises sobre la imposibilidad del cálculo económico en el socialismo.

Mises demostró que sin propiedad privada no hay precios de mercado, y sin precios es imposible asignar recursos de manera eficiente. En Venezuela, PDVSA dejó de ser una empresa para convertirse en un apéndice de gasto político. Los precios de los alimentos, fijados por debajo del costo de producción, causaron escasez inmediata, porque las importaciones estatales subsidiadas por los tipos de cambio preferenciales y el acceso a las divisas, para el gobierno o los socios, continuaban generando una mayor distorsión de las señales de precios. El intento de sustituir la coordinación espontánea por decretos gubernamentales llevó a una ceguera económica total, donde el despilfarro de capital se convirtió en la norma institucionalizada.

IV. La fragilidad de Minsky: la Ilusión del iuge (2004-2014)

Es aquí donde la teoría de Hyman Minsky aporta una claridad sobre el colapso de la última década. Su Hipótesis de Inestabilidad Financiera postula que "la estabilidad es desestabilizadora". Durante los booms petroleros (tanto con CAP1 y Chávez), Venezuela experimentó períodos de calma aparente y entradas masivas de divisas que alimentaron una complacencia suicida.

Siguiendo las etapas de financiación de Minsky, observamos la progresión de la fragilidad venezolana de las ultimas décadas:

  1. Hedge Financing (Cobertura): Al inicio del boom, los ingresos cubrían el gasto. Sin embargo, la confianza ciega en que los precios del petróleo nunca caerían llevó al Estado a expandir compromisos burocráticos insostenibles.
  2. Speculative Financing (Especulativa): El gobierno comenzó a endeudarse masivamente. Los flujos de efectivo de PDVSA ya no cubrían el capital de la deuda, solo los intereses. Se dependía de la refinanciación constante en los mercados internacionales.
  3. Ponzi Financing (Ponzi): En la fase final, el Estado venezolano entró en una dinámica de “Ponzi Game”. Los flujos no cubrían ni intereses ni el principal. Solo se podía mantener el gasto mediante la entrada de nuevos préstamos de aliados geopolíticos o, fatalmente, mediante la emisión monetaria desenfrenada del BCV.

V. El "Momento Minsky" y el colapso rentista

El "Momento Minsky" ocurrió cuando el precio del petróleo cayó en el segundo boom petrolero en 2014. La deuda se volvió impagable y la ilusión de riqueza se evaporó. En una economía de mercado, este punto de inflexión se vio forzado una liquidación de malas inversiones. Pero en el sistema venezolano, los controles de precios y de cambio de la última década impidieron cualquier ajuste natural.

El colapso de las últimas décadas es el resultado de llevar las prácticas rentistas a su límite físico:

  • Hiperinflación: El BCV abandonó su función de "estabilidad" para convertirse en la imprenta personal del Ejecutivo, destruyendo el bolívar para cubrir el hueco dejado por la renta petrolera.
  • Consumo de Capital: Venezuela dejó de invertir en su infraestructura. El colapso eléctrico y petrolero actual es la consecuencia de décadas de usar el capital de mantenimiento para financiar el consumo político (práctica típica de la financiación Ponzi).
  • Desarticulación Social: La desintegración de la división del trabajo obligó a millones de venezolanos a emigrar, llevándose el capital humano necesario para cualquier intento de recuperación.

VI. El fracaso del modelo de control

El colapso de la última década no fue causado por "una caída de los precios del petróleo", ni por “las sanciones del imperio”, sino por una estructura económica que, desde 1939, fue diseñada para ser frágil. La centralización monetaria eliminó las defensas del país; el rentismo petrolero financió la ilusión de éxito; y la fatal arrogancia de querer planificar cada precio y cada transacción terminó por destruir el tejido productivo.

Venezuela pasó de ser un país con libre competencia de monedas a uno con una moneda destruida; de una agricultura exportadora a la dependencia absoluta de la importación (agricultura de puertos); y de una sociedad de progreso a una economía de subsistencia. Este proceso valida tanto la advertencia de Hayek sobre el control estatal como la descripción de Minsky sobre cómo se gestan las crisis en la complacencia.

VII. Lecciones

La tragedia de Venezuela es la verificación empírica de que no existen atajos hacia la prosperidad. La estabilidad ganada mediante la manipulación del tipo de cambio y la expansión monetaria para financiar el déficit fiscal es una bomba de tiempo. La fragilidad financiera es inevitable cuando el Estado intenta suprimir el mercado y el riesgo.

La reconstrucción de la nación requerirá mucho más que un cambio de gobierno; exigirá el desmantelamiento de la estructura iniciada hace 80 años. El retorno a la propiedad privada, la libertad de moneda y el fin de la arrogancia de la planificación central son los únicos caminos para salir del abismo. La ciencia económica ya había advertido este resultado; la tragedia venezolana es el recordatorio más costoso de la historia de que las leyes de la acción humana no se pueden derogar por decreto.

Las lecciones económicas de la crisis venezolana se pueden resumir en las siguientes proposiciones

1. La Lección de Mises: la imposibilidad de la planificación

  • El precio es información: La lección más dolorosa es que cuando un gobierno destruye el sistema de precios (mediante controles de precios y expropiaciones), destruye la brújula de la economía.
  • El cálculo económico: Sin propiedad privada de los medios de producción, los administradores venezolanos operaron "a ciegas". La escasez y el desabastecimiento no fueron mala suerte, sino la consecuencia lógica de intentar sustituir millones de decisiones individuales por la “matriz” de un solo plan estatal.

2. La Lección de Hayek: El peligro de la "Fatal Arrogancia"

  • La dispersión del conocimiento: El colapso del Banco Central (BCV) demuestra que ningún comité de expertos puede determinar el "valor justo" de una moneda o el "tipo de cambio ideal" mejor que el mercado.
  • El orden espontáneo vs. el diseño central: Venezuela intentó diseñar una sociedad desde arriba hacia abajo. La lección es que la civilización y la prosperidad dependen de leyes generales y respeto a la propiedad, no de la voluntad discrecional de un líder o una institución centralizada.

3. La Lección de Minsky: La fragilidad oculta en la estabilidad

  • La paradoja de la calma: Los años de precios petroleros crecientes (1998-2008) y luego de su eventual caída (2008-2014) no fueron señal de salud, sino de una acumulación de riesgos. La estabilidad aparente fomentó un endeudamiento irresponsable y una complacencia que Minsky denomina "estabilidad desestabilizadora".
  • El esquema Ponzi estatal: Venezuela cayó en la fase más peligrosa de la pirámide de Minsky: el "Financiamiento Ponzi". En donde el Estado emitía deuda y dinero nuevo solo para pagar intereses de deudas anteriores, hasta que el sistema inevitablemente estalló al caer los ingresos externos y detenerse la capacidad de endeudamiento internacional, por morosidad.

4. La Lección del Rentismo y la Enfermedad Holandesa

  • El subsidio a la importación es un castigo a la producción: El debate Adriani-Lecuna dejó claro que un tipo de cambio artificialmente fuerte (sostenido por recursos naturales) destruye el aparato productivo interno.
  • La trampa del ingreso único: La dependencia absoluta de la renta petrolera hizo que la economía no tuviera "músculos" productivos propios. Al desaparecer la renta, no quedó nada más que un cascarón vacío de controles e instituciones ineficientes.

5. La Lección Monetaria: La inflación como fin de la libertad

  • El monopolio de la moneda: La creación del BCV en 1939 fue el primer paso hacia la pérdida de soberanía individual. Una vez que el Estado tiene el monopolio de la emisión, la tentación de utilizar la inflación como impuesto oculto para financiar el déficit se vuelve irresistible, terminando siempre en la destrucción del ahorro y la ética del trabajo.

La mayor lección que Venezuela deja al mundo es que la prosperidad es frágil y las leyes económicas son inmutables. No importa cuánta riqueza natural tenga un país; si se violan: el derecho de propiedad, la libertad de precios y la estabilidad monetaria, el camino hacia la servidumbre y la miseria es inevitable. La tragedia venezolana es un recordatorio de que la economía no es una herramienta de ingeniería social para políticos, sino el estudio de la acción humana libre.

 


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